Cultura
Una novela con un protagonista que va y viene entre dos mundos, lo nuevo de Murakami
La novela se publicó en Japón en abril de este año con gran expectativa luego de seis años sin nada nuevo de él en librerías, ya que lo último fue «La muerte del comendador», en 2017.
Después de seis años sin publicar y tras haber ganado el Premio Princesa Asturias de las Letras, el japonés Haruki Murakami presentará en 2024 por fuera de Japón, donde la editó hace poquitos meses, la novela «La ciudad y sus muros inciertos», un libro que se inspira en un texto que escribió hace 40 años y cuyo protagonista va y viene entre dos mundos.
Aunque en nuestro país todavía no se anunció la fecha de publicación, «La ciudad y sus muros inciertos» llegará a España en 2024, por lo que se podría inferir que en una fecha similar se distribuirá por América Latina. La novela se publicó en Japón en abril de este año con gran expectativa luego de seis años sin nada nuevo de él en librerías, ya que lo último fue «La muerte del comendador», en 2017.
Pese a que todavía no circulan reseñas ni adelantos de la novela por la ausencia de traducciones, el propio Murakami anticipó algo de la trama de su flamante libro en una reciente conferencia en la universidad de Wellesley, Boston. El autor de «Kafka en la orilla» reveló que la base de la historia proviene de un trabajo que escribió hace 40 años y que fue publicado en una revista literaria, pero consideró que estaba «a medio hornear», según el material difundido por la universidad y citado por ABC España.
En palabras del escritor japonés, el protagonista «va y viene entre dos mundos. Un mundo está rodeado de altos muros y no es posible salir. En su interior, la gente vive una vida pacífica. Nadie alberga deseos, nadie sufre. El otro mundo es el mundo en el que vivimos tú y yo, donde pasamos por el dolor, el deseo y las contradicciones. Tiene que elegir en cuál quiere vivir».
Por otro lado, el flamante Premio Princesa de Asturias, que por fin suplió algo de las expectativas de sus lectores con un galardón de gran envergadura, apuntó que nuestro mundo actual, que acaba de salir de una pandemia y donde la guerra entre Ucrania y Rusia continúa, otorga a su novela un significado más oportuno y por eso decidió rescatar el proyecto.
«Con la guerra y el peligro en nuestro mundo, ¿el mundo estéril y amurallado de mi novela resultará más tentador, tanto para el lector como para el protagonista?», se pregunta Murakami, quien empezó a reescribir el libro en marzo de 2020, poco después de que la pandemia detuviera al mundo entero y lo terminó dos años después, cuando la guerra con Ucrania cumplía un año.
De acuerdo con el escritor, esa tesitura bélica y pospandémica hace que cada vez se levanten más muros que dividen a personas y países: «Con sentimientos de sospecha que sustituyen a la confianza mutua se levantan muros a nuestro alrededor de forma constante».
En tal sentido, sostuvo: «Me parece que la condición psíquica de si alguien no es tu aliado, es tu enemigo, sigue extendiéndose. ¿Podrá nuestra confianza en los demás superar una vez más nuestras sospechas? ¿Puede la sabiduría vencer al miedo? Las respuestas a estas preguntas están en nuestras manos. Y en lugar de una respuesta instantánea, se nos exige una profunda investigación que llevará tiempo».
De acuerdo a lo difundido, la última parte de su intervención giró en torno a la trascendencia de su libro en una actualidad que todo lo engulle, con medios hechos para ser consumidos instantáneamente: «Creo que la mayor virtud de la novela es que lleva tiempo escribirla y leerla. Hay cosas en este mundo que solo se pueden crear con tiempo y solo se pueden apreciar si se les dedica tiempo… Por esa razón, son absolutamente esenciales», dijo.
La expectativa por Murakami es tanta que cuando la novela se publicó en Japón, el día 13 de abril, numerosas librerías de Tokio decidieron permanecer abiertas hasta tarde para cumplir con el ritual de los lectores de adquirirla en el instante en que era posible hacerlo. «The City and its Uncertain Walls», título original en inglés de la obra publicada por la editorial nipona Shinchosha, se promociona como una trama «que hace temblar el alma» y, como indica la contraportada, «se debe ir a esta ciudad», aún «a costa de todo».
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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