Franja de Gaza
Netanyahu ordena nuevos bombardeos en Gaza y vulnera el frágil alto el fuego
La ONU acusa a Occidente de complicidad en el genocidio palestino tras nuevos ataques israelíes.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, volvió a ordenar ataques “inmediatos y contundentes” sobre la Franja de Gaza, tras acusar a Hamás de romper el alto el fuego. La decisión, anunciada después de una reunión de emergencia del gabinete de seguridad, marca una nueva escalada militar en medio del frágil proceso de negociación mediado por Estados Unidos.
Según la oficina del premier, los ataques se justifican en supuestas “violaciones” del acuerdo por parte del movimiento palestino, luego de que Israel denunciara que los restos entregados por Hamás no corresponderían a los 13 rehenes fallecidos cuya devolución estaba pactada.
“Tras consultas de seguridad, el primer ministro Netanyahu ordenó al ejército llevar a cabo ataques contundentes en la Franja de Gaza”, señaló el comunicado oficial difundido en Tel Aviv.
Restos, violaciones y pretextos
El gobierno israelí aseguró que los restos recibidos pertenecen a Ofir Tzarfati, un joven secuestrado en el festival Nova y asesinado en cautiverio. No obstante, la familia ya había recibido partes de su cuerpo en 2023 y 2024. Aun así, Netanyahu calificó el hecho como “una clara violación del acuerdo de paz”, mientras ordenaba reanudar los bombardeos.
En paralelo, se registraron nuevos enfrentamientos en Rafah, al sur de Gaza, donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) denunciaron ataques palestinos. El ejército respondió con artillería pesada, reactivando los operativos aéreos sobre zonas densamente pobladas.
Desde Gaza, Hamás acusó a Israel de cometer “múltiples violaciones” del alto el fuego y advirtió que cualquier escalada militar demorará la entrega de los cuerpos de los rehenes fallecidos. Las Brigadas Al Qasam, brazo armado del movimiento, difundieron un mensaje en Telegram en el que responsabilizaron a Tel Aviv por el estancamiento de las negociaciones.
El aval de Washington y el silencio europeo
Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos ratificó su apoyo al régimen israelí. “Hamás no puede gobernar ni estar implicado en ningún futuro de Gaza”, declaró un vocero del Departamento de Estado, en lo que fue interpretado como una nueva muestra de alineamiento con Netanyahu.
El pronunciamiento llega en momentos en que la ONU responsabiliza a Washington y a la Unión Europea por su complicidad en el genocidio palestino, tras meses de bombardeos, hambruna y desplazamiento forzado en la Franja. Desde el Consejo de Derechos Humanos se reiteró el pedido de un embargo total de armas a Israel y se advirtió que la situación humanitaria “ha alcanzado niveles catastróficos”.
Una guerra sin final
La ofensiva israelí, que ya dejó más de 42 mil muertos —la mayoría mujeres y niños—, sigue bajo el argumento de la “seguridad nacional”. Sin embargo, la persistencia de los ataques, la ocupación de Gaza y la negativa a permitir el acceso humanitario muestran que la estrategia de Netanyahu apunta más a perpetuar su poder interno que a garantizar la paz.
El “alto el fuego” se desmorona una vez más bajo el fuego y la impunidad.
DDHH
Defendió a Mandela, acusó a Israel de genocidio y hoy es Nobel de la Paz: quién es Navi Pillay
La sudafricana que defendió a los presos políticos del apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y que presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel comete genocidio en Gaza, fue distinguida con el Nobel de la Paz 2026. Donald Trump, que lo reclamaba a viva voz, se quedó afuera.
El premio más simbólico del planeta fue a parar a manos de la mujer que se atrevió a ponerle nombre a lo que ocurre en la Franja de Gaza. El Comité Noruego del Nobel eligió como Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista que encabezó la comisión de investigación independiente de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino. La decisión, conocida este viernes, llegó apenas horas después de que Donald Trump reclamara el galardón para sí mismo ante la prensa acreditada en la Casa Blanca.
La distinguida es la sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Según anunció el propio Comité a través de su cuenta oficial, el premio le fue otorgado «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional», así como por su aporte a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.
Un premio para el derecho internacional en tiempos de guerra
El Comité sostuvo que Pillay trabajó para exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes, y que su trayectoria brindó esperanza a las víctimas de la violencia y de los conflictos armados. A lo largo de su carrera, la jurista puso el foco en la obligación de individuos y Estados de respetar el Estado de derecho, sin excepciones para los poderosos.
El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, explicó el sentido de la elección: «Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico».
Frydnes fue todavía más allá al describir el escenario global: «En un momento de desafíos existenciales (incluyendo más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo), el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta«. La frase funciona como una respuesta directa a quienes pretenden reemplazar las normas internacionales por la ley del más fuerte.
Gaza: el informe que incomodó a las potencias
El dato que convierte este Nobel en un mensaje político de alto voltaje es su rol al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En septiembre de 2025, ese organismo concluyó en un informe de 72 páginas que Israel cometió cuatro de los actos tipificados como genocidas por el derecho internacional desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza. Entre las pruebas, el panel citó la destrucción de una clínica de fertilidad como evidencia de medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo palestino.
En aquel momento, Pillay fue tajante: «La responsabilidad por estos crímenes atroces recae en las autoridades israelíes de los más altos niveles, que orquestaron una campaña genocida durante casi dos años con la intención específica de destruir al grupo palestino en Gaza». Israel rechazó de inmediato la conclusión, como hizo cada vez que un organismo o una figura pública utilizó ese término para describir su campaña militar.
Además, la jurista se desempeña en la causa que investiga a Myanmar por el genocidio contra la minoría rohingya ante la Corte Internacional de Justicia. Premiarla a ella es premiar exactamente aquello que Washington y Tel Aviv intentaron desacreditar durante años. Un mensaje que también interpela a los gobiernos que, como el de Javier Milei, se alinearon sin matices con la Casa Blanca y con el gobierno de Benjamín Netanyahu.
Los premios que intentaron quitarle
El reconocimiento de Oslo contrasta con los obstáculos que Pillay enfrentó en los últimos años. En septiembre de 2022, la Asociación de Naciones Unidas de Alemania iba a entregarle la Medalla de la Paz Otto Hahn en una ceremonia en el Ayuntamiento Rojo de Berlín, pero la entonces alcaldesa Franziska Giffey suspendió el acto tras la presión del embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. El diplomático llegó a declarar que «que Navi Pillay investigue a Israel es como pedirle a Putin que presida una comisión de investigación sobre Ucrania».
En octubre de 2023, la rama estadounidense de la Asociación de Derecho Internacional desvinculó de su conferencia anual el premio que iba a entregarle, después de que una treintena de organizaciones pidieran a los grandes estudios jurídicos retirar su patrocinio. La campaña de desprestigio no logró lo que buscaba: en 2025 recibió el Premio de la Paz de Sídney y hoy suma el Nobel.
De la trinchera contra el apartheid a los tribunales internacionales
Pillay se graduó en derecho en 1965 en la Universidad de Natal y empezó a trabajar junto al abogado N.T. Naicker, integrante del Congreso Nacional Africano (CNA), quien estaba bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. Según recordó ella misma, ningún bufete quería contratarla porque «no aceptaban que empleados blancos recibieran instrucciones de una persona de color».
Durante 28 años defendió a militantes antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y denunció la tortura contra presos políticos. En 1971 obtuvo una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio a su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después logró que los presos políticos de la isla Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a asistencia letrada.
En 1988 se doctoró en ciencias jurídicas en Harvard, la primera sudafricana en lograrlo en esa facultad. Más tarde integró y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde formó parte del tribunal que en la causa Akayesu reconoció por primera vez la violación como un acto de genocidio, un hito para los derechos de las mujeres en el derecho penal internacional. Luego fue jueza de la Corte Penal Internacional, antes de asumir como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.
Trump, el gran perdedor de la jornada
La víspera del anuncio, el presidente de Estados Unidos insistió en que merecía el premio. «Nunca ha habido nadie en la historia del Premio Nobel que lo merezca más. Resolví ocho guerras. Detuve la destrucción total del mundo», aseguró Trump ante los periodistas en la Casa Blanca.
El mandatario evocó además a la venezolana María Corina Machado, galardonada en 2025: «La última vez se lo dieron a una joven, que era una persona fabulosa. Y ella dijo que no lo merecía, que yo lo merecía. Y me lo dio». Aun así, admitió que el Comité difícilmente lo elegiría. La distancia entre el presidente que exige medallas y la jueza que exige rendición de cuentas a los poderosos resume el mensaje de Oslo.
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