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América Latina

Lula busca un cuarto mandato en Brasil: el PT oficializó su candidatura para las elecciones de octubre

El Partido de los Trabajadores confirmó la fórmula encabezada por el actual presidente brasileño junto a Geraldo Alckmin. A sus 80 años, el mandatario disputará una nueva elección presidencial frente al candidato conservador Flávio Bolsonaro.

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El Partido de los Trabajadores (PT) confirmó este domingo la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.

El actual mandatario buscará un cuarto mandato no consecutivo al frente del país, acompañado nuevamente por el vicepresidente Geraldo Alckmin en la fórmula oficialista.

La proclamación se realizó durante una convención partidaria en el Expo Center Norte de San Pablo, con la presencia de dirigentes, funcionarios y militantes de la coalición Juntos por Brasil.

Lula afrontará su séptima campaña presidencial

A los 80 años, Lula iniciará una nueva carrera electoral que marcará su séptima campaña presidencial.

Durante los últimos meses, el presidente brasileño sostuvo que mantiene “la misma energía de cuando tenía 30 años” y centró parte de su discurso en la defensa de la soberanía nacional.

Uno de los ejes de su mensaje político fue la relación de Brasil con Estados Unidos y las diferencias con el presidente Donald Trump.

La economía será uno de los principales temas de campaña

El oficialismo llega a la contienda electoral destacando indicadores como la reducción del desempleo y la disminución de la pobreza durante la gestión de Lula.

Sin embargo, el Gobierno también enfrenta cuestionamientos relacionados con la desaceleración económica, la inflación, el déficit fiscal y el crecimiento de la deuda pública.

Estos temas serán parte del debate durante la campaña hacia octubre.

La oposición tendrá a Flávio Bolsonaro como candidato

Del otro lado de la disputa estará el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

El dirigente conservador fue elegido como candidato del espacio opositor luego de que su padre quedara inhabilitado para competir en los comicios.

La elección volverá a enfrentar a dos sectores políticos que marcaron la última etapa de la política brasileña: el oficialismo liderado por Lula y el espacio vinculado al bolsonarismo.

Una investigación sobre su hijo también impacta en la campaña

La campaña de Lula estará atravesada además por la reciente autorización de la Corte Suprema brasileña para investigar por presunto tráfico de influencias a Fábio Luís Lula da Silva, conocido como “Lulinha”.

El hijo mayor del presidente quedó incluido en una causa que será seguida de cerca durante el proceso electoral.

Las encuestas anticipan una elección competitiva

Según la última encuesta de Datafolha mencionada en el informe, en un eventual balotaje Lula obtendría el 48% de intención de voto frente al 43% de Flávio Bolsonaro.

El escenario anticipa una disputa ajustada entre el actual presidente y el candidato opositor.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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