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Análisis

La derecha debe aprender que la democracia les da otra oportunidad

Nota Editorial por Daniel Olivera.

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Por Daniel Olivera

Por esas horas de angustia, “la política” sacó licencia para conducir al país, sin que ningún general trasnochado lo hiciera por ella -mal y pronto- como se habían acostumbrado desde el golpe del general Uriburu en 1930 al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.

Las principales cadenas de televisión y radio del mundo transmitieron en vivo ese momento crucial. Cuando el país dejó de ser un republiqueta bananera para ingresar en el club de las democracias occidentales. Así nos veían en Europa y los Estados Unidos.

Y esas eran las fronteras de “el mundo”, cuando la Unión Soviética estaba a punto de desintegrarse y China pujaba con fórceps para parir su despegue capitalista que la convertiría cuarenta años después en la gran potencia económica del siglo XXI.

Y flanqueando a un Alfonsín, que era más que nunca la representación de “el hombre y sus circunstancias”, estaba la flor y nata de la renovación peronista. Antonio Cafiero, José Luis Manzano, José Manuel de la Sota y Carlos Grosso.

La nueva generación en ascenso, que buscaba afanosamente dejar atrás los fantasmas de Isabelita y el brujo José López Rega.No había dirigentes de la Unión Cívica Radical, el partido que estaba en el poder desde hacía tres años y medio, alrededor de Alfonsín.

Movilización 2 de Septiembre.

Había peronistas jóvenes. Garantes del recambio institucional que la Argentina necesitaba para obtener la mayoría de edad en esa entonces joven democracia.Treinta y seis años después la democracia argentina afronta un desafío de similar calibre que en Semana Santa del 87.

Por la Justicia, por la Libertad, por la Paz.No quedan dudas que la Argentina sería mejor, tal vez no lo suficiente pero sí mejor, si Mauricio Macri, Rodríguez Larreta, Elisa Carrió, Gerardo Morales, María Eugenia Vidal, José Luis Espert y Javier Milei, se pusieran a la cabeza de una columna de miles de militantes que sueñan un país “por derecha”.

Y juntos marcharan a la Plaza de los sueños. La movilización de hoy no es por Cristina Fernández de Kirchner, más allá de que su figura sea la representación simbólica.La movilización de hoy es por los verdaderos valores democráticos.

Por la idea de una Nación común. La casa de todos. Y para eso el primer mandamiento es erradicar los discursos del Odio.

Análisis

El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei

La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.

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El Argentino Diario-Premio Nobel de Economía.
Mientras Milei destruye el Estado, el Nobel galardona a quienes demuestran que el Estado es la solución, no el problema.

Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.

Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.

Microeconomía al servicio de la macro

El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.

La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.

El Nobel que Milei no puede ignorar

El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.

La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.

Una distinción con historia propia

El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.

Lo que tenés que saber

  • Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
  • Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
  • La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
  • El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
  • El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
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