Legislativo
El PRO cambia de nombre para no perder fuerza
Diputados y diputadas del PRO le cambiaron el nombre -pero no tanto- al bloque, con el objetivo de integrar a más legisladores y legisladoras nacionales. ¿Lo conseguirá?
Después de varios días de idas y vueltas, finalmente el bloque del PRO de la Cámara de Diputados y Diputadas resolvió cambiar su nombre por el de «Frente PRO», -en teoría- con el propósito de contener a algunos de los legisladores y legisladoras electos en las últimas elecciones que no se sienten identificados con el macrismo, y evitar que conformen bancadas por separado, como de hecho ya ocurrió con el sector que lidera Emilio Monzó.
Sin embargo, cabe destacar que el «cambio» de nombre a primera vista redunda bastante con el que ya tenían. La cuestión, que se venía barajando desde hace más de una semana, se resolvió con el aval de los principales dirigentes, entre ellos, el jefe del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y la titular del partido, Patricia Bullrich.

¿El ‘Frente PRO’ tentará? Desde el seno del partido dicen que buscan representar la realidad que arrojó las urnas, donde -en las listas de Juntos por el Cambio- convivieron distintas expresiones, no necesariamente alineadas con el pensamiento del recientemente procesado, Mauricio Macri.
Desde el PRO confían en que este nuevo nombre posibilitará que el bloque pase de tener 50 integrantes a 54, a partir de las incorporaciones de Avanzar San Luis, integrado por el ex gobernador Claudio Poggi; de los sanjuaninos Marcelo Orrego y Susana Laciar, con partido propio, y a la misionera Florencia Klipauka Lewtak, del sector del ex gobernador peronista Ramón Puerta y del ex senador -también peronista- Miguel Pichetto.
En el mejor de los escenarios, Juntos por el Cambio será segunda fuerza -con 116 integrantes- distribuidos de la siguiente manera:
Frente PRO: 54
UCR: 45 (33 orgánicos más 12 de Evolución, con posibilidades de ruptura)
Coalición Cívica: 11
Monzó y Margarita Stolbizer: bloque sin nombre con 4 miembros
Monobloque de Ricardo López Murphy
Monobloque de Carlos Zapata (Alfredo Olmedo)
Legislativo
Cárcel desde los 14 y criptomonedas desde los 13: la contradicción de un Estado que castiga en lugar de cuidar
El psicólogo Jorge Prado advirtió que la soledad infantil crece mientras la salud mental recibe solo el 1,4% del presupuesto de salud, contra el 10% que fija la ley. Lo dijo en la semana en que el Senado aprobó la reforma que, según su lectura, patologiza el malestar social “para responder a intereses corporativos”.
La ley vigente obliga a destinar el 10% del presupuesto de salud a la salud mental, pero en los hechos solo se ejecuta el 1,4%. La cifra la aportó el psicólogo Jorge Prado, que además alertó sobre una generación de chicos aislados frente a una pantalla mientras el Estado discute cambiar la norma que los protege.
Prado es psicólogo y docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y autor del libro “Una tablet al final del arcoíris”, un trabajo que reúne experiencias clínicas, territoriales y educativas sobre el cuidado de infancias y adolescencias. Sus advertencias llegan en un momento sensible: el Senado aprobó en la madrugada del viernes 30 de octubre la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, impulsada por el Poder Ejecutivo de Javier Milei, y la giró a la Cámara de Diputados. El proyecto reemplaza el criterio de “riesgo cierto e inminente” para las internaciones involuntarias por el de riesgo grave de daño, con la firma de dos profesionales.
La pantalla como “contrato” entre adultos desbordados y chicos aislados
Según explicó Prado, el libro analiza cómo el juego se desplazó a las redes sociales y qué sufrimientos de época aparecen en ese cambio: consumos digitales, violencia como espectáculo, abuso de diagnósticos y uso de la inteligencia artificial como refugio. El título remite a la metáfora irlandesa del caldero de oro al final del arcoíris: la tecnología condensa la promesa de éxito y pertenencia, pero es un mito, porque al final del arcoíris nunca se llega.
El especialista describió a la tablet como parte de un contrato implícito entre adultos y niños: los cuidadores, desbordados de obligaciones, entregan la pantalla a cambio de tiempo para trabajar o resolver urgencias. Muchos padres la perciben como una opción más segura que la calle frente a los temores de inseguridad. El resultado, advirtió, es una extrema soledad, con horas y horas de chicos aislados.
De “padecimiento subjetivo” a “trastorno mental”: un cambio de términos que no es menor
Para Prado, la diferencia entre ambos conceptos es sutil pero alarmante. La norma vigente habla de “padecimiento subjetivo”, una categoría que contempla el sufrimiento derivado de contextos sociales o económicos, como el desempleo familiar o la violencia. Si la ley pasara a nombrar únicamente “trastornos mentales”, sostuvo, la atención quedaría reducida a quienes tengan un diagnóstico psicopatológico individual.
En su análisis, ese giro responde a la mercantilización de la salud y beneficia a corporaciones farmacéuticas que buscan dar respuestas medicamentosas a sufrimientos que, según planteó, son sociales e institucionales.
Internaciones más flexibles y teleconsulta ante un brote psicótico
Sobre las internaciones involuntarias, Prado recordó que la ley actual las permite ante un “riesgo cierto e inminente” y que ese criterio funciona como un marco de derechos humanos para evitar abusos. Flexibilizarlo a un riesgo “grave”, advirtió, vuelve las internaciones arbitrarias o preventivas.
También cuestionó que, ante la escasez de psiquiatras, la reforma habilite la evaluación virtual de pacientes en brote psicótico por teleconsulta, algo que calificó como un enorme peligro clínico. Todo ocurre, remarcó, en un sistema al que se le exige el 10% del presupuesto de salud pero que ejecuta el 1,4%.
Castigo para los chicos, criptomonedas para los de 13
Frente a episodios de violencia o manipulación digital en escuelas, Prado describió una “desafectización”: la realidad toma tono de ficción en las redes, pero las consecuencias emocionales son reales. La respuesta adulta, según dijo, suele centrarse en el señalamiento punitivo.
El psicólogo marcó una contradicción: se promueve la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años bajo amenaza de cárcel y, al mismo tiempo, se aprueban normas para que chicos de 13 años puedan invertir en criptomonedas. El Estado les ofrece herramientas financieras complejas y tentadoras, pero responde con castigo cuando aparecen los problemas, en lugar de financiar dispositivos comunitarios y espacios de escucha.
Lo que tenés que saber:
- La ley de Salud Mental exige destinar el 10% del presupuesto de salud al área, pero según Jorge Prado solo se ejecuta el 1,4%.
- El Senado aprobó el 30 de octubre la reforma de la Ley 26.657 y la giró a Diputados.
- El proyecto cambia el “riesgo cierto e inminente” por un riesgo grave de daño para las internaciones involuntarias.
- Prado advirtió que reemplazar “padecimiento subjetivo” por “trastorno mental” deja afuera el sufrimiento de origen social.
- El psicólogo cuestionó que se baje la edad de imputabilidad a 14 años mientras se habilita a chicos de 13 a invertir en criptomonedas.
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