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Franja de Gaza

UNICEF: 2024 fue uno de los peores años para los infantes en la historia reciente

Una revisión realizada por la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) a partir de los últimos datos disponibles y las tendencias mundiales predominantes indica el 2024 pudo alcanzar un impacto nunca antes visto en el impacto de los conflictos armados en los niños.

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Más niños y niñas que nunca están viviendo en zonas de conflicto o fueron desplazados por la fuerza a causa de las guerras y la violencia sistemática, calcula el organismo de la ONU en un análisis publicado recientemente.

El informe citado por Telesur evidencia que un número récord de niños y niñas afectados por conflictos han muerto o han resultado heridos, han debido abandonar la escuela, no recibieron vacunas esenciales o padecen graves niveles de desnutrición.

Si bien los problemas humanitarios no toman su relevancia a partir de las cifras, estas se convierten en evidencias de genocidios, campañas de exterminación y consecuencias de las implicaciones en la población civil de los intereses imperiales.

De acuerdo con UNICEF, más de 473 millones de niños y niñas (al menos 1 de cada 6 a nivel mundial) actualmente viven en zonas afectadas por conflictos, así como identifica que el número de estos es el más alto registrado desde la Segunda Guerra Mundial.

El porcentaje de infantes que viven en estas regiones se ha duplicado: mientras en la década de 1990 eran un 10 por ciento, este año se registra un 19 por ciento.

UNICEF indica que las tendencias registradas este año revelan un aumento adicional en el número de niños y niñas desplazados por la intensificación de los conflictos, en particular en Palestina, Haití, Líbano, Myanmar y Sudán.

En ese sentido calculan que mientras la población infantil representa el 30 por ciento de la población mundial, en promedio, alrededor del 40 por ciento de las personas refugiadas son infantes, así como el 49 por ciento de los desplazados internos.

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Niños observan un carro de prensa atacado y quemado por el Ejército israelí, en el cual murieron simultáneamente cinco periodistas palestinos. Foto: EFE.

Estas cifras que se unen a los índices de pobreza, y a propósito señalan que más de una tercera parte de la población de los países en conflicto es pobre, un contraste respecto al 10 por ciento en los países donde no se están desarrollando conflictos armados.

Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF, un infante que crece en una zona en guerra tiene muchas más probabilidades de no estar escolarizado, sufrir desnutrición, o verse obligado a abandonar su hogar, con respecto a los que viven en regiones pacificadas.

«No podemos permitir que toda una generación de niños y niñas se conviertan en víctimas colaterales de las guerras descontroladas que azotan al mundo», dijo, y afirmó que esta no puede ser una nueva normalidad.

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Niños en el naufragio de la embarcación en Indonesia. Foto: EFE.

Desde que se iniciara el seguimiento del Consejo de Seguridad a las violaciones graves cometidas contras infantes, los datos disponibles, que pertenecen al 2023, revelan las cifras más altas de estas vejaciones. De modo que las cifras del 2024 pueden ser aterradoras.

Especialmente preocupante resulta la situación de las mujeres y las niñas en situaciones en conflicto, contra las cuales se comete violencia sexual de forma sistemática en estos contextos. Solo en Haití, el número de denuncias de casos de violencia sexual contra infantes ha aumentado en un 1000 por ciento este año.

Según los registros disponibles, 52 millones de niños y niñas están sin escolarizar en los países en conflictos. Los infantes en la Franja de Gaza y buena parte de los sudaneses llevan más de un año sin ir a la escuela, así como sus centros educativos han sido destruidos o empleados con otros fines humanitarios.

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Infante enfermo de viruela del mono, en el hospital Kavumu de Karanrhada, en la República Democrática del Congo. Foto: EFE.

Otro factor que ha afectado severa y públicamente a la población infantil mundial en los países en Guerra es la desnutrición. En ese sentido, UNICEF afirma que los conflictos y la violencia armada continúan siendo las principales causas del hambre severa, al perturbar los sistemas alimentarios, provocar desplazamientos de población y obstaculizar el acceso de la ayuda humanitaria. Calculan que en 2024 más de un millón de niños y niñas de cinco países afectados por conflictos sufren la situación más extrema en la escala de inseguridad alimentaria.

La ausencia de acceso a los servicios básicos de salud y la repercusión de los conflictos en la salud mental de los infantes ha causados daños irreversibles, y deja huellas como depresión, pesadillas y trastornos del sueño y comportamientos agresivos o tristeza.

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Niña desplazada y con un apierna amputada a causa de los ataques israelíes, en Deir Al Balah. Foto: EFE.

A todas las situaciones de violencia, desplazamiento, desnutrición, ausencia de servicios básicos y ataques directos, los infantes con discapacidades están expuestos de formas desproporcionadas.

En el año más mortífero de la historia para el personal humanitario, 281 trabajadores perdieron la vida en el cumplimiento de sus labores y luchando por sus vidas para poder salvar las de los infantes que no tienen responsabilidades en los conflictos que impiden su desarrollo pleno.

Con estos datos, UNICEF nuevamente hizo un llamado a tomar medidas inmediatas que pongan fin al sufrimiento de los niños y las niñas, garanticen el respeto de sus derechos y cumplan sus obligaciones de conformidad con el derecho internacional humanitario.

DDHH

Defendió a Mandela, acusó a Israel de genocidio y hoy es Nobel de la Paz: quién es Navi Pillay

La sudafricana que defendió a los presos políticos del apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y que presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel comete genocidio en Gaza, fue distinguida con el Nobel de la Paz 2026. Donald Trump, que lo reclamaba a viva voz, se quedó afuera.

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El premio más simbólico del planeta fue a parar a manos de la mujer que se atrevió a ponerle nombre a lo que ocurre en la Franja de Gaza. El Comité Noruego del Nobel eligió como Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista que encabezó la comisión de investigación independiente de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino. La decisión, conocida este viernes, llegó apenas horas después de que Donald Trump reclamara el galardón para sí mismo ante la prensa acreditada en la Casa Blanca.

La distinguida es la sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Según anunció el propio Comité a través de su cuenta oficial, el premio le fue otorgado «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional», así como por su aporte a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Un premio para el derecho internacional en tiempos de guerra

El Comité sostuvo que Pillay trabajó para exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes, y que su trayectoria brindó esperanza a las víctimas de la violencia y de los conflictos armados. A lo largo de su carrera, la jurista puso el foco en la obligación de individuos y Estados de respetar el Estado de derecho, sin excepciones para los poderosos.

El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, explicó el sentido de la elección: «Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico».

Frydnes fue todavía más allá al describir el escenario global: «En un momento de desafíos existenciales (incluyendo más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo), el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta«. La frase funciona como una respuesta directa a quienes pretenden reemplazar las normas internacionales por la ley del más fuerte.

Gaza: el informe que incomodó a las potencias

El dato que convierte este Nobel en un mensaje político de alto voltaje es su rol al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En septiembre de 2025, ese organismo concluyó en un informe de 72 páginas que Israel cometió cuatro de los actos tipificados como genocidas por el derecho internacional desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza. Entre las pruebas, el panel citó la destrucción de una clínica de fertilidad como evidencia de medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo palestino.

En aquel momento, Pillay fue tajante: «La responsabilidad por estos crímenes atroces recae en las autoridades israelíes de los más altos niveles, que orquestaron una campaña genocida durante casi dos años con la intención específica de destruir al grupo palestino en Gaza». Israel rechazó de inmediato la conclusión, como hizo cada vez que un organismo o una figura pública utilizó ese término para describir su campaña militar.

Además, la jurista se desempeña en la causa que investiga a Myanmar por el genocidio contra la minoría rohingya ante la Corte Internacional de Justicia. Premiarla a ella es premiar exactamente aquello que Washington y Tel Aviv intentaron desacreditar durante años. Un mensaje que también interpela a los gobiernos que, como el de Javier Milei, se alinearon sin matices con la Casa Blanca y con el gobierno de Benjamín Netanyahu.

Los premios que intentaron quitarle

El reconocimiento de Oslo contrasta con los obstáculos que Pillay enfrentó en los últimos años. En septiembre de 2022, la Asociación de Naciones Unidas de Alemania iba a entregarle la Medalla de la Paz Otto Hahn en una ceremonia en el Ayuntamiento Rojo de Berlín, pero la entonces alcaldesa Franziska Giffey suspendió el acto tras la presión del embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. El diplomático llegó a declarar que «que Navi Pillay investigue a Israel es como pedirle a Putin que presida una comisión de investigación sobre Ucrania».

En octubre de 2023, la rama estadounidense de la Asociación de Derecho Internacional desvinculó de su conferencia anual el premio que iba a entregarle, después de que una treintena de organizaciones pidieran a los grandes estudios jurídicos retirar su patrocinio. La campaña de desprestigio no logró lo que buscaba: en 2025 recibió el Premio de la Paz de Sídney y hoy suma el Nobel.

De la trinchera contra el apartheid a los tribunales internacionales

Pillay se graduó en derecho en 1965 en la Universidad de Natal y empezó a trabajar junto al abogado N.T. Naicker, integrante del Congreso Nacional Africano (CNA), quien estaba bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. Según recordó ella misma, ningún bufete quería contratarla porque «no aceptaban que empleados blancos recibieran instrucciones de una persona de color».

Durante 28 años defendió a militantes antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y denunció la tortura contra presos políticos. En 1971 obtuvo una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio a su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después logró que los presos políticos de la isla Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a asistencia letrada.

En 1988 se doctoró en ciencias jurídicas en Harvard, la primera sudafricana en lograrlo en esa facultad. Más tarde integró y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde formó parte del tribunal que en la causa Akayesu reconoció por primera vez la violación como un acto de genocidio, un hito para los derechos de las mujeres en el derecho penal internacional. Luego fue jueza de la Corte Penal Internacional, antes de asumir como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Trump, el gran perdedor de la jornada

La víspera del anuncio, el presidente de Estados Unidos insistió en que merecía el premio. «Nunca ha habido nadie en la historia del Premio Nobel que lo merezca más. Resolví ocho guerras. Detuve la destrucción total del mundo», aseguró Trump ante los periodistas en la Casa Blanca.

El mandatario evocó además a la venezolana María Corina Machado, galardonada en 2025: «La última vez se lo dieron a una joven, que era una persona fabulosa. Y ella dijo que no lo merecía, que yo lo merecía. Y me lo dio». Aun así, admitió que el Comité difícilmente lo elegiría. La distancia entre el presidente que exige medallas y la jueza que exige rendición de cuentas a los poderosos resume el mensaje de Oslo.

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