Elecciones
Debate presidencial: se viene la segunda parte el domingo
«Seguridad»; «Trabajo y producción»; y «Desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente» serán los tres ejes temáticos sobre los cuales los candidatos expresarán esta vez sus propuestas durante el debate obligatorio y público.
Los candidatos presidenciales Sergio Massa (Unión por la Patria, UxP), Patricia Bullrich (Juntos por el Cambio, JxC), Javier Milei (La Libertad Avanza, LLA), Juan Schiaretti (Hacemos por Nuestro País, HNP) y Myriam Bregman (Frente de Izquierda y Trabajadores-Unidad, FIT-U) volverán a debatir el próximo domingo en el segundo y último cruce de este tipo que tendrán antes de las elecciones nacionales que se llevarán a cabo el 22 de octubre próximo.
«Seguridad»; «Trabajo y producción»; y «Desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente» serán los tres ejes temáticos sobre los cuales los candidatos expresarán esta vez sus propuestas durante el debate obligatorio y público, que tendrá como sede el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en la ciudad de Buenos Aires, comenzará a las 21 y será transmitido para todo el país por la Televisión Pública.
La Facultad de Derecho también será el escenario de un eventual tercer debate, previsto para el 12 de noviembre, en el caso de que la elección se defina en un balotaje.
El domingo pasado, en el primero de los dos debates obligatorios, que se realizó en Santiago del Estero, Massa, Bullrich, Milei, Schiaretti y Bregman habían presentado sus proyectos sobre «Economía», «Educación» y «Derechos humanos y convivencia democrática», éste último, al igual que «Desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente», los ejes temáticos elegidos por la participación ciudadana.
Los cinco candidatos que aspiran a la Presidencia protagonizaron este domingo un debate tenso en el cual la discusión económica y la política en materia de derechos humanos, entre otros puntos, se destacaron entre las posturas antagónicas expuestas.
Massa, Bullrich y Milei, quienes fueron los más votados por la sociedad en las elecciones primarias del 13 de agosto último, se retiraron satisfechos por su desempeño en el primer debate, al que llegaron acompañados por sus compañeros de fórmula y asesores.
Al igual que Schiaretti y Bregman, los tres dedicarán los días previos a la cita del domingo para preparar el abordaje de los ejes temáticos incluidos y, especialmente, las réplicas y cruces individuales, uno de los aspectos principales que tuvo el primer encuentro entre ellos.
Mientras transcurra el segundo debate presidencial, el Observatorio Pulsar, perteneciente a la UBA y especializado en el estudio de la opinión pública, medirá en tiempo real cómo son recibidas las exposiciones, réplicas y respuestas de los cinco candidatos.
El objetivo del relevamiento es, justamente, conocer el impacto en más de 100 votantes del desempeño de los cinco postulantes presidenciales y si lo surgido del debate puede cambiar o no la intención de voto el 22 de octubre.
El estudio se llevará a cabo por medio de una aplicación por la cual los participantes registrarán, en forma instantánea, sus emociones y percepciones sobre cada candidato a medida que avanza el debate.
Los resultados del estudio se conocerán, según anunció el observatorio, entre el domingo y el lunes próximo.
Un análisis similar fue hecho por Pulsar durante los debates de 2019. En aquella oportunidad se observó, entre los principales hallazgos, que los debates aumentan la información con la que cuentan los electores, propicia un incremento sustancial del nivel de conocimiento de las candidaturas y hasta puede mejorar la imagen de los postulantes ante la sociedad.
Para los candidatos, en tanto, «los debates presidenciales son el evento de campaña con mayor resonancia» pública, explicó Daniela Barbieri, socióloga, magíster en Comunicación Política y directora de Pulsar.
El debate llevado a cabo en Santiago del Estero captó la atención del país con 44 puntos de rating en la suma de todos los canales de aire, que reprodujeron la emisión de la TV Pública.
Este domingo, como ocurrió en el primero de los debates, la transmisión tendrá un «modo accesible» que incluirá lengua de señas argentinas y la posibilidad de utilizar subtitulado en directo para garantizar el derecho a la información y el ejercicio de los derechos políticos de toda la población.
Según un informe de tendencias realizado por Google Trends, «¿Qué son las Leliq?», «¿Qué es casta?» y «¿Qué es el déficit fiscal?» fueron algunas de las preguntas más consultadas por los argentinos en internet durante el primer debate. Además, Schiaretti fue el candidato «más buscado» con casi el 40% del relevamiento por candidatos.
El debate del domingo será moderado por cuatro periodistas: Soledad Larghi, Mariana Verón, Marcelo Bonelli y Sergio Roulier.
Tal como establece la Ley 27.337 el debate es organizado por la Cámara Nacional Electoral (CNE), cuyo objetivo es administrar el proceso electoral y garantizar la participación en igualdad de condiciones tanto de la ciudadanía como de las agrupaciones políticas.
La CNE conformó un Consejo Asesor para el debate, integrado por referentes de organizaciones del ámbito académico y de la sociedad civil con un perfil plural.
Entre sus integrantes están la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; los juristas León Arslanian y Ricardo Gil Lavedra; el sociólogo Atilio Borón; el politólogo Marcelo Cavarozzi; los abogados Delia Ferreira Rubio y Alejandro Tullio; la directora ejecutiva de CIPPEC, Gala Díaz Langou; y la experta en comunicación política Belén Amadeo.
Por su parte, el diputado nacional del FIT-U Alejandro Vilca convocó a los militantes del Frente de Izquierda a «bancar» a Bregman, la «única candidata que en el primer debate habló de la lucha docente y del pueblo jujeño, de los derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y «la única que le puso los puntos al gobierno y a Milei», consideró.
El encuentro se llevará adelante el domingo, a las 20:45, en la calle San Martín 823, en el centro porteño.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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