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Legislativo

Diputados rechazó el veto de Milei a la emergencia pediátrica

La Cámara Baja logró los dos tercios necesarios para insistir con la ley del Hospital Garrahan mientras continúa el debate sobre el financiamiento de las universidades públicas. El PRO ratificó su apoyo al Gobierno de Milei.

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⬛ La Cámara de Diputados comenzó este miércoles una extensa sesión especial que se proyecta hasta pasada la medianoche para tratar de revertir los vetos presidenciales a las leyes de financiamiento universitario y declaración de emergencia pediátrica. Con 132 legisladores presentes al inicio del debate, la oposición necesita alcanzar los dos tercios de los votos para lograr la insistencia en ambas normativas.

La sesión arrancó a las 13 horas con una agenda de 13 puntos que incluye, además de los dos vetos principales, el tratamiento de pedidos de informes a funcionarios del Gobierno por presuntas coimas en la ANSES, la creación de una comisión investigadora sobre el fentanilo contaminado y el rechazo a varios decretos presidenciales.

El PRO ratifica su apoyo a Milei

El bloque del PRO, principal aliado del Gobierno, confirmó tempranamente su posición a favor de sostener los vetos presidenciales. La diputada porteña Silvana Giudici defendió la gestión libertaria y aseguró que «es mentira que el Gobierno venía a hacer desaparecer la UBA» porque ya implementó «aumentos y transferencias» al sistema universitario durante 2024.

Sin embargo, su compañera de bancada Silvia Lospennato reconoció que «la mayoría de los que estamos acá hubiéramos preferido evitar esta sesión» y destacó la importancia tanto del Hospital Garrahan como de la universidad pública para las familias argentinas.

La oposición busca voltear los vetos

El jefe del bloque de Encuentro Federal, Miguel Ángel Pichetto, anticipó que «hay un número bastante cercano para que se dé» el rechazo a los vetos y criticó la falta de debate presupuestario: «No hemos tenido nunca, en estos dos años de Gobierno, la posibilidad de debatir un Presupuesto nacional y definir cuáles son las prioridades».

Rodrigo de Loredo, de la UCR, subrayó que «el Garrahan es el único hospital pediátrico que tiene el Estado nacional» y remarcó que «más del 50% de los pacientes son del interior», mientras que Facundo Manes, de Democracia para Siempre, advirtió que «estamos siendo gobernados por gente con pensamiento medieval».

Críticas al Gobierno desde distintos sectores

La diputada salteña Pamela Calletti, de Innovación Federal, cargó contra la administración libertaria: «No se puede gobernar a base de vetos y eso lo tiene que entender el Gobierno. Este Gobierno no sólo falta a la palabra, sino que utiliza la mentira como herramienta».

Una voz particularmente crítica fue la del diputado sanjuanino Carlos D’Alessandro, quien integró originalmente el bloque de La Libertad Avanza y ahora forma parte de Coherencia: «Votar en contra del Garrahan es romper el equilibrio moral», declaró al cuestionar el asesoramiento que recibió el Presidente para vetar la ley pediátrica.

Los números en juego

Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, la ley de emergencia pediátrica tendría un impacto presupuestario de $133.433 millones anualizados, mientras que el financiamiento universitario alcanzaría los $1.959.974 millones, equivalentes al 0,23% del PBI.

La Coalición Cívica, a través de su jefe de bloque Juan Manuel López, confirmó que votará «en contra de los vetos» y cuestionó que «se ajuste en los niños con enfermedades complejas».

Puntos clave:

• La oposición necesita 172 votos para lograr los dos tercios y rechazar cada veto
• El PRO mantiene su apoyo al Gobierno pese a reconocer la importancia de las instituciones en debate
• La sesión incluye 13 puntos en el temario y podría extenderse hasta 14 horas
• El Hospital Garrahan atiende más del 50% de pacientes del interior del país
• La ley universitaria representa apenas el 0,23% del PBI según la OPC

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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