Análisis
El nuevo Megacanje
Avanzamos hacia un gobierno de tintes autocráticas, que cada vez que puede intenta ‘liberarse’ del engorro de tener que negociar, articular y ceder ante el diálogo político normal de todo régimen democrático. Por eso es que ahora se mete con las facultades del Congreso toda vez que la renegociación de la deuda es atribución del legislativo.
Por Martín Epstein*
El gobierno nacional cada día que pasa deja los dedos más marcados. A sabiendas de que el mercado por ahora no confía, o no encuentra incentivos suficientes para acompañar la experiencia libertaria, en las últimas horas y por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia, el 846/2024, se auto asignó la facultad para realizar canjes de títulos de deuda, sin importar la moneda, sin necesidad de cumplir ni con los requisitos de la Ley de Administración Financiera ni pasar por el Congreso Nacional. Una especie de de vía libre para renegociar deuda y/o tomar nueva sin control ni apoyo político.
En términos prácticos, la eliminación del cumplimiento del artículo 65 de la mencionada Ley libera al campeón del endeudamiento, el otrora ‘Champions League’ Caputo al no exigirle cumplir con la mejora de montos, plazo o taza (debería al menos responder a 2 de esos criterios según la ley). La ‘exigencia’ o criterio único es que le tomen los bonos a canjear a ‘precio de mercado’, dejando un enorme margen para la arbitrariedad en esa decisión.
Avanzamos hacia un gobierno de tintes autocráticas, que cada vez que puede intenta ‘liberarse’ del engorro de tener que negociar, articular y ceder ante el diálogo político normal de todo régimen democrático. Por eso es que ahora se mete con las facultades del Congreso toda vez que la renegociación de la deuda es atribución del legislativo.
Tras meses de repetir que no le preocupaban los dólares, que el superávit era la garantía del cumplimiento de las obligaciones, y que tenía margen para responder frente a los vencimientos futuros, queda en evidencia lo que desde diversos sectores le marcan al ex candidato al Nobel de Economía: se están quedando sin dólares, y en las condiciones actuales (cepo y riesgo país alto) no se generan las condiciones para volver a tomar deuda en los mercados.
Renegociar en este contexto no es otra cosa que empeorar las condiciones de la deuda, como ya se vio en Argentina hace no mucho tiempo. ‘Megacanje’ fue el título con el que en 2001 se intentó evitar un escenario de default a costo de aumentar significativamente el total de la deuda externa en dólares de nuestro país. En ese tiempo, Federico Sturzenegger terminó procesado por esa estafa y como si estuviéramos en un loop, volvemos al mismo personaje con recetas similares.
Tras el intento fallido de habilitar este mecanismo en la Ley Bases, y al insistir con su inclusión en el proyecto de Presupuesto 2025, lo meten por la ventana, por DNU demostrando que pretenden legislar desde el Poder Ejecutivo. Resulta paradójico e ilustra muy bien este debate el cruce entre Caputo y Cristina Fernández de Kirchner. Mientras la ex presidenta acusa al ministro por la maniobra, el mesadinerista acusa de todos los males de la deuda a un gobierno que hizo un enorme trabajo por bajar de presión de la deuda. Lo sorprendente (o no tanto) es que quien sucediera a Caputo durante la gestión de Mauricio Macri, Nicolás Dujovne reconocía que para 2015 la deuda en dólares era muy baja. Pero peor aun, el propio Milei acusó más de una vez a Caputo de dilapidar reservas.
*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)
Análisis
El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar
La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.
Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.
El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.
«Una bomba en el medio del pueblo»
Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.
La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.
Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».
Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal
Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».
Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.
Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.
Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».
La intendenta y el pedido de los trabajadores
Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.
Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».
La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.
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