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Los ex presidentes uruguayos Mujica y Sanguinetti renunciaron a sus bancas

Mientras que José «Pepe» Mujica aseguró que lo echó del Senado «la pandemia» de coronavirus, Julio María Sanguinetti argumentó que le dejará su lugar a Tabaré Viera, para dedicarse «a otras tareas».

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Los octogenarios ex mandatarios de Uruguay, dos pesos pesados de la política del país vecino, renunciaron este martes a sus bancas de senadores. Mientras que José «Pepe» Mujica aseguró que lo echó «la pandemia» de coronavirus, Julio María Sanguinetti argumentó que le dejará su lugar a Tabaré Viera, para poder dedicarse «a otras tareas».

Pepe Mujica, presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, dimitió a su escaño y se retiró así definitivamente de la política activa, en una decisión acelerada por la pandemia de coronavirus y por su edad, ya que señaló que padece «una enfermedad autoinmune».

«Esta situación me obliga, con mucho pesar por mi profunda vocación política, a solicitar que gestione mi renuncia a la banca que me otorgó la ciudadanía», escribió Mujica, de 85 años, en una carta leída este martes en sesión extraordinaria del Senado uruguayo.

«Me esta echando la pandemia. Ser senador es hablar con gente y andar por todos lados. Estoy amenazado por todos lados: por la vejez y por mi enfermedad. Si mañana aparece una vacuna yo no me puedo vacunar», agregó el dirigente del Frente Amplio que será reemplazado por Alejandro Sánchez.

«En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad ante las cosas, el odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye», manifestó.

Durante su despedida, la segunda luego de su renuncia dos años atrás, el exmandatario también aseguró que se ve como «un consejero» de sus compañeros del Movimiento de Participación Popular (MPP), una idea que ya había deslizado anteriormente.

La primera vez que Mujica se despidió de su banca fue en 2018. En aquel momento su esposa, y en ese momento presidenta de la Cámara, Lucía Topolansky, leyó la carta de renuncia en la que explicaba que se retiraba por motivos «personales».

Pepe Mujica.

«Los motivos son personales, diría ‘cansancio de largo viaje’.», expresaba Mujica y agregaba: «No obstante, mientras mi mente funcione, no puedo renunciar a la solidaridad y la lucha de ideas».

Al respecto, el presidente argentino, Alberto Fernández, le envío un saludo entrañable en el que aseguró que “triunfar en la vida es poder levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae”. «No te estás despidiendo. Nunca te vas. Siempre estás presente y sembrando futuro. Gracias querido amigo Pepe Mujica!», escribió en su cuenta de Twitter.

Como uno de los principales dirigentes del Frente Amplio, Mújica llegó a ser presidente siendo uno de los políticos más populares y a la vez más resistidos del país por su pasado guerrillero, y tuvo una enorme proyección internacional.

Su estilo alejado de protocolos y sus discursos en plataformas globales volcados a valores humanos poco usuales en el lenguaje político lo convirtieron en un personaje buscado por medios de todo el mundo.

Julio María Sanguinetti.

En la misma sesión también presentó su renuncia como senador el ex presidente Julio María Sanguinetti, jefe de Estado del país vecino en dos oportunidades, en un primer mandato entre 1985 y 1990, y luego entre 1995 y 2000.

«Por la presente vengo a renunciar al cargo de senador que actualmente ocupo. Me motiva principalmente la necesidad de atender la secretaría general del Partido Colorado, mis actividades periodísticas y corresponsalías editoriales», escribió en su carta de renuncia Sanguinetti, de 84 años, le dejará su banca a Tabaré Viera, para dedicarse «a otras tareas».

El senador ahora retirado fue el primer presidente de Uruguay después de 12 años de dictadura (1973-1985), tras unas elecciones con candidatos proscriptos por el régimen, y se erigió entonces como líder de la restauración democrática, y fue reelecto en 1995 por el tradicional Partido Colorado.

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Murió Maricarmen: la anciana que desafió al fondo inmobiliario y movió a España

Maricarmen Abascal tenía 87 años, discapacidad y más de 70 años viviendo en el mismo piso del barrio madrileño de Retiro. La ejecutaron en la calle el 23 de septiembre. El acuerdo que debía salvarla llegó demasiado tarde. Su muerte sacudió a España, adelantó elecciones y dejó una frase que ya es bandera: «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya».

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Maricarmen ganó la lucha política y perdió la vida: el costo humano de la crisis de vivienda en España.

La sacaron en camilla de la casa donde había vivido 71 años. El fondo inmobiliario que firmó su expulsión tenía nombre corporativo y ningún rostro visible; ella, en cambio, tenía 87 años, movilidad reducida, discapacidad y el contrato de renta antigua que su padre había firmado en 1956. El desahucio de Maricarmen Abascal se ejecutó el 23 de septiembre, mientras centenares de personas se concentraban frente al edificio del barrio de Retiro en Madrid sin poder impedirlo. Este martes 7 de octubre se conoció su fallecimiento.

Maricarmen permaneció internada en el Hospital Gregorio Marañón desde el día del desahucio hasta su muerte, sin poder volver jamás a la habitación donde habían muerto su padre y su madre, y donde ella misma había vivido más de siete décadas. El Sindicato de Inquilinas de Madrid confirmó el deceso y denunció que lo ocurrido fue «absolutamente evitable».

Un proceso «torturante» y una solución que llegó tarde

El Sindicato de Inquilinas describió el proceso legal que padeció Maricarmen como «torturante»: fue el cuarto intento de desahucio al que se enfrentó, y el único que no pudo revertir. La presión social consiguió, sin embargo, lo que la justicia no había otorgado. El 28 de septiembre, apenas cinco días después del desahucio, los representantes de la anciana y la empresa propietaria del inmueble, Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, alcanzaron un acuerdo mediado por el Ayuntamiento de Madrid para que Maricarmen pudiera regresar a su vivienda.

La solución llegó cuando ya no servía de nada. «Si bien se consiguió un acuerdo histórico que le habría permitido volver a su vivienda, esta solución ha llegado demasiado tarde», señaló el Sindicato de Inquilinas. Maricarmen había aceptado la propuesta mientras permanecía internada y manifestó su deseo de recibir el alta para regresar. No llegó a hacerlo.

Setenta y un años en cuatro paredes que la burocracia no supo leer

El litigio que terminó con el desahucio tenía su origen en un contrato de renta antigua suscripto por el padre de Maricarmen en 1956, un año antes de que ella naciera. Ese régimen contractual, pensado para proteger a inquilinos históricos, fue la base sobre la que ella habitó el piso durante más de siete décadas, hasta que el fondo inmobiliario que adquirió el inmueble decidió ejecutar su expulsión.

Antes de que la comisión judicial completara el procedimiento, Maricarmen ya sabía lo que ese piso significaba para ella. «Aquí tengo todos mis recuerdos. Mi papá murió muy joven, en el año 60, con 51 años. Y mi mamá murió en 2005, en esta casa. Yo he vivido aquí desde el año 56 hasta el día de hoy», dijo entonces. Siempre repitió que su sueño era morir en la habitación donde habían fallecido su padre y su madre. La realidad fue otra.

De un piso de Retiro a las plazas de toda España

Lo que comenzó como un caso individual de desahucio se convirtió, en pocas semanas, en el detonante de una crisis política de alcance nacional. Las movilizaciones se multiplicaron por toda España bajo el lema «Todos somos Maricarmen». Un acampe en la Puerta del Sol concentró a miles de personas durante días y obligó al Gobierno a tomar posición.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez aprobó dos reales decretos con medidas en materia de vivienda, conocidos como los Decretos Maricarmen. Ambos fueron rechazados por el Congreso de los Diputados, donde la alianza entre el Partido Popular, Vox y Junts bloqueó las iniciativas. Ante la imposibilidad de gobernar, Sánchez convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre. Las centrales obreras CCOO y UGT anunciaron además una huelga general de 24 horas por la crisis de la vivienda.

Una frase que ya es historia

Al salir de su casa por última vez, Maricarmen quiso agradecer públicamente el apoyo recibido y lanzó un mensaje a quienes habían acompañado su lucha. «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya», dijo entonces. El Sindicato de Inquilinas rescató también otra de sus frases como legado: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».

«Los acontecimientos desencadenados ante la injusticia de su desahucio sin duda suponen un antes y un después en la historia de este país», sostuvo el Sindicato de Inquilinas en el comunicado en el que confirmó su fallecimiento.

Lo que tenés que saber:

  • Maricarmen Abascal, de 87 años, murió internada en el Hospital Gregorio Marañón, adonde había sido trasladada el día de su desahucio, el 23 de septiembre.
  • El fondo inmobiliario que ejecutó su expulsión llegó a un acuerdo para que pudiera volver a su vivienda el 28 de septiembre, pero la solución llegó cuando su salud ya no se lo permitía.
  • El caso desencadenó movilizaciones masivas en toda España, el rechazo parlamentario de los Decretos Maricarmen y el adelantamiento de las elecciones generales al 29 de noviembre.
  • El Sindicato de Inquilinas de Madrid calificó su proceso como «torturante» y su muerte como «absolutamente evitable».
  • Maricarmen había vivido en el mismo piso del barrio de Retiro desde 1956, bajo un contrato de renta antigua firmado por su padre ese mismo año.
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