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Intervienen Casa de Moneda por seis meses para optimizar su funcionamiento

Pedro Daniel Cavagnaro, designado como interventor, asumirá el 1 de noviembre y tendrá amplias facultades, incluyendo la renegociación de contratos y la evaluación de convenios laborales.

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El Gobierno nacional decidió intervenir la Sociedad del Estado Casa de Moneda por un período de 180 días con el objetivo de “reorganizar y optimizar su funcionamiento”. La medida, oficializada en un decreto publicado en el Boletín Oficial, responde a la emergencia pública en materia económica, administrativa y social que se decretó en diciembre de 2023.

Una estrategia de reestructuración de empresas estatales.

La intervención de Casa de Moneda se enmarca dentro de un plan más amplio de reorganización de empresas públicas que el Gobierno implementa desde hace casi un año. Este proceso incluyó la modificación de la estructura jurídica de varias sociedades estatales, orientada a una mejora en la gestión y eficiencia de los servicios que brindan.

El decreto, firmado por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo, designó como interventor al doctor Pedro Daniel Cavagnaro, quien asumirá sus funciones el 1 de noviembre. La tarea de Cavagnaro será reorganizar las operaciones de la empresa en áreas clave, renegociando contratos esenciales y evaluando la estructura administrativa.

Facultades especiales para el interventor.

El Gobierno le otorgó amplias facultades al interventor. Entre sus principales responsabilidades se encuentra la renegociación de contratos para asegurar la continuidad de servicios como la impresión de pasaportes, chapas-patentes y estampillas. También tendrá la facultad de evaluar y modificar los convenios laborales y de rediseñar la estructura administrativa de la Casa de Moneda.

Además, Cavagnaro deberá realizar una auditoría integral de las instalaciones y los bienes de la empresa, cuyo objetivo será brindar un diagnóstico detallado sobre el estado actual de la institución.

Modernización y adaptación al contexto actual.

La intervención busca, además de cumplir con las normas vigentes, actualizar el objeto social de la Casa de Moneda y adecuar sus actividades a las necesidades actuales del mercado. Según el decreto, la intención del Gobierno es fortalecer el rol y la competitividad de la Casa de Moneda en el ámbito nacional e internacional.

Para monitorear los avances de la intervención, Cavagnaro deberá presentar al Ministerio de Economía un informe de situación inicial junto con un plan de acción, que detallará las estrategias a seguir para la reorganización de la Casa de Moneda. El decreto también contempla un ajuste del presupuesto general para cubrir los nuevos requerimientos de la empresa durante el período de intervención.

Boxeo

El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre

Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.

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"Nación no nos ayuda en nada": el Roña Castro hacía lo que el gobierno de Milei dejó de hacer.

Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.

Unas tres semanas antes de su muerte, en el programa TVR, que se emite por C5N, Castro puso en números la magnitud de esa tarea. «Teníamos 2.100 personas hace dos años y medio atrás; ahora tenemos 6.400. Se triplicó la cantidad», explicó. Y advirtió que la cifra ya había quedado corta: «Hoy hay mucho más porque hay caras nuevas. Ahora estamos anotando de nuevo a todos los que van a comer, y va mucha gente grande».

«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»

Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.

Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.

De una olla a 14 comedores

Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Con el gimnasio comencé en la pandemia con la olla popular. Hicimos una olla, después pusimos dos y terminamos haciendo seis. Hicimos el primer comedor y hoy tenemos 14 comedores y nueve merenderos: cuatro comedores son nuestros y a otros diez los abastecemos», relató en TVR. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central a buscar mercadería.

Conocía de memoria la rutina de cada barrio: «Los chicos salen del colegio y van a tomar su merienda, porque nosotros damos almuerzo, no damos cena. A mí no me gusta decirle ‘villa’, estamos en lugares humildes donde la gente puede andar muy bien de día, pero de noche ya es medio peligroso. Entonces nosotros damos de morfar al mediodía y a la tarde toman la merienda».

Los viernes de la fila

La entrega de mercadería tenía su propio método. Los miércoles repartía números para que el viernes cada uno retirara su bolsa, y hasta ponía orden en persona: «En la cola a veces se pelean por entrar, entonces salgo y les digo: ‘Vos viniste recién, andá al fondo y hacé la cola'».

Lo que más lo impactaba era quiénes formaban esa fila. «Cuando reparto mercadería los viernes, vas a mi gimnasio y hay 1.000 personas. Y son toda gente grande, no son pendejos; va toda gente grande a buscar morfi. Yo les doy siete productos y la gente se va contenta y te agradece. Me pone contento que la gente se pueda llevar algo para pasar el fin de semana», contó.

La ayuda no se limitaba a la comida. «El argentino siempre fue solidario con nosotros. Siempre que a mí me piden comprar una silla de ruedas, muletas o remedios, lo hacemos porque hay mucha gente que lo necesita», explicó. La demanda, de todos modos, lo superaba: «No damos abasto. No llega», lamentaba. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía al ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato.

«Nación no nos ayuda en nada»

Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».

En TVR fue todavía más lejos: «Sé que la estamos pasando mal en este Gobierno. Ojalá que venga otro gobierno, porque este puso esa motosierra y los está serruchando a todos: a los jubilados, a los discapacitados». Los jubilados eran, para él, la cara más cruda del ajuste. «Trabajaron tanto para jubilarse, para tener un buen pasar, y tienen un pasar de mierda. Un jubilado cobra 380.000 pesos y todos los meses y todos los días te aumentan las cosas. Vas a un supermercado y todos los días aumentó algo», describió.

Incluso fue a ver con sus propios ojos las marchas de los miércoles frente al Congreso: «A mí me da bronca porque yo fui un miércoles a ver a los jubilados, para ver cómo los reprimían. Esta gente manda a reprimir a todos los pobres; gente grande que va a defender lo suyo». Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».

Morón, el último proyecto

En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red: «El que quiera donar, con poquito que nos llegue, nos ayuda». Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.

Lo que tenés que saber:

  • Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
  • Sostenía 14 comedores, cuatro propios y diez abastecidos, y nueve merenderos.
  • Unas tres semanas antes de morir contó en TVR que la asistencia se triplicó, de 2.100 a 6.400 personas, con cada vez más gente grande.
  • Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que la motosierra golpeaba a jubilados y personas con discapacidad.
  • Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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