Salud 🩺
Alerta por “el aumento del consumo problemático de sustancias» y uso excesivo de las tecnologías en infancias
La SAP asegura que 1 de cada 10 estudiantes consumieron marihuana alguna vez en su vida y casi 4 de cada 10 adolescentes de 13 a 17 años probó alguna droga ilegal antes de los 14 años.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) expresó su preocupación por “el aumento del consumo problemático de sustancias como el alcohol, las bebidas energizantes, el tabaco y la marihuana” así como también por “un uso excesivo de las tecnologías de información y comunicaciones (TICs) como celular, videojuegos y pantallas en general” en niñas, niños y adolescentes.
La toma de postura fue desarrollada en el documento denominado «La Sociedad Argentina de Pediatría y el consumo problemático: una responsabilidad de todos» donde plantearon que el día a día de los consultorios pediátricos demuestra que “los niveles de consumo han aumentado luego de la pandemia».
En el trabajo, aclararon que, aunque muchos de estos consumos están arraigados en todos los grupos etarios, pueden afectar negativamente «sobre todo en los niños, niñas y adolescentes, cuyo organismo se encuentra en pleno desarrollo».
Para Fabio Bastide, prosecretario del Comité Nacional de Adolescencia de la SAP, “es interesante destacar la manera en que se contextualiza el consumo colectivo de una determinada sustancia o TIC, resaltando sus aparentes valores positivos, así se afirma erróneamente: ‘una copa de vino es buena para el corazón’ o ‘la marihuana es natural y se utiliza con fines medicinales, por lo que es menos dañina que el tabaco’”.
La SAP pone el acento en el alcohol, las bebidas energizantes, el tabaco y la marihuana porque “son las que más consumen los y las adolescentes y jóvenes actualmente en Argentina” basándose para ello en una encuesta de Sedronar de 2017, “pero se pueden agregar como consumos problemáticos y adicciones conductuales el uso de tecnologías de información y comunicaciones (TICs) y nuevas tecnologías, que se incrementaron durante y después de la pandemia”.
“La Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE 11) y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5) encuadran el uso problemático de las TICs como parte de las adicciones comportamentales”, sostuvo Nora Poggione, médica pediatra especializada en Adolescencia y Secretaria del Comité Nacional de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Por otro lado, de acuerdo con los datos de la Encuesta Mundial de Salud Escolar del año 2018 (EMSE), la mitad de los estudiantes de 13-17 años bebieron alcohol en los 30 días previos al sondeo, siendo mayor en el grupo de 16-17 años (67,6%) que en el de 13-15 (47,7%).
“El alcohol es la primera causa de cirrosis, daño cerebral, alteraciones en el sueño y el comportamiento, lesiones en la vía pública y relacionadas a la violencia; su consumo durante el embarazo y la lactancia puede configurar una de las primeras causas de retraso mental prevenibles”, dijo Silvia Cabrerizo, Secretaria del Grupo Nacional de Trabajo de Consumos Problemáticos de la SAP.
Según el mismo trabajo EMSE, en promedio 1 de cada 10 estudiantes consumieron marihuana alguna vez en su vida y casi 4 de cada 10 adolescentes de 13 a 17 años probó alguna droga ilegal antes de los 14 años.
“En niños, niñas y adolescentes con el consumo de marihuana pueden aparecer síntomas psicóticos, alteraciones cardiovasculares y alteraciones del neurodesarrollo, alteraciones de la memoria, de la concentración e incluso, cuando se usa en forma crónica, puede producir ‘anhedonia’, que es la incapacidad de poder disfrutar de las actividades o situaciones que en el pasado sí resultaban placenteras”, describió María Eugenia Braschi, miembro del Grupo Nacional de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría.
Además, el 20,4% estudiantes de 13 a 17 años consumió algún producto de tabaco durante los últimos 30 días, siendo más frecuente en mujeres que en varones.
Poggione afirmó que hoy en día «una de las formas de incorporación de nicotina y derivados del tabaco se da a través del uso de dispositivos de vaporización denominados cigarrillos electrónicos y ‘vapeadores’”, una modalidad que “suma a los efectos tóxicos del tabaco la de los demás componentes de los aceites, saborizantes y otras sustancias que vaporizan”.
“Las bebidas energizantes, contienen alta cantidad de azúcares y cafeína -entre otras sustancias- y no ofrecen ningún beneficio para la salud de los y las adolescentes. Sus múltiples componentes pueden facilitar la aparición de efectos adversos y tóxicos si se combinan con medicamentos de uso habitual y otras sustancias. En nuestro país, está prohibida su venta a menores de 18 años, pero esto no se cumple en la práctica y es frecuente su uso en la adolescencia temprana como ‘ritual de iniciación’ de esa etapa de la vida”, expresó Bastide.
DDHH
Día de la Salud Mental: Milei recorta el presupuesto y la Defe advierte que las infancias padecen
La Argentina bajo el régimen libertario destinó apenas el 1,27% del gasto total en salud al área de salud mental, cuando la ley fija un mínimo del 10%.
Mientras el gobierno de Javier Milei recortó el gasto primario un 31% desde diciembre de 2023, la inversión en salud mental de niñas, niños y adolescentes continúa por debajo del 10% del presupuesto sanitario total que exige la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657, según registros de organismos especializados.
El contexto no es menor: cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental convoca a gobiernos y organizaciones a visibilizar una deuda que, en la Argentina de hoy, tiene nombre y apellido institucional.
La Defensoría de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes de la Nación (conocida como La Defe, con sede en ladefe.gob.ar) publicó este 10 de octubre el dossier «Malestares Contemporáneos«, un material de análisis y reflexión sobre las problemáticas de salud mental que atraviesan las infancias y adolescencias argentinas. A través de su cuenta de Instagram, el organismo sostuvo que «escuchar a niñas, niños y adolescentes es reconocer sus derechos, tener en cuenta sus experiencias y construir respuestas que contemplen sus realidades».
Escucha activa como política de Estado
El dossier parte de una premisa que debería ser elemental pero que el ajuste sistemático del Estado hace cada vez más esquiva: la escucha activa de las infancias no se agota en habilitar la palabra, sino que implica incorporar sus opiniones en las decisiones que afectan sus vidas y promover espacios de participación, cuidado y acompañamiento. Los malestares no pueden comprenderse de manera aislada: sus contextos sociales, culturales, institucionales y vinculares son determinantes para construir respuestas integrales, señala la Defensoría.
El organismo, creado por la Ley 26.061 de Protección Integral de Derechos, lleva años advirtiendo que la salud mental de niñas, niños y adolescentes es una deuda pendiente de las políticas públicas argentinas. Y lo que en otros momentos era una advertencia, hoy se convierte en una urgencia documentada.
La Defe y la OPS: un acuerdo que llega tarde pero es necesario
El 12 de agosto de 2026, la representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Argentina, Eva Jané Llopis, y el jefe de Gabinete de la Defensoría, Sebastián Medina, firmaron un acuerdo marco para fortalecer las políticas públicas en salud mental, salud sexual y reproductiva, prevención de violencias e inmunizaciones dirigidas a niños, niñas y adolescentes. En el marco de ese convenio, la OPS capacitó a profesionales de la Defensoría en el uso de un kit de abordaje comunitario de la salud mental adolescente, con el objetivo de multiplicar esa herramienta en distintas jurisdicciones del país.
El acuerdo representa un avance institucional relevante en un contexto en que el financiamiento efectivo del sector cae muy por debajo de lo que la ley ordena. Según datos de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), la Argentina destinó apenas el 1,27% del gasto total en salud al área de salud mental, cuando la ley fija un mínimo del 10%.
El ajuste tiene un costo en salud mental infantil
Las cifras del impacto sobre las infancias son contundentes. Estudios recientes relevados por la Cámara de Diputados de la Nación advierten que entre el 10% y el 15% de los adolescentes en Argentina padece algún tipo de trastorno de conducta alimentaria (TCA), y que los datos del sistema de salud registran cientos de internaciones anuales de niñas, niños y adolescentes por riesgo suicida. El Hospital Nacional de Salud Mental Laura Bonaparte, de referencia nacional, opera en condiciones de creciente restricción presupuestaria.
La experta Alejandra Barcala, con maestría en Salud Mental de la Universidad Nacional de Lanús, lo sintetizó con precisión en un encuentro organizado por la propia Defensoría: «Hay que pensar la salud mental desde que los niños son sujetos de derechos, no en forma tutelar ni acciones caritativas. La salud mental es una deuda pendiente que tenemos en las políticas públicas». En la misma línea, Amelia López, defensora de Niños, Niñas y Adolescentes de Córdoba, sostuvo que «las crisis de salud mental deben ser miradas de manera integral desde una perspectiva de derechos».
Un organismo que trabaja sin titular desde hace más de catorce años
La Defensoría Nacional de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes funciona con las autoridades designadas en 2019, en un organismo que, tal como advirtió la Defensoría General de la Nación en julio de 2026, arrastra «una deuda con la niñez» que data de hace más de catorce años, cuando la figura fue creada por la Ley 26.061. El Congreso aprobó un orden de mérito en octubre de 2025, pero los plazos procesales para la designación formal fueron venciendo sin resolución ejecutiva. La omisión fue señalada por organismos internacionales, incluido el Comité sobre Derechos del Niño de Naciones Unidas.
El contraste entre el mensaje del Día Mundial de la Salud Mental y la realidad institucional argentina es elocuente: mientras el organismo diseñado para defender los derechos de las infancias pide ser plenamente constituido, el presupuesto para atender la salud mental de esas mismas infancias se aleja de los estándares legales. Escuchar a las niñeces, como propone el dossier de La Defe, requiere algo más que publicar un material: requiere un Estado presente, financiado y con decisión política.
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