Análisis
Condenaron a 6 policías por extorsionar a trabajadoras sexuales
Los comisarios Héctor Coquean, Félix Breglia y Javier Alejandro Caffarena, Claudia Yamila Ferrando y César Ricardo Pérez, fueron encontrados culpables del delito de “explotación sexual agravado por el abuso de una situación de vulnerabilidad y por haber sido cometido en su carácter de funcionario policial».
Por Néstor Llidó
Los comisarios Héctor Coquean, Félix Breglia y Javier Alejandro Caffarena, Claudia Yamila Ferrando y César Ricardo Pérez, fueron encontrados culpables del delito de “explotación sexual agravado por el abuso de una situación de vulnerabilidad y por haber sido cometido en su carácter de funcionario policial”.
Como integrantes de una banda mixta que explotaban económicamente a un grupo de mujeres y travestis para que ejercieran la prostitución sobre el Camino de Cintura, en inmediaciones de la Rotonda de Llavallol, cuatro jefes y dos oficiales de la Policía bonaerense fueron condenados a penas de hasta nueve años de prisión.
Durante un extenso juicio, que se desarrolló ante el Tribunal Oral Criminal Federal Nro. 1 de La Plata, se logró establecer que los entonces titulares de la comisaría 4ta. de Lomas de Zamora (entre los años 2015 y 2017), junto a varios sujetos “regenteaban” a jóvenes en situación de vulnerabilidad, a los que le cobraban una suma diaria para “dejarlas trabajar”.
Esa “recaudación formaba parte de una caja negra”, ya que los montos por aquellos tiempos de entre 250 a 500 pesos que tenían que aportar las víctimas de esta maniobra ilegal, que los policías “repartían” con otros siete hombres, entre ellos dos hermanos. Una denuncia dio lugar a la investigación.

En su acusación, el fiscal Hernán Schapiro, quien contó con la colaboración de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas, se acreditó que esta organización delictiva “explotó económicamente al menos a 19 mujeres y travestis entre febrero de 2015 y el 10 de marzo de 2017 en la zona del Camino de Cintura, en inmediaciones de la Rotonda de Llavallol, aprovechándose de la situación de vulnerabilidad de ellas”.
Las condenas recayeron sobre los comisarios Héctor Coquean, Félix Breglia y Javier Alejandro Caffarena, Claudia Yamila Ferrando y César Ricardo Pérez, al considerarlos como coautores del delito de “explotación sexual agravado por el abuso de una situación de vulnerabilidad y por haber sido cometido en su carácter de funcionario policial” y las penas fueron de entre cinco y nueve años de prisión, además de la inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por diez años y a la obligación de realizar un curso sobre capacitación y sensibilización en género y violencia.
Los detalles del juicio
En el juicio, que duró un año y medio, se probó que existió “un sistema de cobro diario a las víctimas a cambio de permitirles el ejercicio de la prostitución en el lugar, concurrieran o no, en los lugares donde uno de los policías las ubicaba. Las sumas abonadas por víctima por día oscilaron entre 250 y 400 pesos y llegaron hasta 500 pesos”.
«Se trató de una organización delictiva compuesta por funcionarios policiales, con intervención de civiles, que, aprovechando esa función montaron un sistema de explotación sexual de mujeres cis y trans, que logró su propósito”, se indicó.
Además de los jefes, los policías sentenciados fueron Jorge Virreira y Patricio Kearney, a 8 y 6 años de prisión, respectivamente, al ser señalados como los que actuaban en el “territorio”, cumpliendo las órdenes de sus superiores.
En tanto, también recibieron penas de entre 3 y 8 años de cárcel, la “pata civil” de la banda, que compusieron los hermanos Mauro y Javier Santoro, Sebastián Alejandro Pérez, Manuel Marín Trujillo, José Mario Ponce, Damián Ariel Romero y Carlos Eliseo Amaya.
En el fallo se dispuso el decomiso del dinero en efectivo secuestrados oportunamente a los imputados a la banda, como así también teléfonos celulares, armas de fuego y autos, que a pedido de la Fiscalía fueron puestos a disposición de la Agencia de Administración de Bienes del Estado para su venta y el monto en pesos y dólares remitido al Fondo de Asistencia Directa a Víctimas de Trata, destinado a la reparación de las víctimas.
Por Jesús Rivero
Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal.
Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.
En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.
Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma, en su cuaderno en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.
* escritor y activista político
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