Análisis
El Parlamento, el Poder Judicial y la calle son los tres escenarios donde se dirime la suerte de la Argentina
Pretender la suma del poder público, favorecer un escenario hiperinflacionario y dolarizar de facto la Argentina, son las claves del momento que transitamos.
Por Claudio Lozano (presidente de Unidad Popular)
El Parlamento, el Poder Judicial y la calle son los tres escenarios donde se dirime la suerte de la Argentina. Son muchas las reflexiones que pueden hacerse pero hay algo que no debiera quedar en duda.
Los sectores dominantes en la Argentina pretenden transformar el fracaso de la institucionalidad nacida en 1984 y expresada en la irrupción de Javier Milei, en la oportunidad para consolidar, a como dé lugar, los objetivos fundacionales del golpe del ‘76.
Objetivos que nunca abandonaron, con los que boicotearon, neutralizaron e incluso subordinaron a las distintas experiencias populares, al tiempo que construyeron, durante los últimos 50 años, representaciones institucionales fieles a sus objetivos.
Transformar la Argentina en un paraíso extractivista fuertemente endeudado, doblegar las resistencias históricas que la sociedad argentina ha evidenciado en las últimas cinco décadas y eliminar de cuajo las capacidades estatales que pudiesen limitar el saqueo que el territorio nacional ofrece, constituyen el norte de la experiencia que sacude a nuestra sociedad.
Pretender la suma del poder público, favorecer un escenario hiperinflacionario y dolarizar de facto la Argentina, son las claves del momento que transitamos.
No hay errores en una política que en su decisión de alentar la licuación de los pesos habilita un nuevo salto cambiario y una nueva ronda inflacionaria. La hoguera hiperinflacionaria aparece tanto en el presente como en el futuro, como el mecanismo que al mismo tiempo puede desarmar la resistencia social poniendo a las mayorías en el límite y por debajo de la subsistencia, y que a la vez contribuye a la más rápida licuación de los pesos, cuestión indispensable para hacer posible una dolarización sin dólares en el Banco Central.
¿A quién podía escapársele que en un contexto como el de la Argentina plantear una devaluación del 118%, desregular el sistema de precios duplicando o triplicando la tasa de inflación era incompatible con bajar la tasa de interés para las colocaciones en pesos? ¿No era evidente que se buscaba licuar los pesos disponibles? ¿A quién se le puede escapar que no hay déficit cero en un contexto de derrumbe de la actividad?
¿Que dicha política pone a correr en simultáneo la reducción del gasto con la caída de la recaudación y transforma en interminable el proceso de ajuste porque hay que volver a reducir el gasto al tiempo que se agranda el significado de la deuda dolarizada en el total del gasto corriente?
¿Quién no podía suponer que la puesta en marcha de una megadevaluación con desregulación general de precios en el marco de una economía donde los oligopolios que explotan el mercado doméstico maximizan ganancias en dólares, iba a disparar un salto en cadena de los precios internos que encarecería en dólares la economía local y obligaría a una nueva devaluación para contentar a los exportadores hacia febrero o marzo?
No hay error. La suma del poder público es el marco institucional necesario (autoritario y represivo) para desatar la puja intercapitalista entre las corporaciones locales y extranjeras (hiper) por la apropiación de las rentas extraordinarias que el saqueo del territorio y del trabajo argentino hacen posible.
La dolarización de facto es el capítulo final dirigido a cristalizar un escenario de No Retorno. La eliminación de la moneda, de la política monetaria, la restricción fiscal permanente y la anulación de la política cambiaria, son claves para instaurar una nueva lógica en el funcionamiento económico, social y político que destierre del futuro argentino la posibilidad de un proceso de democratización en igualdad y soberanía.
No hay argumento de ninguna naturaleza que pueda impedir la definición de inconstitucionalidad que el Poder Judicial debiera decidir respecto al DNU y a la Ley Ómnibus. No existe argumento alguno que pueda evitar la responsabilidad del Parlamento para autoconvocarse y rechazar tanto el DNU como la ley Ómnibus.
Rechazo que ya debiera incluir la construcción de mayorías dirigidas a plantear incluso la posibilidad del Juicio Político a una fórmula Presidencial que socava con su propio accionar las condiciones mismas del régimen democrático que les permitió gobernar.
La Jornada Nacional de Lucha, Movilización y Paro Nacional convocada para el próximo 24 es la instancia social y política necesaria para que, en unidad, sin especulaciones y con definiciones precisas, la calle sacuda la modorra institucional y pueda ser capaz de poner un freno a este intento lamentable de robarle el futuro a las argentinas y a los argentinos.
Análisis
El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei
La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.
Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.
Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.
Microeconomía al servicio de la macro
El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.
La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.
El Nobel que Milei no puede ignorar
El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.
La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.
Una distinción con historia propia
El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.
Lo que tenés que saber
- Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
- Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
- La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
- El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
- El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
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