Espectáculos 🎭
El rock del 10D
Con la Plaza de Mayo a pleno, tocaron Massacre, los Súper Ratones y Barbi Recanati
Massacre, Los Súper Ratones y Barbi Recanati fueron las bandas del apartado musical «rockero» en la Plaza de Mayo por el Día de la Democracia y los Derechos Humanos, en una plaza colmada de militantes y banderas.
«Hola loques, un beso, Massacre dice ‘presente’ en la Plaza», dijo Wallas, cantante de Massacre, que subió a las 17 al escenario al ritmo de su canción «La resurrección» y al que le siguió «Plan B: Anhelo De Satisfacción», la canción que los llevó al mainstream tras 15 años en el under. Luego el cantante dijo: «vamos a traer a alguien que hizo mucho por la democracia y el arte: Luis Alberto Spinetta» antes de entonar «Ana no duerme» y recitar «no olvidemos el Plan Cóndor».
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A las 16.35 fue el turno de Súper Ratones, pero antes de que el quinteto de soft rock comenzará con su repertorio, los animadores de la tarde pidieron a las agrupaciones presentes que corrieran sus estandartes para que el público que colma la Plaza pudiera ver, algo que sucedió y fue aplaudido por los presentes. Mario Barassi, cantante de los Super Ratones aclaró que «estamos celebrando la democracia», luego de entonar el ultrapegadizo himno de la banda «Cómo estamos hoy, eh».
Recanati, exvocalista de Utopians y que luego de su disolución armó su proyecto solista, acompañado por sello discográfico Goza Records junto a la radio Futurock, con quienes también creó el podcast Mostras del Rock, se subió junto a su banda y ese toque de pop y punk que la caracteriza. «Que esta democracia dure una eternidad», dijo desde un austero escenario, que tiene como telón de fondo a la Casa Rosada y una escarapela en forma de corazón colgando en el arco de entrada. Más tarde serán de la partida Ráfaga, Peteco Carabajal, Teresa Parodi y Víctor Heredia.
Previo a los discursos que estarán a cargo del presidente, Alberto Fernández; la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y el exmandatario de Brasil Luiz Inácio «Lula» da Silva, la cantante Dolores Solá interpretará una versión del Himno Nacional Argentino.
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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