Análisis
Vicentín: la falsificación de facturas
Por Carlos Del Frade.

Por Carlos Del Frade
Desde el primero de noviembre hasta el 20 de diciembre, catorce directivos y ex directivos del consorcio Vicentin serán juzgados por la falsificación de facturas, lo que determinó un perjuicio de por lo menos 140 millones de pesos contra la Administración Federal de Ingresos Públicos, entre los años 2016 y 2018, cuando el grupo se consolidaba como el primer exportador de la Argentina, en tiempos del macrismo rubicundo.
La investigación de la causa se encuentra a cargo del titular de la Fiscalía Federal de Reconquista, Roberto Salum, estableció que con las facturas apócrifas defraudaron a través de la falta de pago del g IVA por valores de $ 84.672.402,38 en 2016; $ 44.466.746,54 en 2017; y $ 11.464.326,29, en 2018.
La fiscalía cuenta con la colaboración de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC) -a cargo de Diego Velasco y María Laura Roteta- que participó en el análisis técnico y la confección del dictamen.
Hay casos en los que los supuestos proveedores no denotaban actividad real; no tenían capacidad económica ni financiera; no justificaban el origen de los granos; no se lograba su localización o bien en los domicilios de acopio no se verificaba actividad alguna; o tenían nulo o escaso personal declarado o sin relación con la actividad.
Además de esta indagatoria de los mismos 14 miembros del directorio que fueron imputados por la Justicia provincial en Rosario, sigue abierta una tercera investigación penal en los Tribunales de Comodoro PY, que instruye el fiscal Gerardo Pollicita.
En ese caso la causa está orientada a dilucidar las responsabilidades penales en torno a los cuantiosos y numerosos créditos que el Banco Nación le otorgó a Vicentin en las últimas semanas y días previos a la cesación de pagos ocurrida el 4 de diciembre de 2019, todos concedidos por el directorio que encabezaba Javier González Fraga durante el gobierno de Mauricio Macri.
Será pedagógico revisar qué lugares le otorgarán los grandes medios de comunicación a estas nuevas acusaciones contra los delitos de guante blanco que cometieron desde el fugaducto del macrismo como fue Vicentin.
Por Jesús Rivero
Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal.
Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.
En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.
Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma, en su cuaderno en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.
* escritor y activista político
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