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Elecciones

Kicillof, a minutos de la veda: «Milei plantea la disolución nacional, una ley de la selva»

También apuntó que las iniciativas de Juntos por el Cambio (JxC) «son feroces desde el punto de vista económico».

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El gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a la reelección en los comicios del domingo, Axel Kicillof, afirmó hoy que «no existen las recetas mágicas» para solucionar los problemas de la Argentina, analizó que el candidato presidencial de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, propone «una ley de la selva» y apuntó que las iniciativas de Juntos por el Cambio (JxC) «son feroces desde el punto de vista económico».

«Milei dijo que va a terminar con el sistema de coparticipación, que cada provincia se quede con lo que recauda, con lo que produce. La provincia aporta el 40% y recibe el 20%. Nos convendría, pero ya dije que no estoy de acuerdo», expresó en declaraciones formuladas esta mañana a radio Provincia.

En tanto, en un último spot de campaña publicado minutos antes de que se inicie la veda electoral, bajo el slogan “Derecho al Futuro”, Kicillof planteó que «lo que tenemos que garantizar son los derechos y la igualdad de oportunidades».

En sus declaraciones por radio, el mandatario sostuvo que Milei «plantea la disolución nacional, una especie de ley de la selva, un terraplanismo económico que cree que la sociedad no necesita Estado».

En ese marco, Kicillof consideró que la propuesta de dolarizar de Milei, «es una gran estafa» que ya se hizo con la convertibilidad y aseveró que, además, «hablan de dolarizar, pero cuando tienen que explicar cuándo y cómo, sólo dicen palabras vacías».

«Esta provincia productiva necesita que desde la nación nos den recursos, no motosierra», continuó y pidió el voto para el candidato de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa.Por otro lado, expuso que el expresidente Mauricio Macri «es responsable de la desorientación discursiva y de las agresiones internas que vimos en la campaña de JxC».

«Al mismo tiempo, hay una incapacidad de (la candidata presidencial de ese espacio) Patricia Bullrich para expresar un plan económico, por lo que debió comprar el plan de Carlos Melconián», opinó.

Indicó que sus propuestas «son feroces desde el punto de vista económico, en materia de privatización, subsidios, educación y salud, porque es rabiosamente ajustador».

Luego, manifestó que en un segundo mandato en la provincia, seguirá trabajando en materia de seguridad, educación, salud, medio ambiente, producción y obra pública porque tiene «un plan a seis años, con metas y objetivos».

«Recibimos una provincia destruida y la estamos transformando. Ya inauguramos 201 escuelas en estos 4 años y tenemos 150 más en obra, entregamos 150 mil computadoras, 154 centros de la salud, 5.200 kilómetros en rutas, compramos 4.500 patrulleros y chalecos antibala, hicimos una renovación tecnológica», describió.

Por último, planteó el economista que en ese plan trazado a seis años, se trabaja también «en la integración, en lo logístico, en la capacidad de los puertos y en los parques industriales».

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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