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AEFIP es mojón para el sector público: consiguió casi el 60% de mejora salarial
El sindicato firmó el acuerdo adicional con un mes de anticipación a la revisión salarial que deberán realizar en enero próximo sobre sus convenios.
El titular de la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (Aefip), Pablo Flores, y las autoridades del organismo recaudador acordaron en paritarias una mejora salarial de casi el 60 por ciento, lo que, destacó, representa «el guarismo más elevado obtenido hasta ahora en el sector público y marca el camino para 2022».
El dirigente del gremio que agrupa a los trabajadores de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) convino una recomposición salarial del 59,18 por ciento, luego de revisar el acuerdo firmado hacia mitad de año y sumar otros 9 puntos.
Flores, también titular de la secretaria de Defensa al Consumidor del consejo directivo de la CGT, informó que ese adicional se percibirá en enero y febrero próximos. El gremio aseguró en un comunicado que el acuerdo salarial fue consecuencia del «entendimiento y diálogo entre las partes», y señaló que «es razonable y satisfactorio».
El sindicato firmó el acuerdo adicional con un mes de anticipación a la revisión salarial que deberán realizar en enero próximo sobre sus convenios la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) que conducen a nivel nacional Hugo Godoy y Andrés Rodríguez, respectivamente.
Por Alejo Brignole*
La agresión brutal contra las trabajadoras trans en los Bosques de Palermo madrugada del domingo 1 de noviembre de 2026, no puede entenderse como un hecho policial aislado, un mero brote de locura individual o un emergente azaroso de ciertamarginalidad nocturna.
En la Argentina actual, este tipo de ataques representa el espejo de la violencia social planificada desde las estructuras del poder formal. La agresión física en el espacio público es el correlato directo y material de una violencia discursiva e institucional que expresa diariamente el Poder Ejecutivo. Es decir, Javier Milei y su psicótico y sumiso entorno.
Cuando el Estado desmantela las políticas de protección, estigmatiza las identidades diversas y valida el sálvese quien pueda como única brújula moral, el tejido social se desgarra y legitima la violencia y el odio contra los sectores históricamente más vulnerados.
Para diseccionar la profundidad de esta ofensiva cultural y económica, resulta útil recurrir a las herramientas que la psicología profunda y la sociología política nos han legado. En su vasta obra sobre la estructura de la psique, Carl Gustav Jung describió el ánima como el correlato femenino inconsciente en el hombre, y el ánimus como el elemento masculino inconsciente en la mujer. Y, –creo yo– estas dos energías arquetípicas, resultan sincréticas –cooperativas y complementarias– en el género trans.
Estas categorías no representan meros roles de género biológicos, sino fuerzas energéticas, arquetipos de sensibilidad, acción, receptividad y logos que habitan en el inconsciente colectivo. Autores contemporáneos que han analizado la intersección entre psicoanálisis y política (como los teóricos de la Escuela de Frankfurt) señalan que el capitalismo tardío —en su versión ultraindividualistay de mercado— exaltan la violencia masculina (el ánimus) como modelo social y operante. Por la misma razón, el modelo de Milei exalta un ánimuspatológico: una racionalidad instrumental desalmada, una competitividad destructiva, el culto a la fuerza abstracta del dinero y un desprecio absoluto por el cuidado mutuo, que tradicionalmente se asocia al principio del ánima, lo femenino y dador de vida.
En este escenario de devastación material y simbólica, el género trans adquiere una centralidad no solo identitaria, sino estrictamente geopolítica y revolucionaria. Al romper con el modelo cultural binario y transitar con audacia las fronteras de lo masculino y lo femenino, las identidades transencarnan una confluencia única de las energías del ánima y del ánimus. No se trata de una fusión pasiva, sino de una síntesis dialéctica y disruptiva: la fuerza y la determinación para disputar el espacio público (atributos masculinos) unidas a la profunda empatía, la lógica del cuidado comunitario y la defensa de la vida (atributos del ánima femenina).
Como explican teóricas de la talla de Judith Butler en Deshacer el género (libro de 2004), los cuerpos que desafían las normas matrices del Estado no solo ponen en crisis la noción biológica del sexo, sino que desestabilizan las estructuras de dominación que sostienen al propio sistema económico. La existencia trans es, en sí misma, un acto de resistencia colectiva frente a la homogeneización que el capital necesita para disciplinar a la fuerza de trabajo.
Esta síntesis arquetípica dota a la comunidad transde una potencia política inédita en este momento histórico de la Argentina. Frente a un gobierno que avanza en la destrucción planificada del Estado nacional, las instituciones públicas, las universidades y los sistemas de salud, la resistencia no puede limitarse a los viejos métodos de la política tradicional y burocrática, muchas veces domesticada por el miedo o la conveniencia. El sujeto trans, habituado a sobrevivir en los márgenes y a construir redes de subsistencia allí donde el mercado solo ofrece exclusión, posee la agudeza social necesaria para diagnosticar la crueldad del régimen actual. Por lo tanto, no se trata únicamente de reclamar cupos o derechos sectoriales; el desafío histórico actual es asumir un rol de vanguardia y conducción en un frente amplio de resistencia popular. ¡Hoy el colectivo trans tiene del poder de salir todo junto a la calle y decir “¡Fuera Milei, aunque nos cueste la vida”!
Esta oportunidad histórica de liderar una transformación profunda no puede concretarse de manera aislada. La potencia política del movimiento trans encuentra su aliada natural y estratégica en las feministas: aquellas mujeres realmente politizadas que entienden que la emancipación no pasa por el feminismo liberal de gestión o de mera representación institucional, sino por la lucha de clases, la defensa del territorio y la soberanía popular.
Autoras fundamentales como Silvia Federici, en su célebre libro Calibán y la bruja, han demostrado históricamente cómo el desarrollo del capitalismo requirió el disciplinamiento violento de los cuerpos de las mujeres y la destrucción de los lazos comunitarios. La convergencia entre el feminismo popular politizado y el movimiento transrepresenta la unión de las fuerzas que el sistema necesita atomizar para reinar. Cuando la combatividad de las mujeres organizadas en los barrios, las fábricas, las aulas y las calles se articulecon la insurgencia vital de las identidades trans, se dará forma a un bloque histórico capaz de impugnar de raíz el proyecto neofascista.
El horizonte de esta alianza es nítido y urgente: la defensa del Estado nacional frente a su desmantelamiento total y el desplazamiento, mediante la movilización popular y legítima contra un gobierno que aniquila a una Nación entera. La pulverización de los salarios, el hambre planificadaen los comedores populares, el abandono de los pacientes oncológicos y la entrega de los recursos naturales a los capitales transnacionales configuran un escenario de tierra arrasada que compromete la supervivencia misma de las futuras generaciones. Ante la magnitud de este ataque, la respuesta debe ser proporcionalmente contundente. La organización popular tiene el derecho y el deber ético de poner freno a la barbarie y recuperar las riendas del destino común, barriendo con los experimentos teóricos que utilizan a la población como material de descarte.
La historia enseña que las grandes transformaciones y las revoluciones no surgen de los despachos oficiales ni de los consensos biempensantes de las élites, sino de las periferias, de los cuerpos agredidos que deciden decir basta y organizar su rabia. El dolor por las compañeras atacadas en los Bosques de Palermo debe transformarse en combustible político y en lucidez estratégica. La confluencia arquetípica de las energías psíquicas y sociales en el sujeto trans, sumada a la experiencia acumulada del feminismo popular y combativo, ofrece a la Argentina la oportunidad de construir una alternativa política real. Es la hora de consolidar ese frente unificado en las calles, de disputar el sentido de la Patria y de liderar una reacción colectiva que acabe con este modelo necrófilo… ¡Serán quizás, ustedes, hermanas trans, las elegidas para la liberación nacional!
Ojalá no pierdan esta histórica oportunidad.
*Alejo Brignole es escritor, analista internacional y miembro de la “Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad».
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