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Elecciones

Larreta: «No voy a ir con el dedo a decir voten a fulano»

El jefe de Gobierno porteño se refirió a la interna de JxC en Santa Fe. “Todavía no están ni siquiera oficializadas las candidaturas” sostuvo, aunque aclaró: “Yo siempre apoyo al PRO, porque tenemos referentes con mucha presencia”.

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El jefe de Gobierno de la Cuidad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, se abstuvo este miércoles de inclinarse por alguna de las precandidaturas a gobernador de Santa Fe de Juntos por el Cambio (JxC).

«No voy a ir con el dedo a decir voten a fulano. Todavía no están ni siquiera oficializadas las candidaturas, yo siempre apoyo al PRO, porque tenemos referentes con mucha presencia», sostuvo Larreta al referirse a la interna de JxC en Santa Fe, a propósito de la posible candidatura a gobernador de la senadora Carolina Losada por un sector de la UCR.

Si bien no fue confirmada oficialmente, desde el sector del radicalismo santafesino que impulsa la precandidatura de Losada a la gobernación dejaron trascender que la semana próximo podría oficializarse la postulación.

En ese espacio también manifestó su decisión de ser precandidato el diputado provincial y exministro de Seguridad de la provincia Maximiliano Pullaro, quien milita en Evolución, el sector liderado por Martín Lousteau.

«Yo no voy a ir con el dedo desde acá a decirles voten a fulano, yo no les tengo que decir cómo se ordenan», sostuvo el alcalde porteño en declaraciones a Canal 3 de Rosario.

Aseveró que «siempre voy a apoyar a Juntos por el Cambio» y recordó que «en la última elección (las de medio término de 2021) hubo cuatro listas y terminamos todos juntos en Santa Fe y ganamos las elecciones».

De todos modos, insistió en mostrarse prescindente de la interna santafesina de JxC: «De acá con el dedo no me parece bien».

Consultado por la criminalidad que atraviesa la principal ciudad santafesina, Rodríguez Larreta afirmó que «hay que inundar de gendarmes Rosario».

Con un pequeño matiz en relación a las propuestas de su competidora en la interna de JxC, la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, el jefe de Gobierno de Buenos Aires insistió en involucrar a las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interior.

«Yo ya lo dije claro: lo que hay que hacer ya es mandar el Ejército a la fronteras, con eso se liberan los gendarmes y llevar 6 mil y 8 mil ya a Rosario», señaló.

«Hay que inundar de gendarmes, mucha presencia policial ya y hay que aislar a los capos narcos en las cárceles, porque dan las órdenes por teléfono celular a los sicarios y traficantes que hay por la ciudad», continuó.

Además señaló como propuesta de seguridad para Rosario «cubrir los cargos vacantes en la Justicia Federal», algo que, enfatizó, «hay que hacerlo ya».

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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