Cultura
«Multiversos peronistas», una muestra en clave de cómic en la que Perón y Evita son protagonistas
El «artista plástico peronista, nerd y habitante del conurbano bonaerense», como se autodefine César Gondor, presenta 13 pinturas “exageradamente peronistas”.
Entre multiversos con sus realidades paralelas y superhéroes como Perón, San Martín, Rosas y la infaltable Evita, el lenguaje del cómic se vuelca en los símbolos del peronismo desde «Multiverso peronista», una exposición itinerante del artista César Gondor que con sus pinturas «exageradamente peronistas», comienza a exponer desde el jueves en la sede del Partido Justicialista de la ciudad de Buenos Aires.
El «artista plástico peronista, nerd y habitante del conurbano bonaerense», como se autodefine Gondor, presenta 13 cuadros que «son del peronismo», imágenes que estarán disponibles en modo stickers, estampita y pósters para los amantes de este imaginario, algo muy usual en este tipo de exposiciones.
«Multiverso peronista» es una muestra de pinturas exageradamente peronistas», escribe el artista desde su cosmovisión en la que logra «congeniar dos mundos» en los que vive, el peronista y el nerd, apropiándose de lenguajes e imaginarios que resignifica en clave política.




Entre los temas de sus pinturas presenta «una tríada que simboliza el peronismo varonil, San Martín, Rosas, Perón, la línea Nacional y popular», explica sobre tres cuadros muy parecidos entre sí donde los grandes referentes históricos visten armaduras.
Pero también estará un Perón meditativo a lo Buda sentado sobre una «flor de loto» roja, o un intrigante chori y las manos que dan y reciben, en el interior del escudo partidario.
«Estas obras vienen a mostrar lo que el artista ha visto en esos infinitos universos donde la oligarquía es derrotada, y caen los poderes de los perversos imperios mordiendo el polvo. Claro que esta magnánima hazaña se materializa a manos del Primer Trabajador y la Abanderada de los humildes».
La sede del PJ Capital inaugurará el jueves a las 19 esta exposición que estará disponible hasta el 13 de abril en San José 181, en tanto a partir del 14 de abril a las 19 se expondrá en la sede del NEP (Salta 522), para luego retornar a la sede del PJ Capital hasta el 21 de ese mes.
Formado en una familia de artistas y en la escuela técnico-artística Fernando Fader del barrio de Flores, Gondor presenta obras de técnicas mixtas en las que se mezclan óleo, acrílico, acuarela, el uso de aerógrafo, lápiz y tinta china sobre papel, bastidores entelados y acetatos.
«Mis pinturas son producto de años de ver dibujos animados, cómics, cine, música de los 90 y la obsesión por la ciencia ficción, amalgamada en una mezcla con la pasión de la militancia forjada en la década ganada, la lectura revisionista de la historia argentina, una visión del mundo atravesada por experiencias pertenecientes a mi infancia de clase media baja y una gran porción de humor», explica Gondor.
«Está escrito que el peronismo será totalmente victorioso tarde o temprano, aunque en realidad existen infinitos universos paralelos donde el movimiento Justicialista ya ha logrado su triunfo o está muy cerca de obtener el dominio absoluto», apunta.
Sobre la muestra en sí destaca que se trata de «una pequeña compilación donde podremos espiar hacia otras realidades y ser testigos de cómo el movimiento Justicialista alcanza la gloria absoluta, para que permanentemente y de una vez por todas, reine en todo el universo, el amor y la igualdad».
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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