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TDA: a 14 años de su creación y sus nuevos desafíos

El Sistema, al que luego llamamos de modo simplificado TDA (Televisión Digital Abierta), comprende a la totalidad de canales privados comerciales o sin fines de lucro, estatales en cualquiera de sus jurisdicciones.

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Hace 14 años, el 31 de agosto de 2009, Cristina Fernández de Kirchner creaba el Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre mediante el Decreto 1148.

El Sistema, al que luego llamamos de modo simplificado TDA (Televisión Digital Abierta), comprende a la totalidad de canales privados comerciales o sin fines de lucro, estatales en cualquiera de sus jurisdicciones, de personas de derecho público e indígenas, que operan en el espectro radioeléctrico con emisiones digitales en la norma ISDB-T.

También establecía 10 años de plazo para que todos los servicios migraran a transmisiones digitales.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522, sancionada un mes más tarde, estableció que los canales que estuvieran funcionando con licencias para servicios analógicos tendrían derecho a una reserva de espectro digital para cubrir la misma área de servicio.

Las emisoras públicas (TV Pública nacional y canales provinciales) también están alcanzadas por ese derecho. Y se estableció que podrían acceder al espectro digital necesario para instalar todas las repetidoras que necesitaran para cubrir el territorio de sus provincias.

Estas decisiones tienen otro basamento fundamental en el Decreto 1010/2010, que creó la Plataforma Nacional de Televisión Digital Terrestre, en cabeza de Arsat, y el Sistema Experimental de Televisión Abierta Digital, que funciona en los canales 22 al 25, y autorizó a que por él se transmitan «señales propias o de terceros».

Más adelante el Decreto 835/2011 autorizó a Arsat a prestar los servicios de transmisión de televisión terrestre a licenciatarios y autorizados para facilitar la «conversión tecnológica» y luego el Decreto 2456/2014 aprobó el Plan Nacional de Servicios de Comunicación Audiovisual Digitales que fijó las condiciones del despliegue de la Televisión Digital, la transición desde la analógica, los concursos y las cuestiones atinentes a las repetidoras.

Al día de hoy la mayor parte de los canales del país que tenían transmisiones analógicas se encuentra realizando transmisiones digitales, pero todavía muchos de ellos tienen dificultades para hacerlo. El encendido de los canales nativos digitales, que deberían haber expresado la potencia de la Ley 26.522 es otra deuda, ya tenemos algunos pero quedan otros por encender gracias a que se reactivaron los trámites de los concursos llamados en estos años. Y esto es consecuencia no solo de los costos de la inversión necesaria. En simultáneo se ha dado la emergencia de las plataformas digitales (audiovisuales y redes sociales) que disputan audiencia con ellos y uno de sus impactos visibles ha sido la reducción de audiencias en general y la migración de inversiones publicitarias hacia el mundo digital. Para que haya tiempo y una transición ordenada y dentro de la Ley, el Poder Ejecutivo prorrogó las obligaciones de encendido digital y apagado analógico, con fecha de finalización a mediados de 2025 para su última etapa.

Pese a la presencia creciente de plataformas y redes que le disputan la centralidad, en muchas comunidades la televisión sigue siendo la referencia principal para la construcción de sentido y la satisfacción de las necesidades de información. En otras, debe dar batalla. Con todo, en los eventos en vivo, en la transmisión de eventos de alto interés cómo el fútbol, sigue ocupando el centro del dispositivo cómo quedó en evidencia con los ratings registrados en el último mundial de fútbol masculino donde el conjunto de televisoras públicas lideradas por la TV Pública nacional llevaron las emociones a prácticamente todo el país.

Al día de hoy, aun para aquellos que transmiten de manera digital, la tarea pendiente es el desarrollo de audiencias en las plataformas digitales, para lo cual es necesario invertir en tecnología, pero mucho más importante en el desarrollo de capacidades de las personas que trabajan. Es preciso entender la distinción entre la transmisión digital de TV abierta (la TV Digital) y la circulación digital de contenidos en plataformas y redes sociales. Usamos el mismo término pero hablamos de otra cosa.

En tiempos en que los despliegues de tecnologías de comunicación e información, apalancados en inversiones globales y disputas geopolíticas, se intensifican es clave que el sistema de la televisión abierta pueda defenderse en conjunto para seguir teniendo relevancia para sus audiencias. Mas pantallas personales en la mano de las audiencias, con conectividad 4G que ofrece un ancho de banda apto para la transmisión de video, no debería ser visto únicamente como una amenaza, es el campo de batalla que deben conquistar quienes hace años se especializaron en producir contenidos desde el «broadcast».

La infraestructura pública que lleva adelante el Estado nacional a través de Arsat, con importantes inversiones, está al servicio de los canales que la necesiten para dar el salto a está tecnología que ya está madura y ha demostrado suficiente robustez para seguir funcionando aún cuando decisiones políticas de administraciones anteriores la olvidaron. Ese «olvido» llegó a poner en jaque su continuidad y recuperarla de él ha conllevado tiempo y dedicación. Por haber realizado esta tarea, en la actualidad se nos abren nuevas posibilidades.

Por eso desde el Estado, en conjunto entre el Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre, Arsat y Enacom buscamos cada día soluciones a los problemas particulares de cada canal para la transición y en ese sentido participamos de una mesa de trabajo conjunta en el último Plenario del Consejo Federal de la Televisión Pública que se reunió en Buenos Aires los días 24 y 25 de agosto pasados.

Ese es nuestro compromiso.

Ciencia 🧬

Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario

Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.

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«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.

La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.

Un diagnóstico caro y a prueba y error

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.

La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.

En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.

La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Cómo funciona el análisis

El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.

La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.

«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.

Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia

Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».

La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.

Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio

El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».

La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.

«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.

La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior

El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.

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