Salud 🩺
¿Cómo desconectarse estas vacaciones?
Un impasse en la rutina laboral, las clases, el ruido urbano, los controles médicos, los eventos, las reuniones, las corridas de fin de año… puede haber otra vida en vacaciones.
Por María de los Ángeles López Geist, médica psiquiatra, integrante de la comisión directiva de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
Un impasse en la rutina laboral, las clases, el ruido urbano, los controles médicos, los eventos, las reuniones, las corridas de fin de año… puede haber otra vida en vacaciones.
Un anhelo que comienza a funcionar como telón de fondo, cuando cerramos los ojos y el sol se siente pero las olas que se escuchan son sonidos de masa urbana con ritmo vertiginoso a lo lejos y noticias de alto impacto en los medios que nos rodean todo el tiempo.
Enchufados a velocidades nada espontáneas, ya no hacemos dos o tres tareas a la vez, hacemos cinco o seis (!) tareas simultáneas mientras pretendemos ilusamente argumentar alguna ventaja en ello. Nada de esto sería posible sin esas extensiones de nuestro cuerpo y mente que solemos tener en la mano demasiadas horas por día: los celulares.
La fantasía de descansar de las redes o abandonar ese permanente estado de guardia para los mensajes que se reciben, cobra vigor pero choca con la dificultad para materializarlo.
Entonces consultamos todos los tips que circulan en internet para lograr un uso racional de la tecnología y descubrimos que resulta angustiante a veces «no estar» en esa conversación permanente entre varios, o entre muchos (existen cuestionarios para medir la nomofobia).
Tanta es nuestra creencia de estar enterados de la realidad por recibir montones de videos y memes, que ponemos un excesivo valor a lo que se comunica por medios sociales que ya sabemos completamente algoritmizados.

No solo nos desinformamos ingenuamente, también hacemos peligrar nuestro sueño de cada noche cuando luego de la cena bombardeamos nuestro cerebro con la luz azul de las pantallas durante tiempos demasiado extendidos.
La ansiedad registrada en niños y jóvenes y el insomnio creciente tiene alta correlación con el tiempo que pasan con sus dispositivos por las noches aunque se hayan propuesto desconectarse.
Sin embargo, en el fondo, no se trata de «desconectarse» sino más bien de retomar conexiones que se han perdido en el espacio y en el tiempo, o de establecer contactos a través de todos los sentidos para vincularnos con todos los seres vivos.
Volver a sentir una brisa en la piel veraniega o los puntazos del sol. Detenernos a disfrutar el aroma de los árboles, incluso volver a treparlos. Dejarnos mecer con las subidas y bajadas de la marea y caminar las arenas brillantes. Volvernos adictos a divisar constelaciones. Escuchar qué susurran los vientos. Subir y subir la montaña hasta escuchar su silencio. Jugar con el agua por larguísimos ratos. Volver a caminar bajo la lluvia sin miedo a mojarnos. Descifrar los mensajes en las nubes. Correr hacia la inmensidad de una pampa sivoriana. Solos o con amigos o con familia o con mascotas.
Reencontrarnos con lo más sensorial de nuestro ser es una primera etapa de buceo en nuestras profundidades: es solo el preámbulo para vincularnos con las personas de nuestro entorno con las que podemos compartir esas mismas actividades. Un vínculo es mucho más que una conexión. Es la posibilidad de recrear la vida cotidiana instituyendo una construcción conjunta con los otros. Es inventar, diseñar, producir encuentros humanos y humanizantes.
Si en las redes somos espectadores, editores y productores de sentido, en la vida compartida, no importa el grado de ese compartir, damos sentido a ser equipo, ser polifonía, ser amigos, familia, sin la amenaza de un gélido «delete».
La pandemia nos dejó secuelas, muchas, entre ellas una marcada abstinencia social en los jóvenes. Se refugian muchas veces en las conexiones por videojuegos o por aplicaciones. Rechazan las salidas mercantilizadas donde son obligados a consumir lo que está de moda. Y si participan de la oferta vuelven a sus casas a conectarse con una cantante o con una película a través de los medios sociales.
La idea, entonces, es alejar temporariamente a los niños, a los adolescentes y a los adultos de sus aparatos electrónicos y redes sociales durante ese valiosísimo tiempo de vacaciones, pero no por la vía de prohibirlos en forma radical y abrupta, sino ofreciendo alternativas concretas: practicar deportes, interactuar con otros niños, tener experiencias del mundo compartidas con los padres y los hermanos.
Abrir la puerta para ir a jugar. La experiencia de los vínculos afectivos significativos es ineludible para el crecimiento y desarrollo de todo ser humano. Vincularse es también comprometerse con la presencia del otro en el aquí y ahora. Es desarmar esa jaula invisible en la que muchos se mueven de selfie en selfie buscando lugares instagramables, sin poder conectarse con el otro sino solo con la película de sí mismos que están filmando todo el tiempo en su cabeza.
Conocer más a las personas del entorno y conocer gente nueva requiere entrenar la capacidad de estar con el otro, para el otro, sin distractores permanentes.
Hay algo maravilloso en ese andar serendípico del tiempo de vacaciones, en que buscando una cosa descubrimos otras mejores. Se trata de navegar por la vida, y advertir dónde y cuando cliquear en lo que nos cruzamos
Legislativo
Cárcel desde los 14 y criptomonedas desde los 13: la contradicción de un Estado que castiga en lugar de cuidar
El psicólogo Jorge Prado advirtió que la soledad infantil crece mientras la salud mental recibe solo el 1,4% del presupuesto de salud, contra el 10% que fija la ley. Lo dijo en la semana en que el Senado aprobó la reforma que, según su lectura, patologiza el malestar social “para responder a intereses corporativos”.
La ley vigente obliga a destinar el 10% del presupuesto de salud a la salud mental, pero en los hechos solo se ejecuta el 1,4%. La cifra la aportó el psicólogo Jorge Prado, que además alertó sobre una generación de chicos aislados frente a una pantalla mientras el Estado discute cambiar la norma que los protege.
Prado es psicólogo y docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y autor del libro “Una tablet al final del arcoíris”, un trabajo que reúne experiencias clínicas, territoriales y educativas sobre el cuidado de infancias y adolescencias. Sus advertencias llegan en un momento sensible: el Senado aprobó en la madrugada del viernes 30 de octubre la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, impulsada por el Poder Ejecutivo de Javier Milei, y la giró a la Cámara de Diputados. El proyecto reemplaza el criterio de “riesgo cierto e inminente” para las internaciones involuntarias por el de riesgo grave de daño, con la firma de dos profesionales.
La pantalla como “contrato” entre adultos desbordados y chicos aislados
Según explicó Prado, el libro analiza cómo el juego se desplazó a las redes sociales y qué sufrimientos de época aparecen en ese cambio: consumos digitales, violencia como espectáculo, abuso de diagnósticos y uso de la inteligencia artificial como refugio. El título remite a la metáfora irlandesa del caldero de oro al final del arcoíris: la tecnología condensa la promesa de éxito y pertenencia, pero es un mito, porque al final del arcoíris nunca se llega.
El especialista describió a la tablet como parte de un contrato implícito entre adultos y niños: los cuidadores, desbordados de obligaciones, entregan la pantalla a cambio de tiempo para trabajar o resolver urgencias. Muchos padres la perciben como una opción más segura que la calle frente a los temores de inseguridad. El resultado, advirtió, es una extrema soledad, con horas y horas de chicos aislados.
De “padecimiento subjetivo” a “trastorno mental”: un cambio de términos que no es menor
Para Prado, la diferencia entre ambos conceptos es sutil pero alarmante. La norma vigente habla de “padecimiento subjetivo”, una categoría que contempla el sufrimiento derivado de contextos sociales o económicos, como el desempleo familiar o la violencia. Si la ley pasara a nombrar únicamente “trastornos mentales”, sostuvo, la atención quedaría reducida a quienes tengan un diagnóstico psicopatológico individual.
En su análisis, ese giro responde a la mercantilización de la salud y beneficia a corporaciones farmacéuticas que buscan dar respuestas medicamentosas a sufrimientos que, según planteó, son sociales e institucionales.
Internaciones más flexibles y teleconsulta ante un brote psicótico
Sobre las internaciones involuntarias, Prado recordó que la ley actual las permite ante un “riesgo cierto e inminente” y que ese criterio funciona como un marco de derechos humanos para evitar abusos. Flexibilizarlo a un riesgo “grave”, advirtió, vuelve las internaciones arbitrarias o preventivas.
También cuestionó que, ante la escasez de psiquiatras, la reforma habilite la evaluación virtual de pacientes en brote psicótico por teleconsulta, algo que calificó como un enorme peligro clínico. Todo ocurre, remarcó, en un sistema al que se le exige el 10% del presupuesto de salud pero que ejecuta el 1,4%.
Castigo para los chicos, criptomonedas para los de 13
Frente a episodios de violencia o manipulación digital en escuelas, Prado describió una “desafectización”: la realidad toma tono de ficción en las redes, pero las consecuencias emocionales son reales. La respuesta adulta, según dijo, suele centrarse en el señalamiento punitivo.
El psicólogo marcó una contradicción: se promueve la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años bajo amenaza de cárcel y, al mismo tiempo, se aprueban normas para que chicos de 13 años puedan invertir en criptomonedas. El Estado les ofrece herramientas financieras complejas y tentadoras, pero responde con castigo cuando aparecen los problemas, en lugar de financiar dispositivos comunitarios y espacios de escucha.
Lo que tenés que saber:
- La ley de Salud Mental exige destinar el 10% del presupuesto de salud al área, pero según Jorge Prado solo se ejecuta el 1,4%.
- El Senado aprobó el 30 de octubre la reforma de la Ley 26.657 y la giró a Diputados.
- El proyecto cambia el “riesgo cierto e inminente” por un riesgo grave de daño para las internaciones involuntarias.
- Prado advirtió que reemplazar “padecimiento subjetivo” por “trastorno mental” deja afuera el sufrimiento de origen social.
- El psicólogo cuestionó que se baje la edad de imputabilidad a 14 años mientras se habilita a chicos de 13 a invertir en criptomonedas.
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