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Legislativo

El Frente de Todos insiste con la regulación de los deliverys de aplicaciones

Luego del repudio que generó el proyecto en el Senado bonaerense, el oficialismo intentará llevar la discusión al Congreso de la Nación.

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Diputados nacionales del Frente de Todos presentaron un proyecto de ley que propone la creación de un Registro Nacional para trabajadores de plataformas en aplicaciones. Tendría el aval del Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRePa).

La diputada oficialista María Rosa Martínez es la impulsora de la iniciativa, que en sus fundamentos resaltó la falta de protección estatal del sector: «No gozan de ningún derecho ni protección conforme lo previsto por nuestra Constitución Nacional, la Ley de Contrato de Trabajo, los Convenios Colectivos de Trabajo, ni por ninguna legislación en materia laboral, encontrándose en un estado de desprotección y vulnerabilidad total».

Para Martínez, «los trabajadores y las trabajadoras de las aplicaciones como Glovo, Rappi, Pedidos Ya o Uber Eats, entre otras, desarrollan su actividad a través del uso de algún tipo de transporte, ya sea bicicleta, moto o auto, que no es provista por las APP para las cuales trabajan, no poseen cobertura ante accidentes de trabajo, ni compensaciones económicas por ello» y agregó: «Tampoco cuentan con licencias laborales, límite a la jornada laboral, aguinaldo y vacaciones».

Además, apuntó contra el gobierno del ex presidente Mauricio Macri al decir que su política económica favoreció el desarrollo de esta modalidad: «Con el cambio de gobierno en diciembre de 2015, se modificó la política económica, propiciando un escenario más favorable para el ingreso de inversión extranjera directa, particularmente por la flexibilización de sistemas de pagos al exterior».

Desde entonces, se aceleró el ingreso de nuevas plataformas y filiales de empresas extranjeras al mercado argentino, en un contexto de deterioro ostensible del mercado de trabajo. A esta nueva dinámica de organización del trabajo subyace la idea de un ‘emprendedurismo’ muy característica del neoliberalismo económico, que considera a
los/as trabajadores como agentes competitivos con incentivos egoístas, responsables de su propio desarrollo o carrera», continuó la legisladora.

Acompañada por la diputada Vanesa Siley, Martínez se reunía hoy con representantes del SiTraRePa, que si bien alegaron que el proyecto puede ayudar a mejorar las condiciones de trabajo, no sería suficiente. La problemática resonó en las últimas semanas con una fuerte protesta de un grupo de deliverys de aplicaciones en la ciudad de La Plata.

En el Senado bonaerense, el legislador provincial Omar Plaini presentó un proyecto para regular la actividad, lo que generó un fuerte repudio por parte de Juntos por el Cambio y los libertarios, además de una movilización por parte de los trabajadores. La iniciativa quedó congelada.

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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