Elecciones
Frente a la caída en la participación electoral, Milman impulsa el voto digital y por correo postal
El diputado del PRO, cuestionado por su presunta conexión con el atentado contra Cristina Kirchner, propone modalidades complementarias al sufragio presencial para enfrentar el ausentismo que alcanzó el 47% en las últimas elecciones porteñas.
El diputado señalado por el intento de magnicidio de Cristina, ahora propone “votar por WhatsApp”
El diputado nacional Gerardo Milman presentó en el Congreso un proyecto de ley que busca incorporar al Código Nacional Electoral dos nuevas modalidades de sufragio: el voto digital remoto y el voto por correo postal. La iniciativa del legislador del PRO —quien permanece bajo la lupa judicial por su presunta implicación en el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner— propone estas alternativas como complemento al voto presencial tradicional.
La propuesta surge en un contexto de preocupante declive en la participación electoral. Los datos que esgrime Milman reflejan una tendencia que se consolidó en los seis comicios provinciales de 2024: Santa Fe registró apenas 55,6% de participación, Jujuy 64%, Salta 62%, Chaco 52%, San Luis 60% y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires 53,3%. Este último dato resulta particularmente llamativo, considerando que en las elecciones porteñas de 2019 la participación había alcanzado el 76,8%.
Tecnología electoral: promesas y polémicas
El proyecto de Milman contempla estrictos parámetros de seguridad para el sufragio digital, incluyendo encriptación criptográfica, autenticación biométrica, sistemas auditables y la garantía del secreto del voto. El diputado citó como referencia la experiencia de Estonia, pionero mundial en voto electrónico, donde desde 2014 más del 30% de los ciudadanos ejerce su derecho al sufragio de forma digital.
Sin embargo, la realidad internacional muestra un panorama más complejo. Países como Holanda y Alemania abandonaron sus sistemas de voto electrónico tras detectar vulnerabilidades de seguridad. En Estados Unidos, varios estados que implementaron estas tecnologías enfrentaron cuestionamientos sobre la integridad de sus procesos electorales, especialmente después de las elecciones presidenciales de 2020.
La experiencia argentina con tecnología electoral tampoco carece de antecedentes problemáticos. En 2017, el sistema de Boleta Única Electrónica implementado en algunas provincias generó controversias por fallas técnicas y cuestionamientos sobre su transparencia por parte de organizaciones de la sociedad civil.
El contexto político de una propuesta sensible
La iniciativa llega en un momento particular para Milman, quien continúa siendo investigado por la Justicia federal por su presunta participación en el plan para asesinar a Cristina Kirchner en 2022. El diputado fue cuestionado por el juez Marcelo Martínez de Giorgi, quien consideró que existían «elementos suficientes» para vincularlo con el intento de magnicidio.
En este contexto, la propuesta de modernización electoral puede interpretarse como un intento del legislador por posicionarse en temas de agenda pública, alejándose del foco mediático que genera su situación judicial. El PRO, partido al que pertenece Milman, viene impulsando diversas reformas al sistema electoral argentino desde su llegada al gobierno nacional en 2015.
Antecedentes internacionales: luces y sombras
El voto por correo, que ya se utiliza en Argentina para ciudadanos residentes en el exterior desde 2011, presenta un historial mixto a nivel internacional. En Estados Unidos, donde se expandió significativamente durante la pandemia de COVID-19, generó intensos debates sobre seguridad y legitimidad electoral.
Suiza, mencionada por Milman, efectivamente permite el voto por correspondencia desde 1978, pero ha enfrentado desafíos con sus sistemas de voto electrónico, llegando a suspender temporalmente algunas implementaciones por problemas de seguridad informática.
Estonia, el caso más exitoso de digitalización electoral citado por el diputado, cuenta con una infraestructura digital única: el 98% de sus ciudadanos posee DNI electrónico y el país implementó una estrategia integral de digitalización estatal que Argentina aún no ha desarrollado.
El desafío de la participación electoral
El diagnóstico de Milman sobre la baja participación electoral refleja una tendencia global. Según datos del International Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA), la participación electoral mundial ha disminuido en las últimas décadas, fenómeno que se agudizó tras la pandemia.
En Argentina, la obligatoriedad del voto está establecida en el artículo 12 del Código Electoral Nacional, con multas para quienes no justifiquen su ausencia. Sin embargo, el control efectivo de estas sanciones ha sido históricamente limitado, lo que contribuye al creciente ausentismo.
Puntos clave del artículo:
- Milman propone incorporar voto digital y por correo como modalidades complementarias al sufragio presencial
- La participación electoral en Argentina cayó significativamente en 2024, llegando al 47% de ausentismo en CABA
- El proyecto surge mientras el diputado enfrenta señalamientos por su presunta vinculación con el atentado contra Cristina Kirchner
- Los antecedentes internacionales de voto electrónico muestran resultados mixtos, con varios países abandonando estos sistemas
- Estonia representa el caso más exitoso, pero cuenta con una infraestructura digital que Argentina no posee
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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