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Caos, insultos y demoras: falló la función de “Homo Argentum” en cine platense y el público estalló

Espectadores esperaron más de una hora por una función que nunca comenzó en la sala platense. Pantallas defectuosas y riesgo de derrumbe completaron el panorama de deterioro.

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El Argentino Diario-Cine San Martín, La Plata, Homo Argentum, Guillermo Francella, infraestructura, crisis, entretenimiento, Cinema City.

Los espectadores que se acercaron este fin de semana al Cine San Martín de La Plata para ver «Homo Argentum», la polémica película protagonizada por Guillermo Francella, vivieron una experiencia que terminó en insultos, gritos y pedidos de reembolso. La función de la Sala 1, ubicada en 7 entre 50 y 51, nunca llegó a comenzar tras más de una hora de espera y problemas técnicos que evidenciaron el estado crítico de las instalaciones.

Según se observa en videos que circularon en redes sociales, los asistentes expresaron su bronca contra la administración del cine mientras las pantallas se apagaban intermitentemente y mostraban fallas constantes. «¡Queremos ver la película!», se escucha gritar a varios espectadores en las imágenes que documentaron el incidente.

Infraestructura en crisis

El mal funcionamiento de los equipos de proyección no fue el único problema que enfrentaron los espectadores. Según testimonios recogidos en el lugar, el estado general de la sala presenta signos preocupantes de deterioro, con sectores del techo que muestran riesgo potencial de derrumbe.

Esta situación no es nueva para la cadena de cines. Hace algunos meses, el Cine 8 de la misma empresa sufrió un derrumbe parcial en una de sus salas que derivó en la hospitalización de dos personas. Como compensación, los propietarios ofrecieron entradas gratuitas durante un año completo a los afectados.

Traslado y reembolsos

Ante la imposibilidad de solucionar los problemas técnicos, la administración decidió trasladar a los espectadores al Cinema City. Sin embargo, las demoras acumuladas llevaron a que varios asistentes optaran por solicitar la devolución del dinero de sus entradas, que habían costado 7.500 pesos cada una.

La película «Homo Argentum» se encuentra entre las más vistas de la semana en las salas argentinas, lo que había generado gran expectativa entre quienes eligieron el Cine San Martín para disfrutar del film de Francella.

Un espejo del país

El episodio del Cine San Martín parece reflejar una realidad más amplia que atraviesa distintos sectores de la economía argentina. La falta de inversión en mantenimiento de infraestructura, combinada con el deterioro general de servicios que antes funcionaban correctamente, plantea interrogantes sobre las prioridades en un contexto de ajuste económico.

Los espectadores platenses que vivieron esta experiencia frustrante se sumaron, sin saberlo, a un retrato involuntario de un país donde los servicios básicos muestran grietas cada vez más evidentes.

Puntos clave:

  • Más de una hora de espera sin función en el Cine San Martín de La Plata
  • Pantallas defectuosas y riesgo de derrumbe en las instalaciones
  • Espectadores trasladados a otro cine, algunos pidieron reembolso
  • Antecedente de derrumbe en Cine 8 con dos hospitalizados
  • Entradas a 7.500 pesos para ver «Homo Argentum»

Cultura

Sadin alertó en Buenos Aires: la IA es una “nueva forma de muerte”

El filósofo francés presentó su libro El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero y advirtió que la inteligencia artificial generativa expulsa al otro y desposee de capacidades a las personas. Sobre Javier Milei, afirmó que “el presidente entendió todo” y pidió prohibir esta tecnología en las escuelas.

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El Argentino Diario-Cerebro-Inteligencia Artificial-Sol-Luz.

“No podés ser anticapitalista y usar ChatGPT, hay una contradicción”. La frase, lanzada ante un teatro porteño, resume el tono de la advertencia del filósofo francés Éric Sadin sobre la inteligencia artificial generativa: una tecnología que, según planteó, desposee a las personas de sus capacidades y expulsa al otro de la vida cotidiana.

Sadin, escritor y pensador reconocido por su mirada tecnocrítica, presentó el miércoles en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires, su nuevo libro El desierto de nosotros mismos. El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial, publicado en español por Caja Negra Editora. El “desierto” del título es la desposesión de nuestros dones, de nuestras capacidades y de aquello que nos hace singulares. La editorial ya había publicado en el país otros títulos del autor, como La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2020) y La era del individuo tirano (2022).

La “antiargentinidad” y la expulsión del otro

El filósofo dedicó un tramo de su exposición a la cultura local. Sostuvo que “la Argentina es pasional, con un interés por el otro, por los miembros de la familia” y que esa pasión es “la calidad primera” del país. Lo planteó para explicar un fenómeno global que describió como “la evacuación del otro, la expulsión del otro”. Y le puso nombre: “La antiargentinidad es lo que se está produciendo en el mundo entero: el otro queda aparte”.

El planteo conecta con uno de los ejes del libro: un mundo que nos excluye, donde cada vez parece haber menos lugar para trabajar con otros mientras avanza la inteligencia artificial.

Las máquinas como “nueva forma de muerte”

La definición más dura llegó al hablar de las herramientas que producen texto. “Las máquinas que producen texto son una nueva forma de muerte, nos está rodeando y es un lenguaje tanatológico, que es el lenguaje de la muerte”, afirmó Sadin. Después interpeló al público con una pregunta: “¿Hay más muerte que la muerte?”. La sala, según el relato de la presentación, respondió con silencio.

El filósofo advirtió además sobre la manipulación de imágenes. “En un chasquido uno puede producir una imagen y crear manipulación”, dijo, y ejemplificó con un conflicto entre vecinos: se puede generar la imagen de alguien golpeando a otra persona. Para Sadin, “no hay más límites, hay un entorno que favorece la violencia”.

Recordó el caso de la fotografía falsa del papa Francisco con una campera: aunque se sabía que la imagen no era real, el episodio mostró la dificultad creciente para distinguir lo verdadero de lo falso. “No comprender si determinadas imágenes son reales o no, constituye un principio de una forma de sordera social”, sostuvo.

“Juez y parte”: la crítica a quienes diseñan la IA

Sadin cuestionó a quienes crean los sistemas de inteligencia artificial y a quienes los consultan como si fueran una autoridad. “Veo una infantilización del ser humano”, dijo, y planteó que se les pregunta a los diseñadores qué están haciendo “como si fuéramos niños”, cuando “ellos no son los que saben”. “Es hora de dejar de oír a quien es juez y parte”, afirmó, y aclaró que defiende “principios, no intereses”.

Rechazó el término “tecnofascismo” para describir el fenómeno y sostuvo que lo que está en juego es una “coalición de intereses”. Su llamado fue directo: “Contra los cínicos hay que movilizarse”.

Milei, la escuela y el “capitalismo asomático”

Sadin vinculó su lectura del presente con el gobierno de Javier Milei. “El presidente entendió todo”, afirmó. Según planteó, el mandatario no necesita de los argentinos y representa un Estado antagónico a la participación de la sociedad. La definición se suma a las miradas críticas sobre el proyecto libertario, aunque el filósofo la formuló en clave filosófica y dentro de una lectura global del avance tecnológico.

En el terreno educativo fue categórico: “Tendríamos que haber prohibido la IA generativa en la escuela porque estamos dejando que los niños se conviertan en personas que no saben escribir ni hablar en nombre propio”.

En el libro, Sadin describe un proceso de desposesión de nuestras capacidades que lleva dos siglos en marcha y que las IA generativas profundizan. Lo vincula con un “capitalismo asomático”, un sistema que busca “librarse de la presencia”, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. El autor advierte que la automatización del mundo podría ser total y que el vaciamiento del otro no sería repentino ni espectacular, sino mediante “pequeños toques”, casi silenciosos, que harían desaparecer prácticas ligadas a la “creatividad”, la “curiosidad por los demás” y la “potencia de alegría”.

El libro también recupera una anécdota del director japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Ante sus alumnos, Miyazaki habría dicho que nunca querrá incorporar esta tecnología a su trabajo y que la considera “un insulto a la vida misma”. Frente a ese escenario, la propuesta de Sadin es defender lo que nos hace humanos: la singularidad, los cuerpos, la capacidad de actuar y también el alma.

Lo que tenés que saber:

  • Éric Sadin presentó El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires.
  • Afirmó que las máquinas que producen texto son “una nueva forma de muerte”.
  • Dijo que “el presidente entendió todo” al referirse a Javier Milei.
  • Sostuvo que habría que haber prohibido la IA generativa en las escuelas.
  • Sobre el libro, advirtió que el “capitalismo asomático” busca librarse de la presencia de cuerpos y mentes.
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