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Boxeo

Leve evolución favorable para “Locomotora” Oliveras

La boxeadora sigue en estado delicado

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Lo que tenés que saber

  • Alejandra “Locomotora” Oliveras lleva 12 días internada por un ACV isquémico.
  • El parte médico indica estabilidad hemodinámica y signos de respuesta neurológica.
  • Se inició un proceso gradual para retirar la asistencia respiratoria mecánica.
  • El pronóstico sigue siendo reservado y el estado general se considera delicado.
  • El equipo médico continúa con monitoreo intensivo en el hospital Cullen de Santa Fe.

Leve evolución de Alejandra “Locomotora” Oliveras, aún en terapia intensiva

La exboxeadora argentina Alejandra “Locomotora” Oliveras continúa internada en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital “Dr. José María Cullen” de Santa Fe. Ingresó hace doce días tras haber sufrido un accidente cerebrovascular isquémico. Este sábado, el director del hospital, Dr. Bruno Moroni, brindó un parte médico actualizado.

“El estado hemodinámico es estable y se observan períodos de respuesta motora y apertura ocular, tanto espontánea como a la orden”, señaló Moroni. A partir de estos indicios, los profesionales iniciaron una desvinculación progresiva del respirador mecánico.

Pronóstico reservado y cuidados intensivos permanentes

Aunque la evolución permite algunos momentos de respiración espontánea, el cuadro general sigue siendo delicado. Desde el hospital remarcaron que “su pronóstico continúa siendo reservado” y que el seguimiento por parte del equipo médico es constante.

Alejandra Oliveras, de 47 años, es una de las mayores referentes del boxeo femenino en Argentina. Su trayectoria incluye múltiples títulos mundiales y una fuerte presencia pública, tanto en medios como en actividades sociales.

Boxeo

EXCLUSIVO | El Roña Castro se descompensó y falleció en el Bingo de Morón: aún no se conocen las causas

El excampeón mundial de peso medio se descompensó dentro del bingo de Morón y murió a los 59 años. Según fuentes hospitalarias, todavía se desconocen las causas del fallecimiento.

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El boxeo argentino perdió a uno de sus guerreros más queridos. Jorge Fernando «Roña» Castro se descompensó dentro del bingo de Morón y murió, según pudo saber en exclusiva El Argentino a través de fuentes policiales. Fuentes del hospital consultadas por este medio indicaron que aún se desconocen las causas de su muerte.

Castro, también conocido como «Locomotora», había nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz, y tenía 59 años. Fue campeón mundial de la categoría mediano y, en los últimos años, se había convertido en una referencia de la ayuda solidaria en el conurbano bonaerense, al frente de una red de comedores que levantó durante la pandemia. En el último tiempo se había mudado a Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo comedor.

La noche de Monterrey

Su consagración llegó el 10 de diciembre de 1994, en un estadio de béisbol de Monterrey, México, frente al estadounidense John David Jackson. Castro perdía con claridad en las tres tarjetas, con un ojo cerrado y el rostro ensangrentado contra las cuerdas, cuando conectó un gancho de izquierda al mentón que derribó a su rival y dio vuelta una pelea que parecía perdida. Aquella remontada quedó grabada como uno de los combates más épicos de la historia del boxeo nacional.

En la conferencia de prensa posterior bautizó aquel golpe como «la mano de Dios», en un guiño a Diego Maradona, de quien fue amigo. Retuvo el título en dos defensas, entre ellas una revancha ganada a Reggie Johnson, y a lo largo de su trayectoria superó las 140 peleas como profesional, con una mandíbula de acero y una pegada que lo convirtieron en ídolo popular.

Su vida también estuvo marcada por golpes fuera del ring. En junio de 2005 sufrió un grave accidente automovilístico en Buenos Aires, con colapso pulmonar, que lo obligó a una cirugía de urgencia. Aun así, volvió a pelear.

Del ring a la olla popular

Lejos de la gloria deportiva, el Roña encontró su pelea más larga en los barrios. Desde la pandemia sostenía comedores y merenderos en Lomas de Zamora y abastecía con mercadería a otros espacios comunitarios. Su diagnóstico sobre quiénes llegaban a pedir un plato de comida retrataba con crudeza el deterioro social de los últimos años.

«Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande, personas de 70 años que se ponen a llorar porque se jubilaron y no le alcanza la plata», relató en octubre de 2025, cuando anunció que estaba armando un comedor para 500 personas en Morón. Nunca escondió de dónde venía: «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», había dicho al cumplir años.

Mientras el Estado se retiraba de los barrios, un excampeón mundial salía a cubrir con ollas lo que las políticas públicas dejaban sin respuesta. Esa es, quizás, la última imagen que deja Castro: la de un hombre que nunca se olvidó del hambre que conoció de chico.

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