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Israel lanzó uno de los mayores ataques contra el Líbano

Según un analista, Tel Aviv intensificó su ofensiva contra el grupo Hebolá para empujarlo a un acuerdo, sin embargo, el movimiento parece pasar por alto sus pérdidas ante sus logros estratégicos.

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En medio del reciente incremento de tensiones entre Israel y el movimiento chií libanés Hezbolá aumentan las preocupaciones sobre una mayor escalada del conflicto en Oriente Medio.

La mañana de este lunes las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) empezaron a lanzar una serie de «extensos ataques contra objetivos terroristas» pertenecientes a Hezbolá en el Líbano, lo que ha sido calificado por medios libaneses como «el mayor» ataque aéreo contra el país desde 2006. Hasta el momento, el Ministerio de Salud libanés cifra en 274 muertos y más de 1.000 heridos el balance de víctimas por la ofensiva israelí en el sur de la nación árabe.

Una fuente en el sector de seguridad del país hebreo señaló a Ynet que la posible respuesta del movimiento chiita también puede ampliarse significativamente. «Hezbolá seguramente responderá disparando en grandes cantidades sobre el norte de Israel […] y quizás también sobre objetivos seleccionados en Tel Aviv», aseguró el informante.

Respuesta de Hezbolá

«Creo que no es demasiado pronto para llamar ahora a estos acontecimientos [en el escenario del norte] la ‘Tercera Guerra del Líbano'», agregó, refiriéndose a la primera guerra de 1982, cuando Israel realizó un operativo militar como parte de la Guerra Civil libanesa para destruir las bases de la Organización para la Liberación de Palestina, y a la segunda guerra de 2006, en la que el mayor objetivo de Tel Aviv también fue Hezbolá.

A su vez, el movimiento chiita ya ha lanzado decenas de cohetes hacia la parte norte de Israel. Mientras, el primer ministro del Líbano, Najib Mikati, denunció un «plan destructivo» de Tel Aviv. «La continua agresión israelí en el Líbano es una guerra de exterminio en todos los sentidos de la palabra y un plan destructivo que tiene como objetivo destruir pueblos y ciudades libanesas», manifestó el funcionario en una reunión de su gabinete.

Aumento de tensiones

Una nueva espiral de tensiones entre Israel y Hezbolá ganó un nuevo impulso el 17 y 18 de septiembre, cuando se produjeron explosiones de dispositivos como buscapersonas y ‘walkie-talkies’ en todo el Líbano, dejando más de 37 muertos y miles de heridos. Hezbolá y las autoridades libanesas culparon a Israel por esa «agresión criminal», y el grupo chiita prometió responder al ataque. Por su parte, el presidente israelí, Isaac Herzog, rechazó la conexión de su país con los ataques coordinados.

Además, las muertes de Ibrahim Aqil, un alto comandante de la unidad de élite Radwan de Hezbolá, tras una ofensiva israelí contra el barrio Dahiyeh de Beirut, y de otros altos cargos de la agrupación arrojaron lleña al fuego del conflicto en la región. Aqil era el segundo al mando de la unidad Radwan después de Fuad Shukr, quien fue abatido en un ataque israelí el pasado mes de julio.

En la ceremonia fúnebre del comandante, el secretario adjunto de Hezbolá, Naim Qassem, anunció que el movimiento chiita libanés ha entrado en una nueva etapa denominada «batalla abierta de ajuste de cuentas» con Israel y aseguró que el país hebreo «morirá aterrorizado» como resultado de los planes que están preparando.

A su vez, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró el domingo que sus tropas han asestado a Hezbolá «una serie de golpes que no podría haber imaginado».

Dilema de Israel

Según Yoav Limur, veterano periodista de Israel Hayom y analista de defensa, las acciones de Israel en el norte del Líbano aún no han conseguido el cambio estratégico deseado por Tel Aviv, ya que Hezbolá parece estar comprometido con su política actual, a pesar de que ha sufrido daños significativos. Tal situación, en opinión del experto, crea un dilema ante el país hebreo sobre si debe intensificar sus acciones y en qué medida, todo ello mientras se enfrenta al riesgo constante de entrar en una escalada que ambas partes siguen intentando evitar.

Se cree que Israel trata de forzar a Hezbolá a llegar a un acuerdo que aleje a sus combatientes de la frontera, lo que supone un cambio respecto a su anterior estrategia de cautela. Limur destaca pros y contras de este enfoque: permite a Israel recuperar la iniciativa, pero también corre el riesgo de exacerbar las tensiones y provocar potencialmente un conflicto mayor.

El movimiento chiita, a pesar de las pérdidas tácticas, parece satisfecho con el ‘statu quo’, valorando sus ganancias estratégicas, que abarcan la «conquista» de la zona de Galilea. La reciente actividad militar, incluido un posible ataque con cohetes contra Haifa, demuestra la determinación de Hezbolá a pesar de encontrarse a la defensiva.

Mientras el país hebreo considera sus próximos pasos, entre ellos una posible invasión terrestre del sur de Líbano, se enfrenta a graves riesgos, por ejemplo, la presión internacional para evitar una escalada, explica el periodista. En su artículo agrega que las FDI se han preparado para una operación terrestre, pero los líderes políticos aún prefieren estrategias menos visibles.

Elecciones

Lula promulgó la jornada de 40 horas y la Argentina de Milei la estira a 12

Con 75 votos contra 1, el Senado brasileño aprobó la enmienda que reduce la jornada de 44 a 40 horas semanales sin recorte salarial. Lula la promulgó este viernes, a nueve días del balotaje contra Flávio Bolsonaro.

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Seis días de trabajo y uno solo de descanso: ese fue durante décadas el régimen de millones de trabajadoras y trabajadores brasileños. Desde este viernes, es historia constitucional. El Congreso de Brasil promulgó la Enmienda Constitucional N° 141 de 2026, que elimina la escala 6×1, garantiza dos días de descanso remunerado por semana y reduce la jornada máxima de 44 a 40 horas, sin rebaja de salarios. Mientras tanto, del otro lado de la frontera, la Argentina de Javier Milei recorrió el camino exactamente inverso.

La Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) 221/2019 fue aprobada el miércoles 14 de octubre por el plenario del Senado Federal en dos turnos, con 75 votos a favor y uno solo en contra, el del exvicepresidente y senador Hamilton Mourão (Republicanos). Como los senadores mantuvieron la misma redacción aprobada por la Cámara de Diputados, el texto no volvió a la cámara baja y fue promulgado este viernes 16 en una sesión solemne encabezada por el presidente del Congreso, Davi Alcolumbre (União), y el titular de Diputados, Hugo Motta (Republicanos), con la presencia del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Qué cambia y cuándo

La enmienda modifica el artículo 7° de la Constitución brasileña y establece una transición en dos etapas. Sesenta días después de la promulgación, las empresas deberán adoptar la escala 5×2 y la jornada máxima bajará a 42 horas semanales. Doce meses más tarde, el tope quedará fijado de manera definitiva en 40 horas, con un máximo de ocho horas diarias. El texto prohíbe expresamente que la reducción de horas se traduzca en una baja salarial y preserva los pisos de cada categoría.

Según un relevamiento del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese), elaborado con datos de la encuesta nacional de hogares de 2025, la medida podría beneficiar a 26,8 millones de personas que hoy trabajan más de 40 horas semanales. Datos del Ministerio de Trabajo y del IBGE citados durante la votación indican que 36,2 millones de vínculos formales tienen una jornada contratada superior a ese límite.

En la ceremonia, Lula calificó la enmienda como una «victoria de la sociedad brasileña» y la comparó con la Constitución de 1988. Alcolumbre, por su parte, sostuvo que al aprobar el fin de la escala 6×1 «el Legislativo brasileño eligió el camino correcto, no el camino fácil», y afirmó que los impactos de la medida «son incalculables».

Una bandera que nació en la calle

La reducción de la jornada fue durante años una demanda histórica del movimiento sindical brasileño. El senador Paulo Paim (PT), que presentó a lo largo de su carrera diversos proyectos para llevar la jornada a 40 horas, estuvo entre los firmantes de la promulgación. El tema recobró fuerza a fines de 2024, cuando la diputada federal Erika Hilton (PSOL) lo instaló nuevamente en la agenda pública, y el gobierno lo convirtió en prioridad legislativa a partir del discurso de Lula del 1° de mayo de 2025.

La Central Única de los Trabajadores (CUT) celebró el fin de la «masacrante escala 6×1» como una victoria «mayúscula de la lucha, del sudor y de la organización de la clase trabajadora brasileña». En un comunicado, la central sostuvo que la aprobación marca un punto de quiebre en la superación de «un modelo arcaico y cruel que succiona las energías de quien realmente trabaja y produce la riqueza de esta nación». La Força Sindical, a través de su presidente Miguel Torres, destacó que la medida dará a millones de personas más tiempo para la salud, la familia, la formación y el ocio.

El lobby empresario ya pide marcha atrás

La reacción patronal no tardó. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) calificó la enmienda como un «retroceso» y su presidente, Ricardo Alban, pidió al Congreso que revise la medida «tras la constatación, por ejemplo, de la pérdida de competitividad y de la alta inflacionaria». La entidad estimó que la reducción de la jornada elevaría los costos de producción hasta en 267.000 millones de reales, con una caída de 0,7% del PIB. La Confederación Nacional del Comercio (CNC) lamentó que el tema se discutiera «en pleno período electoral».

Las proyecciones catastróficas, sin embargo, no son unánimes. Un estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) estimó que el impacto sobre el costo total de las empresas rondaría el 1% en sectores como el comercio y la industria, con un máximo de 6,6% en vigilancia y seguridad. Una vez más, el argumento de la competitividad aparece como escudo para defender jornadas extenuantes que el propio mundo desarrollado abandonó hace décadas.

El bolsonarismo, entre el voto a favor y la letra chica

La oposición bolsonarista, que resistía la enmienda e intentó frenar su tratamiento esta semana, terminó liberando a su bancada cuando Alcolumbre puso el tema en el orden del día, y votó mayoritariamente a favor. El propio Flávio Bolsonaro anticipó que acompañaría el fin de la escala 6×1, una propuesta que se convirtió en una de las principales banderas de la campaña de Lula para el balotaje.

Pero el doble discurso quedó expuesto pocas horas después. En una entrevista con el canal de noticias Jovem Pan, el líder del Partido Liberal (PL) en Diputados, Sóstenes Cavalcante, afirmó que, si Flávio Bolsonaro gana la presidencia, debería impulsar la PEC 12/2026, que prevé un contrato «por hora trabajada». El voto favorable del bolsonarismo en el recinto convive así con una agenda de precarización que espera su turno en el cajón. El senador Randolfe Rodrigues reclamó a los legisladores contrarios al fin de la 6×1 que retiren sus firmas de esa iniciativa para permitir su archivo.

Un balotaje abierto a nueve días de las urnas

La promulgación llega en el momento más delicado de la campaña. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro se impuso con el 47,03% de los votos contra el 45,16% de Lula. Las encuestas difundidas este viernes muestran, sin embargo, un escenario de empate técnico: la de la Confederación Nacional del Transporte con el instituto MDA ubica a Flávio con 50,5% y a Lula con 49,5%, mientras que PoderData/AYA registra 48% contra 46%, una diferencia dentro del margen de error. En su medición anterior, PoderData había dado a Flávio una ventaja de 53% a 47%.

El segundo turno se celebrará el 25 de octubre. Lula llega a la recta final con una conquista concreta para el bolsillo y el tiempo de vida de la clase trabajadora, y con la ultraderecha obligada a votar una medida que combatió hasta último momento.

El espejo argentino: 12 horas y banco de horas

El contraste con la Argentina es brutal. En febrero de 2026, el Congreso aprobó la llamada Ley de Modernización Laboral impulsada por Javier Milei, que en el Senado obtuvo 41 votos a favor, 28 en contra y dos abstenciones, con Patricia Bullrich como jefa del bloque de La Libertad Avanza al frente de las negociaciones. La norma habilita extender la jornada diaria de 8 a 12 horas sin pago de horas extras, compensadas mediante un «banco de horas»; reduce las indemnizaciones por despido y restringe el derecho a huelga en sectores considerados esenciales, con prestaciones mínimas de entre el 50% y el 75%.

La CGT definió esa reforma como «regresiva e inconstitucional». Mientras Brasil discute cómo devolverle tiempo de vida a quienes trabajan, el gobierno libertario legisló para que ese tiempo quede a disposición del empleador. Dos modelos de país, dos ideas opuestas sobre quién debe pagar el costo del desarrollo.

Lo que tenés que saber:

  • El Senado de Brasil aprobó el 14 de octubre, por 75 votos contra 1, la PEC 221/2019 que elimina la escala 6×1.
  • La jornada máxima baja de 44 a 40 horas semanales sin reducción salarial, con dos días de descanso remunerado por semana.
  • La transición fija 42 horas a los 60 días de la promulgación y 40 horas doce meses después.
  • Lula participó este viernes de la promulgación, a nueve días del balotaje del 25 de octubre contra Flávio Bolsonaro.
  • En la Argentina, la reforma laboral de Milei aprobada en febrero de 2026 habilita jornadas de hasta 12 horas con banco de horas.

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