Salud 🩺
Acondroplasia: afecta a 1 de cada 25.000 nacimientos y reclaman acceso temprano al tratamiento
Cada 25 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Acondroplasia. En Argentina, la condición afecta aproximadamente a uno de cada 25.000 recién nacidos y especialistas y familias reclaman detección temprana, seguimiento integral y acceso oportuno a la vosoritida.
Cada 25 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Acondroplasia, una condición genética que afecta el desarrollo de los huesos y constituye la causa más frecuente de talla baja desproporcionada. En Argentina, se presenta aproximadamente en uno de cada 25.000 nacimientos, lo que representa alrededor de 20 nuevos casos por año.
En este contexto, especialistas y organizaciones de familias destacan la importancia de detectar la condición de manera temprana, garantizar los controles médicos y facilitar el acceso a tratamientos específicos. La aprobación de la vosoritida por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) abrió una nueva posibilidad terapéutica para pacientes desde los cuatro meses de vida.
Sin embargo, el acceso oportuno continúa siendo una preocupación para las familias, que reclaman una atención integral orientada no solo al crecimiento, sino también a la prevención de complicaciones y a la calidad de vida.
Qué es la acondroplasia y cómo afecta al organismo
La acondroplasia es una condición genética causada por variantes patogénicas en el gen FGFR3, que participa en la regulación del crecimiento óseo. En las personas con esta condición, la actividad aumentada de ese gen interfiere con el desarrollo normal de los huesos.
Aunque la talla baja es su característica más visible, sus efectos pueden extenderse a distintos sistemas del organismo. Entre las complicaciones asociadas se encuentran la compresión en la unión craneocervical, la apnea obstructiva del sueño, las otitis recurrentes, la pérdida auditiva y las alteraciones ortopédicas.
También puede presentarse una curvatura de las piernas y, especialmente durante la adultez, estenosis del canal vertebral, una condición que puede comprimir estructuras nerviosas.
Por ese motivo, el abordaje médico requiere seguimiento desde los primeros meses de vida y controles adaptados a las necesidades de cada paciente.
La vosoritida abrió una nueva posibilidad de tratamiento
La ANMAT aprobó la vosoritida para el tratamiento de pacientes con acondroplasia desde los cuatro meses de edad. Según la información difundida, su administración demostró un aumento de la talla de entre cuatro y seis centímetros por año, comparable con la velocidad de crecimiento de niños sin acondroplasia.
El medicamento también puede contribuir a mejorar distintas manifestaciones asociadas con la condición. Su incorporación representa un cambio en las posibilidades terapéuticas para una enfermedad en la que, históricamente, el abordaje se concentró en el seguimiento de los síntomas y las complicaciones.
La doctora Florencia Pabletich, especialista en pediatría y genética médica y jefa del Servicio de Genética Médica del Hospital Privado Universitario de Córdoba, explicó que el escenario actual representa un cambio en el abordaje de esta enfermedad.
“En las enfermedades poco frecuentes, no siempre contamos con tratamientos específicos. Muchas veces, nuestra tarea se centra en acompañar a los pacientes y sus familias, aliviar los síntomas y mejorar su calidad de vida. En la acondroplasia, estamos viviendo actualmente un cambio de paradigma, con la única posibilidad terapéutica disponible localmente para favorecer el crecimiento”, señaló.
La especialista remarcó que el desafío consiste en garantizar que los avances lleguen de manera oportuna y equitativa a los niños que tengan indicación de tratamiento.
Por qué el diagnóstico temprano es fundamental
La detección temprana permite organizar los controles médicos y evaluar las alternativas terapéuticas durante las etapas de crecimiento. En la acondroplasia, el seguimiento no debe limitarse a medir la talla, sino que también debe contemplar las posibles complicaciones que pueden aparecer durante la infancia, la adolescencia y la adultez.
La doctora Julieta de Víctor, especialista en genética del Hospital Interzonal Eva Perón de San Martín y del Hospital Materno Infantil de San Isidro, destacó que el objetivo del tratamiento farmacológico va más allá del crecimiento en altura.
“El objetivo del tratamiento farmacológico no es solo crecer en altura, sino mitigar o hasta evitar todas las complicaciones asociadas a la acondroplasia, que implican tiempo, dinero y disminución de calidad de vida para los pacientes y sus familias”, sostuvo.
La médica también señaló la importancia de realizar controles, identificar posibles complicaciones y conversar con cada familia para definir un abordaje personalizado.
La atención multidisciplinaria permite controlar las complicaciones
La acondroplasia requiere la participación de distintas especialidades médicas, según las necesidades de cada paciente. El seguimiento puede incluir pediatría, genética médica, especialistas en crecimiento, neurología, neurocirugía, traumatología, otorrinolaringología y neumonología.
Estos equipos permiten controlar el desarrollo óseo, detectar dificultades respiratorias y auditivas, evaluar posibles alteraciones neurológicas y abordar las complicaciones ortopédicas.
El acompañamiento debe mantenerse a lo largo de las distintas etapas de la vida, ya que algunas manifestaciones pueden requerir tratamientos específicos e incluso intervenciones quirúrgicas.
El objetivo de este enfoque es preservar la salud, favorecer la autonomía y acompañar el desarrollo de cada persona, con una atención adaptada a sus necesidades.
Las familias reclaman un acceso oportuno y equitativo al tratamiento
La disponibilidad de una alternativa terapéutica representa una nueva expectativa para las familias, aunque persisten dificultades para acceder al medicamento.
María Laura Fragnito, presidenta de la Fundación AcondroSer y madre de un niño con acondroplasia, describió las preocupaciones que atraviesa la comunidad.
“La comunidad de familias de personas con acondroplasia está atravesando una montaña rusa de emociones. La acondroplasia no es solamente un problema de estatura: es una condición genética que altera el desarrollo de gran parte del esqueleto y afecta distintos sistemas del organismo”, expresó.
Fragnito también advirtió sobre la importancia del tiempo en el acceso al tratamiento, debido a que la posibilidad de intervenir sobre el crecimiento óseo termina cuando se cierran los cartílagos de crecimiento.
“Hoy existe un tratamiento disponible en nuestro país, pero para la gran mayoría de las familias el acceso sigue estando limitado. Y el tiempo es determinante: cada día sin tratamiento es una oportunidad de crecimiento que no se recupera”, afirmó.
Desde la Fundación AcondroSer trabajan en el asesoramiento y acompañamiento de las familias que atraviesan este proceso.
El derecho a la salud, más allá de la talla
La conmemoración del Día Mundial de la Acondroplasia vuelve a poner el foco en la necesidad de una atención integral que contemple las particularidades de cada persona.
El diagnóstico temprano, los controles médicos periódicos y el acceso a especialistas son elementos centrales para identificar complicaciones y definir las alternativas de tratamiento disponibles.
En ese marco, el desafío señalado por especialistas y familias es que los avances terapéuticos se traduzcan en oportunidades concretas de atención para quienes tengan indicación médica, con el objetivo de favorecer el crecimiento, prevenir complicaciones y mejorar la autonomía y la calidad de vida.
Salud 🩺
Estimulación cerebral: un piloto bajó el deseo por comida, pero no el peso
Un estudio piloto de la USP combinó estimulación eléctrica transcraniana y educación nutricional en 22 mujeres con obesidad. El deseo por comida bajó y se sostuvo seis meses, pero el peso no cambió. El ensayo preveía 65 participantes.
Una estimulación eléctrica suave sobre la frente, aplicada durante cinco días y combinada con educación nutricional, redujo el deseo por comida en mujeres con obesidad. El efecto se sostuvo hasta seis meses después, pero el peso de las participantes no cambió. Así lo informó un estudio piloto de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, que sus propios autores presentaron como preliminar.
El trabajo se realizó en el Laboratorio de Nutrición y Neuromodulación (Lannem) de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto (FMRP-USP) y salió publicado el 12 de septiembre de 2026 en la revista científica Physiology & Behavior. La FAPESP, la fundación de apoyo a la investigación del estado de São Paulo, lo difundió el 13 de octubre.
Cómo fue el ensayo
Participaron 22 mujeres de entre 20 y 40 años con obesidad de grado I o II. Los investigadores las dividieron en dos grupos de 11: uno recibió estimulación transcraniana por corriente continua (tDCS) real y el otro una versión simulada, sin efecto, para comparar resultados. Ni las voluntarias, ni quienes aplicaban la técnica, ni quienes analizaron los datos sabían a qué grupo pertenecía cada una.
La técnica no es invasiva. Consiste en colocar electrodos sobre el cuero cabelludo y hacer pasar una corriente de 2 miliamperios. El electrodo positivo se ubicó sobre la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, una región vinculada con el autocontrol y la toma de decisiones. Cada participante recibió 15 sesiones en cinco días: tres por jornada, de 20 minutos cada una, con pausas de 20 minutos entre ellas.
En paralelo, todas tomaron clases de educación nutricional sobre nutrientes, saciedad, alimentación consciente, lectura de etiquetas, hidratación, sueño, la diferencia entre hambre física y emocional y el tamaño de las porciones.
Qué cambió y qué no
El grupo que recibió la estimulación real mostró una caída del deseo por comida inmediatamente después de la intervención y también en el deseo habitual, medido en los controles al mes, a los tres y a los seis meses. Según el artículo, las diferencias fueron estadísticamente significativas en los dos cuestionarios que se usaron para medir ese deseo.
«La estimulación activa redujo el deseo por comida, tanto justo después de la intervención como a largo plazo, aun sin producir cambios significativos en el peso», explicó la nutricionista Marina Rodrigues Giuliani, primera autora del estudio.
No hubo cambios en el peso, en el índice de masa corporal ni en la composición corporal. Los investigadores dijeron que era un resultado esperable, porque la intervención duró solo cinco días y no incluyó una dieta con restricción de calorías. Tampoco se registraron efectos adversos importantes.
Los dos grupos mejoraron el control consciente de lo que comen y redujeron los episodios de alimentación descontrolada. El equipo atribuyó esa mejora compartida a las clases de nutrición y no a la estimulación.
Los límites del piloto
El registro oficial del ensayo en la plataforma brasileña de ensayos clínicos ReBEC (código RBR-103vw6dh) muestra que el diseño original preveía 65 participantes. Solo 22 completaron todas las etapas del estudio. Según esa ficha, 302 mujeres mostraron interés, 120 fueron evaluadas y 61 llegaron a ser convocadas. Luego hubo 18 abandonos en la primera fase, 15 en la segunda y 6 en la tercera.
El mismo registro indica que el reclutamiento comenzó el 16 de agosto de 2021 y que el ensayo quedó inscripto el 6 de agosto de 2026, es decir, de manera retrospectiva. Las pérdidas impidieron el análisis previsto según una variante genética (COMT Val158Met) vinculada con la respuesta a la técnica. La ficha también consigna que el grupo con estimulación simulada registró reducciones del hambre en una de las escalas usadas.
La médica Vivian Marques Miguel Suen, profesora de la FMRP-USP y directora del trabajo, señaló que la obesidad es una enfermedad difícil de tratar, con alto riesgo de recaída, y planteó la estimulación como una herramienta complementaria y no como un reemplazo del tratamiento. El próximo paso del equipo será probar la estimulación magnética en personas con obesidad y trastorno por atracón.
Un problema que también crece en la Argentina
Las proyecciones del World Obesity Atlas para 2030 que cita el equipo estiman 399 millones de mujeres con obesidad de grado 1 y 244 millones con grado 2 o superior en el mundo.
En el país, la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), realizada en 2018 por el INDEC y el Ministerio de Salud y publicada en octubre de 2019, encontró obesidad en el 25,4% de los adultos según lo que declararon y en el 32,4% según las mediciones físicas. El exceso de peso alcanzó al 61,6% por autorreporte y al 66,1% medido. La prevalencia de obesidad creció casi 75% entre 2005 y 2018. No se publicó una nueva edición de esa encuesta desde entonces.
Lo que tenés que saber:
- Un piloto de la USP aplicó estimulación eléctrica transcraniana y educación nutricional a 22 mujeres con obesidad durante cinco días.
- El deseo por comida bajó en el grupo con estimulación real y el efecto se mantuvo hasta seis meses.
- El peso, el índice de masa corporal y la composición corporal no cambiaron.
- El diseño original preveía 65 participantes y solo 22 completaron el estudio, según el registro ReBEC.
- En la Argentina, la última medición oficial (2018) registró obesidad en el 32,4% de los adultos.
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