Movimientos Sociales
Organizaciones sociales reclaman a Copal el cumplimiento de Precios Justos
Lo hicieron tras relevar y detectar faltantes de productos del programa Precios Justos en cadenas de supermercados debido, a que empresas productoras no cumplen con la entrega de stock.
El Movimiento Popular La Dignidad, junto con varias organizaciones sociales, presentaron este martes un petitorio en la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) para reclamar el abastecimiento de productos del programa Precios Justos, tras detectar faltantes en las góndolas.
Lo hicieron tras relevar y detectar faltantes de productos del programa Precios Justos en cadenas de supermercados debido, a que empresas productoras no cumplen con la entrega de stock.
«El problema de los alimentos en nuestro país lo generan 25 empresas que producen y comercializan más del 60% de lo que consumimos los argentinos y argentinas», explicó Rafael Klejzer, referente del Movimiento Popular La Dignidad.
En declaraciones, Klejzer dijo que «en Capital y Conurbano bonaerense vemos un alto faltante de productos de acceso masivo de muy alta rotación, como aceite, puré de tomate, azúcar, harina, rollo de papel, agua embotellada».
Remarcó que «no hay un problema de stock de alimentos en Argentina, por el contrario hay mucha producción de alimentos» en el país, y argumentó que los productos que no se consiguen en supermercados a Precios Justos sí están en los comercios de proximidad, a otro precio: «Lo que es inexistente es el precio justo de esos alimentos, vas a la vuelta y lo encontrás», afirmó.
Klejzer consideró que «el programa Precios Justos frente a la emergencia es correcto, pero tiene que ser transicional hacia nuevas formas de intervención estatal para regular los precios» y aplicar «una serie de herramientas que desconcentran el mercado, el Estado debería apuntar ahí».
El relevamiento incluyó 218 establecimientos de la Ciudad de Buenos Aires y localidades bonaerenses: Avellaneda, San Isidro, Quilmes, José C Paz, Berazategui, San Martín, Tigre, Florencio Varela, La Matanza, Hurlingham, San Fernando y Merlo.
Del mismo surgió que en ninguna boca de expendio de los supermercados adheridos al programa se registra un cumplimiento mayor al 70%, y que «el supermercado que más se acerca es Coto, con el 69,79%, pero algunos no llegan al 50%».
«Verificamos que los faltantes tienen en su mayoría gigantes empresas productoras. Más de la mitad de los bienes producidos por Molinos Río de la Plata y Molinos Cañuelas presentan grandes problemas de stock en góndola. El producto estrella de ambas empresas, el aceite», indicó el informe.
Detalló que las empresas que menos cumplen el acuerdo según stock de productos son Ledesma, con un incumplimiento de 58,33%; Molinos Río de La Plata 57,41%; Molino Cañuelas 55,73%; Papelera Samseng 53%; Productos de Agua SA 47% y Arcor 46%.
Por otra parte, se observó que «en las zonas donde los productos de primera necesidad son mas consumidos, es donde más faltantes encontramos: en la zona sur de la capital, y en la zona oeste y sur del conurbano bonaerense; y donde menos se consume encontramos el mayor cumplimiento».
Al respecto, detallaron que el incumplimiento en zona sur y zona oeste del conurbano es de 48,38% y 44,75% respectivamente, mientras que en zona norte es de 14,81%; y que dentro de la Ciudad de Buenos Aires el incumplimiento es de 33% en zona norte, 37% en zona centro y 40% en los barrios del sur.
El relevamiento también analizó el incumplimiento por producto y en este aspecto detectó la mayor cantidad de faltantes en las góndolas en los siguientes productos: aceite 97,1%, rollo de cocina 85,39%, jabón en polvo 84,75%, fideos 47,74%, arroz 45,74%, azúcar 45,27%, puré de tomate 37,10%, gaseosa 36,96%, agua 32,09%, harina 29,99%, yerba 21,78% y leche 16,53%.
La organización indicó que «en sólo dos semanas pudimos relevar gran parte de los barrios porteños y todos los municipios del conurbano bonaerense, y advertimos un grave incumplimiento del acuerdo de precios».
«No se encontraron sobreprecios» sino que «algunas causas del incumplimiento son problemas en la cartelería o productos gemelos con diferencias casi imperceptibles, pero en la mayoría de los casos hallamos faltantes o problemas de stock», detalló.
«Por eso, este primer informe tiene como objetivo visibilizar este problema y cuantificarlo; en las próximas semanas ampliaremos la muestra a más provincias y observaremos el verdadero impacto del programa en la economía a nivel nacional», concluyó.
Boxeo
El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre
Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.
Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.
Unas tres semanas antes de su muerte, en el programa TVR, que se emite por C5N, Castro puso en números la magnitud de esa tarea. «Teníamos 2.100 personas hace dos años y medio atrás; ahora tenemos 6.400. Se triplicó la cantidad», explicó. Y advirtió que la cifra ya había quedado corta: «Hoy hay mucho más porque hay caras nuevas. Ahora estamos anotando de nuevo a todos los que van a comer, y va mucha gente grande».
«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»
Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.
Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.
De una olla a 14 comedores
Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Con el gimnasio comencé en la pandemia con la olla popular. Hicimos una olla, después pusimos dos y terminamos haciendo seis. Hicimos el primer comedor y hoy tenemos 14 comedores y nueve merenderos: cuatro comedores son nuestros y a otros diez los abastecemos», relató en TVR. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central a buscar mercadería.
Conocía de memoria la rutina de cada barrio: «Los chicos salen del colegio y van a tomar su merienda, porque nosotros damos almuerzo, no damos cena. A mí no me gusta decirle ‘villa’, estamos en lugares humildes donde la gente puede andar muy bien de día, pero de noche ya es medio peligroso. Entonces nosotros damos de morfar al mediodía y a la tarde toman la merienda».
Los viernes de la fila
La entrega de mercadería tenía su propio método. Los miércoles repartía números para que el viernes cada uno retirara su bolsa, y hasta ponía orden en persona: «En la cola a veces se pelean por entrar, entonces salgo y les digo: ‘Vos viniste recién, andá al fondo y hacé la cola'».
Lo que más lo impactaba era quiénes formaban esa fila. «Cuando reparto mercadería los viernes, vas a mi gimnasio y hay 1.000 personas. Y son toda gente grande, no son pendejos; va toda gente grande a buscar morfi. Yo les doy siete productos y la gente se va contenta y te agradece. Me pone contento que la gente se pueda llevar algo para pasar el fin de semana», contó.
La ayuda no se limitaba a la comida. «El argentino siempre fue solidario con nosotros. Siempre que a mí me piden comprar una silla de ruedas, muletas o remedios, lo hacemos porque hay mucha gente que lo necesita», explicó. La demanda, de todos modos, lo superaba: «No damos abasto. No llega», lamentaba. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía al ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato.
«Nación no nos ayuda en nada»
Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».
En TVR fue todavía más lejos: «Sé que la estamos pasando mal en este Gobierno. Ojalá que venga otro gobierno, porque este puso esa motosierra y los está serruchando a todos: a los jubilados, a los discapacitados». Los jubilados eran, para él, la cara más cruda del ajuste. «Trabajaron tanto para jubilarse, para tener un buen pasar, y tienen un pasar de mierda. Un jubilado cobra 380.000 pesos y todos los meses y todos los días te aumentan las cosas. Vas a un supermercado y todos los días aumentó algo», describió.
Incluso fue a ver con sus propios ojos las marchas de los miércoles frente al Congreso: «A mí me da bronca porque yo fui un miércoles a ver a los jubilados, para ver cómo los reprimían. Esta gente manda a reprimir a todos los pobres; gente grande que va a defender lo suyo». Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».
Morón, el último proyecto
En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red: «El que quiera donar, con poquito que nos llegue, nos ayuda». Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.
Lo que tenés que saber:
- Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
- Sostenía 14 comedores, cuatro propios y diez abastecidos, y nueve merenderos.
- Unas tres semanas antes de morir contó en TVR que la asistencia se triplicó, de 2.100 a 6.400 personas, con cada vez más gente grande.
- Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que la motosierra golpeaba a jubilados y personas con discapacidad.
- Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
-
Boxeo1 díaEl Roña Castro murió tras descompensarse en el Bingo de Morón: investigan las causas
-
Fútbol & Goles!1 díaMucha posesión, poco arco: por qué Boca no pudo con Vasco ni con un hombre de más
-
CABA1 díaMano dura como bandera: Jorge Macri suma 600 policías y se burla de sus críticos
-
Papa León XIV1 díaEl Gobierno sostiene el operativo por León XIV pese al diagnóstico del Papa
-
Papa León XIV1 díaLeón XIV despertó lúcido tras la cirugía y el Gobierno se aferra a la visita
-
Servicios6 díasEl Sarmiento vuelve recién el martes, el servicio estará suspendido tres días por obras
-
Alimentación1 díaLas canastas subieron 40% interanual y el salario mínimo no alcanza: los datos del INDEC que Milei no muestra
-
Gestión1 díaMasaragian, tercer titular de Discapacidad en tres semanas: un área a la deriva
