Espectáculos 🎭
Ricardo Darín respondió a Julio Chávez tras sus dichos: “Yo lo conozco hace 50 años”
Ambos actores evitaron una confrontación directa, pero las declaraciones dejan expuesta una rivalidad latente.
La tensión entre dos pesos pesados de la actuación argentina sumó un nuevo capítulo. Ricardo Darín respondió públicamente a Julio Chávez, quien días atrás lo mencionó en una entrevista con una mezcla de elogio, ironía y viejas heridas no cerradas. “No sé qué le pasó”, declaró Darín al ser consultado por el cruce, y remarcó que lo conoce “hace 50 años”.
“Tiene cierto tufillo a ironía”
El protagonista de El Eternauta dialogó con el programa Intrusos y trató de desactivar el conflicto, aunque no ocultó su desconcierto por los dichos de Chávez. “Escuché lo que dijo, tiene cierto tufillo, cierta ironía, pero no se lo puede acusar de que sea despectivo porque es un halago”, reconoció. Aun así, se mostró perplejo ante la afirmación de Chávez de que “no lo conocía”: “Es raro que diga ‘no lo conozco’. Yo lo conozco hace 50 años, me acuerdo bien de él”.
Darín rechazó también cualquier acusación de egocentrismo: “Jamás se me cruzaría decir que no por estar abajo en el cartel. El lugar lo pone la gente. No creo que quiera bajarme el precio, tampoco está en sus posibilidades. ¿Por qué me va a envidiar, si le va bárbaro?”.
El origen del cruce
La tensión se reavivó a raíz de dos declaraciones cruzadas. Por un lado, Darín opinó en una entrevista sobre cierto tipo de actuaciones extremas que priorizan la transformación física por encima de la narración: “No me interesa ver piolines de supuestas destrezas. Muchos creen que para actuar bien hay que subir 20 kilos, interpretar a un parapléjico o aparecer con una cicatriz enorme”.
La frase resonó justo cuando Julio Chávez promocionaba La Ballena, obra donde interpreta a un obeso mórbido, en un papel inspirado en el que le valió un Oscar a Brendan Fraser. Si bien no lo mencionó directamente, la coincidencia no pasó desapercibida.
Chávez, por su parte, respondió con una mezcla de admiración y distancia: “A Ricardo Darín, le envidio el talento para la sociabilidad. Es un gran conocedor. Es uno de los motivos por los que se ha expandido tanto”. Sin embargo, también remarcó: “No lo conozco. Solo cuando éramos muy chicos hicimos una telenovela. A mí me echaron por mal actor, y él empezó a armar una increíble carrera”.
La vieja herida de Relatos Salvajes
A raíz de la viralización de estos intercambios, resurgió una anécdota que muestra el trasfondo de una relación tensa. A Chávez le preguntaron por qué no participó de Relatos Salvajes, y su respuesta fue categórica: no quiso estar “abajo de Ricardo Darín en el cartel”. Finalmente, el personaje fue interpretado por Oscar Martínez.
Darín y el éxito de El Eternauta
En otro tramo de la entrevista, Ricardo Darín se mostró satisfecho con el impacto de la serie que protagoniza. “Superó las expectativas de todos”, aseguró, y destacó la recepción del público: “Todas maravillosas, lindísimas, mucha reacción amorosa”.
Aunque evitó profundizar en polémicas, el actor dejó entrever su incomodidad por los dichos de Chávez. “Ojalá sea de los que utilizan la ironía y la inteligencia social”, lanzó, cerrando con una frase que también puede leerse como una sutil devolución.
Cultura
Sadin alertó en Buenos Aires: la IA es una “nueva forma de muerte”
El filósofo francés presentó su libro El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero y advirtió que la inteligencia artificial generativa expulsa al otro y desposee de capacidades a las personas. Sobre Javier Milei, afirmó que “el presidente entendió todo” y pidió prohibir esta tecnología en las escuelas.
“No podés ser anticapitalista y usar ChatGPT, hay una contradicción”. La frase, lanzada ante un teatro porteño, resume el tono de la advertencia del filósofo francés Éric Sadin sobre la inteligencia artificial generativa: una tecnología que, según planteó, desposee a las personas de sus capacidades y expulsa al otro de la vida cotidiana.
Sadin, escritor y pensador reconocido por su mirada tecnocrítica, presentó el miércoles en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires, su nuevo libro El desierto de nosotros mismos. El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial, publicado en español por Caja Negra Editora. El “desierto” del título es la desposesión de nuestros dones, de nuestras capacidades y de aquello que nos hace singulares. La editorial ya había publicado en el país otros títulos del autor, como La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2020) y La era del individuo tirano (2022).
La “antiargentinidad” y la expulsión del otro
El filósofo dedicó un tramo de su exposición a la cultura local. Sostuvo que “la Argentina es pasional, con un interés por el otro, por los miembros de la familia” y que esa pasión es “la calidad primera” del país. Lo planteó para explicar un fenómeno global que describió como “la evacuación del otro, la expulsión del otro”. Y le puso nombre: “La antiargentinidad es lo que se está produciendo en el mundo entero: el otro queda aparte”.
El planteo conecta con uno de los ejes del libro: un mundo que nos excluye, donde cada vez parece haber menos lugar para trabajar con otros mientras avanza la inteligencia artificial.
Las máquinas como “nueva forma de muerte”
La definición más dura llegó al hablar de las herramientas que producen texto. “Las máquinas que producen texto son una nueva forma de muerte, nos está rodeando y es un lenguaje tanatológico, que es el lenguaje de la muerte”, afirmó Sadin. Después interpeló al público con una pregunta: “¿Hay más muerte que la muerte?”. La sala, según el relato de la presentación, respondió con silencio.
El filósofo advirtió además sobre la manipulación de imágenes. “En un chasquido uno puede producir una imagen y crear manipulación”, dijo, y ejemplificó con un conflicto entre vecinos: se puede generar la imagen de alguien golpeando a otra persona. Para Sadin, “no hay más límites, hay un entorno que favorece la violencia”.
Recordó el caso de la fotografía falsa del papa Francisco con una campera: aunque se sabía que la imagen no era real, el episodio mostró la dificultad creciente para distinguir lo verdadero de lo falso. “No comprender si determinadas imágenes son reales o no, constituye un principio de una forma de sordera social”, sostuvo.
“Juez y parte”: la crítica a quienes diseñan la IA
Sadin cuestionó a quienes crean los sistemas de inteligencia artificial y a quienes los consultan como si fueran una autoridad. “Veo una infantilización del ser humano”, dijo, y planteó que se les pregunta a los diseñadores qué están haciendo “como si fuéramos niños”, cuando “ellos no son los que saben”. “Es hora de dejar de oír a quien es juez y parte”, afirmó, y aclaró que defiende “principios, no intereses”.
Rechazó el término “tecnofascismo” para describir el fenómeno y sostuvo que lo que está en juego es una “coalición de intereses”. Su llamado fue directo: “Contra los cínicos hay que movilizarse”.
Milei, la escuela y el “capitalismo asomático”
Sadin vinculó su lectura del presente con el gobierno de Javier Milei. “El presidente entendió todo”, afirmó. Según planteó, el mandatario no necesita de los argentinos y representa un Estado antagónico a la participación de la sociedad. La definición se suma a las miradas críticas sobre el proyecto libertario, aunque el filósofo la formuló en clave filosófica y dentro de una lectura global del avance tecnológico.
En el terreno educativo fue categórico: “Tendríamos que haber prohibido la IA generativa en la escuela porque estamos dejando que los niños se conviertan en personas que no saben escribir ni hablar en nombre propio”.
En el libro, Sadin describe un proceso de desposesión de nuestras capacidades que lleva dos siglos en marcha y que las IA generativas profundizan. Lo vincula con un “capitalismo asomático”, un sistema que busca “librarse de la presencia”, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. El autor advierte que la automatización del mundo podría ser total y que el vaciamiento del otro no sería repentino ni espectacular, sino mediante “pequeños toques”, casi silenciosos, que harían desaparecer prácticas ligadas a la “creatividad”, la “curiosidad por los demás” y la “potencia de alegría”.
El libro también recupera una anécdota del director japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Ante sus alumnos, Miyazaki habría dicho que nunca querrá incorporar esta tecnología a su trabajo y que la considera “un insulto a la vida misma”. Frente a ese escenario, la propuesta de Sadin es defender lo que nos hace humanos: la singularidad, los cuerpos, la capacidad de actuar y también el alma.
Lo que tenés que saber:
- Éric Sadin presentó El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires.
- Afirmó que las máquinas que producen texto son “una nueva forma de muerte”.
- Dijo que “el presidente entendió todo” al referirse a Javier Milei.
- Sostuvo que habría que haber prohibido la IA generativa en las escuelas.
- Sobre el libro, advirtió que el “capitalismo asomático” busca librarse de la presencia de cuerpos y mentes.
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