Análisis
El discurso del Presidente dejó más dudas que certezas
«Los pueblos siempre queremos la paz, la guerra la quieren los ricos, los poderosos, los que fabrican y venden armas», aseguró la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Por Hebe de Bonafini
El discurso del Presidente me dejó llena de preguntas. Parece que está todo perfecto. Me hizo acordar a los Reyes Magos. Cuando uno es chico cree, pero cuando ya se es grande, se entiende que los Reyes Magos también son capitalistas porque a los ricos les dan lo que piden, y a los pobres lo que la familia puede comprar.
Ahora, parece que les quiere sacar un poco, pero si no lo veo, no le creo. Dijo que no van a aumentar las tarifas, pero sí van a subir, dijo que la comida no va a aumentar y ya aumentó. ¿Por qué dicen una cosa y pasa otra?. ¿De dónde va a sacar la plata para cumplir con todo lo que anunció?. El discurso me llenó de dudas más que de certezas, y me colmó de preocupaciones. Las cosas no quedaron claras.
También quiero hablar de la guerra entre Ucrania y Rusia: ante todo, queremos la paz. No estoy aplaudiendo lo que hace Rusia. Que se entienda bien, pero me preocupan mucho todas las sanciones que les imponen. Cuando Estados Unidos invade países, cuando interviene en Latinoamérica, en Cuba con un bloqueo, ¿alguien le dice algo a Estados Unidos?.
Tiraron dos bombas atómicas en Japón. ¿Alguien les dice algo cuando apoyan a Israel para mantener ocupado el territorio de Palestina?. Yo estuve ahí: bombardean cuando quieren y amontonan cadáveres. Nadie sabe cuánta gente murió.
Tampoco dijeron nada cuando Estados Unidos se cansó de bombardear a Irak con el pretexto de que tenían la bomba atómica. Visité Irák después del ataque de Estados Unidos y hablé con todos. Me contaron que entre los dos países habían acordado que Irak mandaba petróleo y Estados Unidos medicamentos, y jeringas.
Se morían 15 niños por día porque Estados Unidos no mandaba los medicamentos. Luego, lo buscó a Sadam Husein y lo mató vilmente, y nadie dijo nada. ¿Cómo puede ser que haya tanta diferencia para medir lo que hace Rusia y lo que hace Estados Unidos?. ¿En qué mundo estamos viviendo?. Los pueblos siempre queremos la paz, la guerra la quieren los ricos, los poderosos, los que fabrican y venden armas.
Análisis
El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar
La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.
Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.
El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.
«Una bomba en el medio del pueblo»
Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.
La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.
Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».
Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal
Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».
Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.
Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.
Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».
La intendenta y el pedido de los trabajadores
Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.
Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».
La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.
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