Cine & Series
Se estrena El Eternauta: Darín y el recuerdo del 2001
Uno de los ejes que define la identidad «argenta» de la serie es la música popular, que acompaña los momentos clave de cada capítulo a pura emoción.
Netflix presentó una adaptación de «El Eternauta» que, lejos de edulcorarse para las audiencias internacionales, abrazó una identidad profundamente argentina. Bajo la dirección de Bruno Stagnaro, la serie sorprendió tanto a fanáticos como a quienes desconocían la legendaria historieta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López.
Una argentinidad innegociable
Desde los primeros capítulos, que Netflix adelantó a la prensa, «El Eternauta» dejó en claro su apuesta por un tono radicalmente original. El despliegue de recursos y los notables efectos especiales convivieron con una labor de guion que transformó a la historia y la cultura argentina en protagonistas centrales.
El director de «Pizza, birra, faso» y «Okupas» buceó junto a su equipo de guionistas en las raíces de la Argentina contemporánea. El resultado fue una obra que no solo evitó las concesiones al paladar del streaming universal, sino que reforzó el espíritu colectivo y solidario que ya latía en la obra original.
Canciones para resistir la invasión
Uno de los ejes que definió la identidad «argenta» de la serie fue la música. La apertura estuvo a cargo de Manal con «No pibe», escuchado por Juan Salvo (Ricardo Darín) y sus amigos camino a la partida de truco que reproduce la icónica escena inicial de la historieta.
El rock nacional sesentero y setentero sonó en un viejo tocadiscos, acompañando la velada en la que apareció la nieve mortal. A medida que la trama avanzó, las canciones reflejaron el ánimo cambiante de los personajes:
- «El magnetismo», de El Mató a un Policía Motorizado, sintetizó la desolación de una Buenos Aires arrasada.
- «Fuego», de Intoxicados, musicalizó un flashback de fútbol en el conurbano poco antes de la catástrofe.
- «El temblor», de Soda Stereo, cerró un episodio crucial sonando en la casetera de un auto abandonado.
La voz de Mercedes Sosa otorgó una dimensión aún más conmovedora. Su interpretación de «Cambia, todo cambia» y «Credo» acompañó dos de los momentos más intensos de la serie, reforzando la apelación a la fe y la resiliencia en medio del apocalipsis.
De Malvinas a las asambleas del 2001
La adaptación trasladó el relato al presente, en lugar de mantener la Buenos Aires de los años 50. Esta decisión permitió incorporar referencias a hechos de la historia reciente con un sentido de naturalidad y realismo.
Los veteranos de Malvinas cobraron un rol clave. Expertos en tácticas militares, resultaron fundamentales en el escenario de vacío de poder y guerra de guerrillas contra el ejército extraterrestre. Una suerte de revancha simbólica para los excombatientes.
También la crisis del 2001 encontró eco en la organización de los sobrevivientes. La formación de asambleas barriales frente al colapso estatal apareció como un gesto lógico, reflejando la experiencia argentina en situaciones de crisis extrema.
Una historieta revolucionaria
Publicada entre 1957 y 1959 en «Hora Cero Semanal», «El Eternauta» se convirtió en una obra de culto por su profundidad política y su novedosa concepción del héroe colectivo. Juan Salvo representó al «hombre común» enfrentado a circunstancias extraordinarias, siempre en comunidad.
La historieta narró la resistencia ante fuerzas descomunales, remarcando que solo la acción conjunta, la organización popular y la solidaridad permiten sobrevivir. Este mensaje de resistencia encontró en la serie una continuidad respetuosa y actualizada.
El legado de Oesterheld
Héctor Germán Oesterheld, nacido en Buenos Aires en 1919, revolucionó la historieta nacional con una obra atravesada por el humanismo y la crítica social. Tras fundar la editorial Frontera junto a su hermano Jorge, creó títulos fundamentales como «Ernie Pike», «Sherlock Time» y «Mort Cinder».
En los años 70, su compromiso político lo llevó a militar en la clandestinidad. Su secuestro y desaparición en 1977, junto a sus hijas, dejó una herida profunda en la cultura argentina. Su legado, sin embargo, sigue vivo en obras como «El Eternauta», que hoy encuentran nuevas formas de resistir y resignificarse.
Cine & Series
“Gente desalmada”: Fonzi disparó contra Milei desde San Sebastián
La actriz y directora argentina Dolores Fonzi usó el prestigioso Festival de Cine de San Sebastián para denunciar el desfinanciamiento cultural que impuso el gobierno libertario. «La situación en Argentina se resume en una frase: pésimo», sentenció ante la prensa española. El INCAA desmantelado, las coproducciones internacionales cortadas y los subsidios al teatro y los libros en la mira: la industria cultural argentina agoniza por diseño.
El desfinanciamiento del cine argentino tiene cara y tiene nombre: se llama ajuste libertario. Dolores Fonzi lo dijo con una precisión que ningún informe técnico podría igualar: en Argentina ya no es posible coproducir con Francia, Bélgica ni Alemania, porque el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) fue vaciado y con él se cortaron todos los puentes con el financiamiento internacional. Lo que durante décadas permitió que películas pequeñas o medianas llegaran a festivales como el que la convocó este septiembre, hoy es historia.
La actriz y directora Dolores Fonzi realizó estas declaraciones en el marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, adonde viajó para participar de la presentación de Mis muertos tristes, la nueva miniserie del director Pablo Larraín basada en los cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez. Fue allí, ante la prensa acreditada en el festival, donde Fonzi trazó un diagnóstico brutal sobre el estado de la industria audiovisual en la Argentina de Javier Milei.
El puente que ya no existe
«Vengo acá, en estos encuentros se celebra el cine y se celebra la unión y conocés gente de la industria donde tratás de hacer uniones y puentes. Argentina está en un momento incapacitado para propiciar la otra orilla del puente», describió Fonzi, con la crudeza de quien habla desde adentro de la industria.
La actriz explicó con precisión el mecanismo destruido: «Antes trabajábamos con Francia, Bélgica, Alemania; entraban distintos fondos y sucedía que, gracias al instituto que sostenía la gestión, se lograba filmar películas pequeñas o no con estas coproducciones internacionales. Eso ya no es posible». El INCAA no solo perdió recursos propios: su desarticulación eliminó la capacidad institucional de gestionar acuerdos internacionales, dejando a la industria argentina atada exclusivamente a la lógica de las plataformas de streaming.
«Dependemos de las plataformas totalmente, porque ni siquiera se puede gestionar este tipo de coproducciones», advirtió. La paradoja es tan evidente como cruel: una actriz argentina de proyección internacional participa de una de las vitrinas más importantes del cine mundial y debe explicar, ante colegas de todo el planeta, por qué su país ya no puede sentarse del otro lado de la mesa.
Más allá del cine: la cultura como blanco político
El diagnóstico de Fonzi no se limitó al audiovisual. Señaló que el Gobierno también «intentó quitarle los subsidios a los libros, al teatro y así con todo en la cultura». Lo que está en juego, sostuvo, no es una discusión presupuestaria sino una ofensiva deliberada contra la memoria colectiva y la identidad nacional.
«Supongo que sabemos por qué es: que la cultura, ¿no? Es la memoria y la identidad de los pueblos, es el alma. Gente desalmada gobernando pretende matar lo poco de alma que queda», cerró, en una frase que recorrió la prensa del festival y que condensa la mirada de gran parte del sector artístico argentino sobre la gestión libertaria.
El Festival de San Sebastián, uno de los festivales de cine más antiguos y prestigiosos del mundo, se convirtió así en el escenario desde el que una de las figuras más reconocidas del cine argentino eligió hablar de política cultural sin eufemismos ni medias tintas.
Lo que tenés que saber
- Dolores Fonzi criticó duramente al gobierno de Javier Milei desde el Festival de San Sebastián, donde presentó la miniserie Mis muertos tristes de Pablo Larraín.
- Denunció que el vaciamiento del INCAA eliminó la posibilidad de coproducir con países como Francia, Bélgica y Alemania, dejando a la industria dependiente exclusivamente de las plataformas.
- Alertó que el Gobierno también avanzó sobre los subsidios al teatro y a los libros, en lo que describió como una ofensiva sistemática contra toda la cultura.
- Definió la situación argentina con una sola palabra: «pésimo», y sintetizó su crítica en una frase: «Gente desalmada gobernando pretende matar lo poco de alma que queda».
- El Festival de San Sebastián se convirtió en la plataforma internacional desde la que el sector artístico argentino denuncia el desmantelamiento de las políticas culturales nacionales.
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