Elecciones
Massot criticó el pacto Bullrich-Milei
El dirigente, que formó parte del comando de campaña de Bullrich, denunció «incoherencias» dentro de su espacio y respondió a las críticas de quienes hablan de «neutralidad» ante el escenario de balotaje con el postulante de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa.
El diputado nacional electo de Juntos por el Cambio (JxC) Nicolás Massot aseguró este sábado que se está «rifando la coherencia» de la alianza opositora tras el acuerdo «a puertas cerradas» alcanzado entre el expresidente Mauricio Macri, la expostulante del espacio, Patricia Bullrich y el candidato de La Libertad Avanza (LLA) Javier Milei, y sostuvo que no cree que el economista ultraliberal pueda «representar una mejora» para Argentina.
Además, el dirigente que formó parte del comando de campaña de Bullrich denunció «incoherencias» dentro de su espacio y respondió a las críticas de quienes hablan de «neutralidad» ante el escenario de balotaje con el postulante de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa.
«A mí no me basta con un cambio, eso es solo alternancia. No existe el argumento de que hasta ayer eran locos, extremistas y de malas ideas y hoy son el único camino posible para el cambio y para vencer al kirchnerismo. Tengo pocas garantías de que un cambio conducido por Milei vaya a representar una mejora», afirmó Massot en declaraciones a Radio Con Vos.
«No me van a decir a mi neutral algunos que, ahora son guapos de Twitter o TikTok, pero en la ley anti despidos o la reforma previsional de 2017 se escondían debajo de las bancas o tuiteaban desde los cómodos despachos del Ejecutivo. Mientras eso pasaba, Macri (entonces presidente) me llamaba a mí y al (exministro del Interior Rogelio) Frigerio para pedirnos que demos la cara en los medios» – Nicolás Massot
El diputado anticipó que todavía no definió su voto y que no es una «definición fácil», ya que “Milei no es necesariamente un cambio deseado» y no quiere «ser cómplice».
“Neutralidad las pelotas”, subrayó y criticó la «incoherencia» que representa para su espacio este acuerdo alcanzado «a puertas cerradas».
«No me van a decir a mi neutral algunos que, ahora son guapos de Twitter o TikTok, pero en la ley anti despidos o la reforma previsional de 2017 se escondían debajo de las bancas o tuiteaban desde los cómodos despachos del Ejecutivo. Mientras eso pasaba, Macri (entonces presidente) me llamaba a mí y al (exministro del Interior Rogelio) Frigerio para pedirnos que demos la cara en los medios», disparó.
«A mí no me basta con un cambio, eso es solo alternancia. No existe el argumento de que hasta ayer eran locos, extremistas y de malas ideas y hoy son el único camino posible» – Nicolás Massot
Y añadió que en aquel entonces eran «los únicos que lo hacíamos porque los funcionarios que habían redactado las leyes no tenían el coraje o la convicción para hacerlo».
«Estamos rifando la coherencia de un espacio que arrancó hace diez años diciendo algunas cuestiones muy parecidas a slogans» y recordó que en 2015 hablaban de «pobreza cero, futuro, positividad y cercanía», algo que consideró que en campaña «pueden sonar como cosas lindas, pero después hay que transformar la realidad».
«Todos los que nos quedamos dentro de JxC vamos a procurar no desperfilarnos como nos estamos desperfilando aceleradamente en estos días y conservar una legitimidad», explicó.
Además, anticipó que va a «ser un diputado aguerrido que va a pelear por la plataforma de gobierno» que defendió durante la campaña de Bullrich ya que sea cual sea el próximo presidente «ambos van a necesitar construir mayorías en el Congreso».

«Cuando algunos sugeríamos explorar una primaria común (con LLA) para ganar no solo la elección nacional en primera vuelta sino ser competitivos en provincia de Buenos Aires, algunos que hoy están a cococho de Milei se opusieron rotundamente», reveló.
Massot recordó que Macri dijo el pasado 20 de octubre que Milei es «una agrupación no madura, sin volumen ni equipo fácilmente infiltrable que no puede garantizar ningún cambio» y que Bullrich «hace 15 días» decía que era «lo peor de la política y del sindicalismo mafioso».
«Yo no cambie un ápice», aseveró y sostuvo que «otra incoherencia» es que si «solo importaba ganarle al kirchnerismo» Bullrich tendría que haber bajado su candidatura antes de las generales ya que «desde que terminó la PASO hasta el domingo no vimos una sola encuesta que nos pusiera en el balotaje».
«Lo que menos entiendo es por qué lo hicieron de esta manera y con este apuro; tendría que haber habido una conversación genuina hacia adentro» – Nicolás Massot
«Lo que menos entiendo es por qué lo hicieron de esta manera y con este apuro», explicó sobre el acuerdo y añadió que tendría que haber habido «una conversación genuina hacia adentro (de la coalición)».
«Esto fue una reunión privada donde se acordó un apoyo incondicional. Nadie sabe si se pidieron las disculpas o cuál fue la negociación de ministerios o lo que sea», completó.
Tras la entrevista, el dirigente radical Martín Lousteau compartió un fragmento de las declaraciones de Massot y añadió que comparte «100% esta postura» a través de la plataforma X.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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