Legislativo
Senadores de Unión por la Patria piden la expulsión de Kueider
Según un comunicado oficial, este hecho constituye una “inhabilidad moral sobreviniente”, prevista en el artículo 66 de la Constitución Nacional.
El interbloque de senadores de Unión por la Patria exigió la inmediata expulsión del senador Edgardo Kueider tras su detención en Paraguay con 200 mil dólares y 600 mil pesos argentinos sin declarar.
Según un comunicado oficial, este hecho constituye una “inhabilidad moral sobreviniente”, prevista en el artículo 66 de la Constitución Nacional.
Detención y acusaciones
• Lugar y contexto: Kueider fue detenido en un control de rutina en el puente internacional de La Amistad, que conecta Paraguay con Brasil.
• Dinero no declarado: En el vehículo del senador, las autoridades paraguayas encontraron más de 200 mil dólares y una suma en pesos argentinos, lo que generó el rechazo inmediato del interbloque.
Repercusiones dentro del Senado
Unión por la Patria calificó el accionar de Kueider como un “ataque directo a la ética, la transparencia y el honor del Senado”.
• Impacto institucional: Según el comunicado, el hecho daña la imagen del cuerpo legislativo y la credibilidad de la Argentina a nivel internacional.
• Acusaciones previas: Mencionaron investigaciones por enriquecimiento ilícito y acusaron al senador de realizar “negociaciones espurias” con el Gobierno nacional, incluyendo la sanción de la controvertida Ley de Bases.
El vínculo con la Ley de Bases
El interbloque denunció que Kueider, pese a pertenecer a un bloque minoritario, habría obtenido cargos clave en organismos como la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande y la presidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales. Esto, según Unión por la Patria, habría sido resultado de su apoyo al oficialismo en proyectos estratégicos.
Artículo 66 y ética parlamentaria
Los legisladores subrayaron que los hechos que involucran a Kueider requieren la aplicación urgente del artículo 66 de la Constitución, que permite la expulsión de un legislador por “inhabilidad moral sobreviniente”.
• Crisis moral e institucional: El interbloque enfatizó que tolerar estos actos socava la confianza ciudadana y la legitimidad democrática.
• Convocatoria a otros bloques: El comunicado instó al resto del Senado a respaldar la expulsión como una señal de compromiso con la ética y la transparencia.
El caso Kueider se suma a una serie de controversias que exponen tensiones internas y externas en el Congreso. La situación plantea interrogantes sobre las alianzas políticas y la capacidad del Senado para actuar como garante de la institucionalidad.
Legislativo
Bregman convoca a movilizar al Congreso: «El gobierno y los jueces se ríen de nosotros»
La diputada del Frente de Izquierda llamó a movilizarse frente al Congreso el 15 de octubre, denunciando que el Poder Judicial actúa en sintonía con el gobierno de Milei y no como árbitro independiente. La frase condensa un clima político que viene creciendo: la impunidad como regla y la calle como única respuesta posible.
«Basta de que el gobierno y los jueces se rían de nosotros. El 15 de octubre tenemos que estar todos y todas frente al Congreso.» Con esa frase directa y sin eufemismos, la diputada nacional Myriam Bregman lanzó una convocatoria a movilizarse que circula en redes sociales y que condensa en pocas palabras una temperatura política que viene acumulándose: la percepción extendida en la oposición y en amplios sectores sociales de que la Justicia opera en sintonía con el poder, no como contrapeso.
Bregman es diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U), abogada con trayectoria en causas de derechos humanos y una de las voces más activas en el rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei. Su declaración, publicada en la red social Threads, coloca en el mismo banco al Ejecutivo y al Poder Judicial, a quienes acusa de actuar en perjuicio de la ciudadanía y sin rendir cuentas ante nadie.
Un diagnóstico compartido: la Justicia como problema político
La declaración de Bregman no surge del vacío. La relación entre el Poder Judicial federal y el gobierno de Milei es uno de los nudos más tensos de la política argentina actual. Por un lado, el oficialismo envió al Senado cientos de pliegos de jueces, fiscales y defensores públicos en un proceso de designaciones que la oposición cuestiona por su velocidad y por la falta de debate genuino sobre los perfiles propuestos. Por otro, causas que involucran a funcionarios del gobierno libertario, como las investigaciones en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la causa $Libra y los expedientes por enriquecimiento ilícito de funcionarios del gabinete, avanzan con una lentitud que contrasta con el ritmo de otras causas.
Ese cuadro alimenta una percepción que Bregman articula con claridad: cuando la Justicia no investiga a quienes gobiernan y simultáneamente actúa contra opositores o sectores vulnerables, pierde su condición de árbitro independiente y se convierte en un instrumento de poder. No es una lectura nueva en la política argentina, pero adquiere nueva urgencia en un contexto donde el ajuste fiscal golpea a la mayoría mientras los escándalos de corrupción se acumulan sin condenas.
La calle como respuesta a la impunidad
La convocatoria al Congreso para el 15 de octubre no es solo un gesto simbólico. En la tradición política argentina, la movilización frente al Congreso es el recurso de quienes sienten que los canales institucionales están cerrados o capturados. Bregman lo sabe y lo elige conscientemente: frente a una Justicia que, según su diagnóstico, «se ríe» de la ciudadanía, la respuesta es la presencia masiva en el espacio público.
El FIT-U viene sosteniendo una posición de oposición sin concesiones al gobierno de Milei desde el inicio de su gestión. A diferencia de otros bloques opositores que negociaron apoyos puntuales al oficialismo, el Frente de Izquierda no le votó ninguna medida de relevancia al gobierno libertario. Esa consistencia le da a Bregman una autoridad moral específica cuando llama a la calle: no convoca desde la comodidad de quien eventualmente cedió, sino desde una oposición sostenida en el recinto y fuera de él.
El Congreso como escenario de disputa
Elegir el Congreso como punto de concentración tiene una carga simbólica precisa. Es el lugar donde se aprueban los pliegos judiciales, donde se vota o se bloquea la legislación que define quiénes pueden ser procesados y con qué garantías, y donde las mayorías parlamentarias deciden qué causas avanzar y cuáles frenar. La convocatoria de Bregman instala la pregunta de fondo que el oficialismo prefiere no responder: ¿a quiénes sirven los jueces que el gobierno designa?
En ese marco, la frase «que el gobierno y los jueces se ríen de nosotros» es también una lectura sobre la impunidad como sistema. Cuando los funcionarios acumulan denuncias y las investigaciones no avanzan, y cuando simultáneamente la Justicia actúa con celeridad contra quienes protestan o reclaman, la ecuación se hace insostenible para cualquier noción básica de igualdad ante la ley. Bregman lo dice en público y convoca a decirlo en la calle. La pregunta es cuántos la escuchan.
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