Elecciones
Pullaro gana pero sangra: perdió medio millón de votos en solo un año de gestión
El armado de Karina Milei fracasó y quedó en tercer lugar, algo que podría replicarse en varios distritos importantes del país. En cambio, Amalia Granata se consolidó como figura opositora, ganando en 9 de 19 departamentos.
Las elecciones constituyentes en Santa Fe dejaron un mapa político con claros ganadores y perdedores, donde el gobernador Maximiliano Pullaro logró imponerse pese a perder medio millón de votos respecto a 2023, mientras La Libertad Avanza quedó relegada al tercer lugar, confirmando las tensiones entre Karina Milei y Amalia Granata.
La victoria agridulce de Pullaro
El gobernador radical celebró un triunfo que, aunque contundente con el 34,61% de los votos, evidencia un desgaste significativo en su primer año de gestión. Su frente Unidos obtuvo 28 de las 50 bancas en juego por distrito único, más 5 escaños departamentales, quedando a solo dos bancas de la mayoría absoluta necesaria para controlar la reforma constitucional.
«Perdió 500.000 votos respecto a 2023, cuando obtuvo más de un millón de sufragios», señaló Granata, quien destacó que al gobernador «le fue muy mal justo en Rosario», epicentro de la crisis narco que su administración prometió resolver mediante el cuestionado «Plan Bandera».
El factor Granata y la derrota libertaria
La diputada provincial y ahora convencional electa Amalia Granata se posicionó como una figura clave al obtener el cuarto lugar con el 12,35% de los votos. Su espacio Somos Vida logró imponerse en 9 de los 19 departamentos provinciales, superando ampliamente a La Libertad Avanza, que quedó relegada al tercer puesto.
«Con Javier siempre tuve una excelente relación», afirmó Granata, quien no dudó en apuntar contra la secretaria General de la Presidencia: «Hay gente que entiende de política y otra que llegó sin entender nada. Karina Milei es la que arma y desarma, y no sé qué problemas tiene conmigo».
Un peronismo fragmentado que resiste
El peronismo, dividido en tres espacios, logró posicionarse como segunda fuerza provincial. El frente Más para Santa Fe, liderado por Juan Monteverde, obtuvo el 14,76% de los votos, superando a La Libertad Avanza y consolidándose especialmente en Rosario, donde venció incluso al oficialismo.
Participación histórica por lo baja
La jornada electoral marcó un récord negativo: solo el 55,61% del padrón concurrió a las urnas, el porcentaje más bajo desde el retorno de la democracia en 1983. Esta cifra refleja el desinterés ciudadano y plantea interrogantes sobre la legitimidad del proceso constituyente.
Lo que viene para Santa Fe
De cara a la convención constituyente, Pullaro deberá negociar para lograr la aprobación de la reelección, principal objetivo de la reforma. Sin embargo, Granata advirtió que «aunque se apruebe, no sé hasta qué punto puede ser reelecto porque en un año perdió 500.000 votos» y llegará a 2027 «muy desgastado».
Puntos clave:
- Pullaro ganó con 34,61% pero perdió medio millón de votos respecto a 2023
- La Libertad Avanza quedó tercera, evidenciando el fracaso de la estrategia de Karina Milei
- Granata se consolidó como figura opositora, ganando en 9 de 19 departamentos
- La participación electoral fue la más baja desde 1983: solo 55,61%
- El peronismo, aunque dividido, logró posicionarse como segunda fuerza
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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