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Análisis

Semiótica de “las Mañaneras”

Redistribución de la producción semántica.

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Por Fernando Buen Abad Domínguez 

Para los dueños de los “latifundios mediáticos” era impensable que alguien pudiera arrebatarles la producción de “sentido” y sus relaciones de producción. Pero se les apareció Andrés Manuel Lopez Obrador que, después de ganar la presidencia del país, gracias al movimiento de masas y a la rebelión electoral, que ha sido un período histórico rico en elementos de situación revolucionaria, es decir, de intervención en las condiciones históricas para que el modelo hegemónico no pueda seguir gobernando a su antojo.

AMLO instauró la disciplina informativa diaria de las conferencias de prensa madrugadoras conocidas como “las mañaneras”. Y cambió el escenario semántico de la política con la agenda política de “primero los pobres” y “guerra a la corrupción”. Acompañado semejante rebelión semiótica, apareció también la lucha contra las “fake news”, la revisión del gasto en propaganda gubernamental, la interpelación directa a los reales intereses de los dueños de los medios. Eso impulsa otra libertad de expresión, desde las bases, y la cancelación de embutes, dádivas, subsidios y chayotes. Así marca caminos para una acción política de masas cuyo objetivo inmediato es completar la Cuarta Transformación Comunicacional en México que aún está en su fase embrionaria. No eximida de errores.

Mal haríamos en suponer, o esperar, que semejante tarea sea conquistada por un solo hombre por más genial y extraordinarios que sean sus talentos y fuerzas. Mal haríamos en ignorar que, todos y todas, tenemos un lugar inexcusable en esa lucha y mal haríamos en suponer que tal desafío pueda resolverse sólo con “buena voluntad” o sólo con opiniones aisladas. Urge un trabajo político de unidad, urge un programa de consensos básicos. Urge investigación científica obediente al pueblo y urge un plan de acciones para el corto, el mediano y largo plazo. Urge la comunicación emancipadora para una democracia verdadera y urge tal democracia verdadera al interior de los medios de comunicación ¡todos!. Comunicación para la democracia y democracia en las comunicaciones. 

Pero no la democracia burguesa que conocemos y padecemos. No la que se volvió máquina para generar riqueza a los dueños de las empresas de la “imagen”. No para reiterar los medios y los modos de una comunicación secuestrada por los egos del individualismo que mercantiliza candidatos y comercializa votos. Urge la crítica con su movilidad omnipresente y transformadora. Entender y fortalecer nuestras herramientas. Nos urge una guerrilla semiótica de acción directa, por todos los medios, para producir los anticuerpos culturales indispensables que exterminen, en plazos cortos, las influencias tóxicas de los medios y los modos burgueses para manipular conciencias.

Es urgente suprimir nuestra dependencia tecnológica y democratizar el acceso a las nuevas tecnologías. Urge discutir un presupuesto nacional para el desarrollo de las “Voces Múltiples” que se reclaman, entre otros, desde el “Informe MacBride” (1980) para una Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Urge una lucha jurídico-política que garantice medios y modos para la participación de todas las diversidades. Urge una semántica de la diversidad que dé “sentido” nuevo al sentido de lo social, al sentido de la comunicación que significa, también, construcción de comunidad. Urge que todo ello tenga expresión democrática en el ejercicio del presupuesto de la nación y que así se estimule la creación de motores comunicacionales desde los pueblos originarios, desde la ciencia emancipadora; desde la educación y sus nuevos retos; desde todos los movimientos sociales que garanticen su soberanía financiera y política. En fin, afianzar la Cuarta Transformación en Comunicación con una semántica revolucionaria capaz de modificar los paradigmas intelectuales hegemónicos apuntalada con instrumentos presupuestales, jurídicos, políticos y culturales. No reformismo… no más de lo mismo. 

A todo eso debe sumarse un debate nacional, a fondo y de fondo, sobre los modelos educativos en materia de comunicación. Sus fines principios, sus marcos teórico-metodológicos, sus resultados y sus contradicciones. Sus negocios y sus compromisos reales con la resolución de los problemas comunicacionales de México. Urge una auditoría nacional del gasto, público y privado, en enseñanza de la comunicación. Urge debatir la orientación científica para las nuevas investigaciones contra la monopolización de los medios y el comercio de los grados y los posgrados a cambio, recurrentemente, de promesas laborales inexistentes. Una revisión científica y epistemológica, de fondo y a fondo, para saber qué enseñan los que enseñan comunicación, qué aprenden los que aprenden y qué tiene que ver todo eso con lo que se necesita objetiva y urgentemente. 

Urge un debate sobre formas concretas de reconocimiento y valoración de los saberes adquiridos por la experiencia de las batallas sociales, la experiencia existente y las muchas victorias comunicacionales de los pueblos en lucha. Sintetizar la herencia de la comunicación desde las civilizaciones prehispánicas, lo ocurrido contra la invasión imperial europea, las respuestas de la comunicación independentista. La comunicación en las fases revolucionarias y el estado actual de las ideas y los instrumentos que son base de esa herencia que debe ser compendiada, sistematizada, como gran orientador general del “sentido” propio. En suma urge una revisión crítica, a fondo y de fondo, sobre nuestra Historia de la Comunicación en México. Luchar es desear, es exigir algo, es situarse en el presente y asaltar el cielo.

Crear dos, tres… muchas mañaneras. “Las mañaneras” no pueden ser las únicas instancias de orientación comunicacional en un país con la complejidad y la diversidad del nuestro. Crear dos, tres… muchas mañaneras con formas y alcances diversos, unidas a un mismo proyecto diverso de emancipación económica, política, ética, estética y poética. Valorar y entender la mañanera y su contribución a una lucha semiótica emancipadora de nuevo género pero ayudándola a crecer, a multiplicarse, para que se abran mil flores de la cultura y la comunicación en la diversidad de nuestros colores, formas y temas. Eso es de suyo una revolución intelectual nacida del pueblo.  

Ya que somos millones de vocaciones comunicacionales emancipadoras, ya que somos un archipiélago inmenso de voluntad política para la libertad de expresión desde abajo, enfrentemos el desafío de la unidad que no significa uniformidad. Hagamos el esfuerzo de sumar y no dividir. Démosle lugar al interés colectivo y debatamos cómo florecer la Cuarta Transformación Comunicacional sin caprichos de cúpulas y sin imperativos burgueses. Quizá sea un momento propicio y con las ganas pertinentes para darle a la emancipación comunicacional el “sentido” necesario no sólo combatiendo al modelo hegemónico y sí, especialmente, impulsando la comunicación emancipadora que, en calidad y en cantidad, nos reclama la historia de un México que no resiste más la dictadura de los terratenientes mediáticos nacionales y trasnacionales. No hay tiempo que perder. 

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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