Espectáculos 🎭
El día en que Serú Girán se despidió del público, sin saberlo
Los recitales del 6 y 7 de marzo de 1982 fueron presentados como la despedida «temporaria» de Pedro Aznar, quien a finales del ’81 había anunciado que se iba a los EEUU a estudiar en la prestigiosa escuela de música de Berklee. Esto provocó en la banda un estado de incertidumbre del que no se pudieron recuperar. La historia.
Por Hernani Natale
Serú Girán, una de las bandas más grandes que dio el rock argentino a lo largo de su historia, daba sus últimos conciertos hace 40 años, en el porteño Estadio Obras, en una serie de shows que quedarían registrados en el disco en vivo «No llores por mí, Argentina».
Los recitales del 6 y 7 de marzo de 1982 fueron presentados como la despedida temporaria de Pedro Aznar, quien hacia finales del año anterior había sorprendido a Charly García, David Lebón y Oscar Moro, sus compañeros de banda, con el anuncio de que se iba a Estados Unidos para estudiar en la prestigiosa escuela de música de Berklee.
Sin embargo, el cimbronazo interno que provocó esta sorpresiva decisión derivó en que la banda ingresara en un estado de incertidumbre sobre su futuro -que para ese momento se presentaba como promisorio, con la firme intención de proyectarse a nivel internacional-, que desembocó en su definitiva solución.
Con cuatro brillantes discos editados («Serú Girán», de 1978; «La grasa de las capitales», de 1979; «Bicicleta», de 1980; y «Peperina», de 1981), el grupo se había posicionado como el más importante de la escena local y ya había grabado algunas versiones de muchas de sus conocidas canciones en inglés para poder continuar su crecimiento en el mercado sajón.

Pero esa ambición fue justamente el detonante para que su ascendente andar se detuviera. Ocurre que, en ese contexto, Serú había actuado el año anterior en un festival internacional de jazz que se llevó a cabo en Río de Janeiro, oportunidad en la que un joven Aznar aprovechó para mostrarle material que había grabado en un estadio casero a la estrella estadounidense el jazz-rock Pat Metheny.
Las buenas devoluciones que obtuvo de parte del brillante guitarrista le dieron ánimo al bajista de Serú para perfeccionarse, por lo que decidió emigrar al país del norte para realizar estudios avanzados y finalmente unirse a la banda de Metheny.
Así, el exitoso combo argentino encaró algunos compromisos de verano que ya había pre-acordado, como su participación en el Festival de La Falda -en una recordada edición marcada por la intolerancia del público con las nuevas expresiones musicales- y una gira por la Costa.
Finalmente, se anunciaron los shows en Obras con la excusa de despedir a Aznar e ingresar en un impasse hasta definir cómo continuar. Entre otras alternativas, puertas adentro, se barajaron reemplazarlo por el uruguayo Beto Satragni o buscar un guitarrista y que Lebón tocara el bajo, hasta que finalmente se cayó en la cuenta que cualquier enroque no iba a ser una empresa sencilla por las virtudes interpretativas del joven músico.
En los conciertos en Obras, Serú Girán repasó canciones de sus cuatro discos y mostró muchas composiciones que comenzaban a perfilarse como material para un futuro álbum, como el caso de «No llores por mí, Argentina», «Yo no quiero volverme tan loco» y «Oh, Dios ¿qué puedo hacer?», estas últimas incluidas finalmente en los discos solistas «Yendo de la cama al living», de Charly, y «El tiempo es veloz», de Lebón, respectivamente.
Los shows fueron registrados por el ingeniero Gustavo Gauvry y, meses más tarde, se publicó un disco en vivo, con numerosos retoques en estudio, que llevó el nombre de la primera de las nuevas canciones mencionadas y resultó el epitafio del grupo.
Precisamente, ese tema y una versión de «Popotitos», con algunos cambios improvisados en su letra, como el recordado pedido cantado de Charly para que el iluminador Miguel Quaranta bajara la intensidad de las luces, fueron las únicas novedades en el álbum.
Con motivo de este aniversario, en las redes sociales de la banda se anunció la inminente publicación de un documental con un anticipo en donde se puede escuchar el testimonio de Gauvry y audios de esos conciertos.
Entre otras cosas, allí aparece el cántico del público que decía «Pedro no se va» y una entrada distinta a la conocida en el disco de «No llores por mí, Argentina», con una introducción de batería y bajo para luego dar paso al famoso fraseo de guitarra.
«Hay mucho material que se perdió y hay mucho material que existe y que nunca salió a la luz», revela allí el ingeniero de sonido al recordar esas jornadas.
Y agrega: «Es como que antes las ediciones se cuidaban, a mi gusto, demasiado. Yo creo que está bueno sacar grandes discos pero también sacar grabaciones en vivo, discos que no suenen tan bien inclusive. El público está muy ávido, por eso existe la piratería, que le da al público lo que los músicos no le querían dar».
El futuro de Serú tras la partida de Aznar se definió en los hechos al poco tiempo: tanto Charly como Lebón iban a comenzar a trabajar en los respectivos discos que pondrían en marcha de manera definitiva sus carreras solistas, en tanto que Moro conformó un dúo con Satragni que dejó como saldo un excelente registro de 1983.
Como si hubiera quedado alguna duda para el público, la revelación llegaría cuando en el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, el show benéfico realizado en plena Guerra de Malvinas, en mayo de 1982, apenas iban a participar Charly y Lebón en nombre de Serú.
«Serú Girán es un grupo que cambia y hoy es la última vez que vamos a tocar así, pero las canciones no van a morir para nada. Quédense tranquilos», se escucha decir a Charly a su público en el anticipo del documental anunciado en las redes del grupo. El tiempo le dio la razón.
CABA
Patrimonio en el aula: el mural submarino de Quinquela en La Boca
Buzos en el fondo del mar, pintado por Quinquela Martín en 1936, es patrimonio cultural porteño por ley desde 2006. Sin embargo, su restauración recién concluyó en 2021, en una escuela pública de La Boca donde el registro oficial consigna solo cinco murales recuperados hasta 2024.
En un aula del primer piso de una escuela pública de La Boca, los chicos tienen desde 1936 un fondo del mar pintado en la pared: buzos de aspecto fantástico entre algas y peces, bajo un velo verde que oscurece toda la escena.
Se trata de Buzos en el fondo del mar, uno de los murales que el pintor Benito Quinquela Martín donó a la Escuela Primaria Común N.º 9 del Distrito Escolar 4, ubicada en la Avenida Pedro de Mendoza 1835. Según la ficha oficial del Museo Benito Quinquela Martín, la obra mide 270 por 600 centímetros, fue realizada en 1936 con óleo, cera y resina sobre Celotex y ocupa una pared del aula Escultor Lucio Correa Morales.
Una escena de trabajo bajo el agua
La ficha del museo explica que Quinquela quiso mostrar, al mismo tiempo, la belleza casi irreal del mundo que yace en el fondo de mares y ríos y lo esforzado y peligroso de la tarea de los buzos, un personaje que despierta una profunda curiosidad entre los chicos que viven cerca del río. Los buzos se recortan con trazos vigorosos en medio de una profusión policroma de algas y peces, atenuada por un tono verde que cubre toda la escena.
El director del Museo Benito Quinquela Martín, Víctor Fernández, advirtió en 2021 que, incluso restaurado, el mural es notablemente más oscuro de lo que se espera de un cuadro de Quinquela. Explicó además que en sus murales el artista se permitía cambiar de disciplina y mostrar otros temas, y que el de los buzos también formaba parte del trabajo de la gente del barrio.
Una escuela decorada pese a la oposición oficial
El 19 de julio de 1936 se inauguró la Escuela Museo Pedro de Mendoza con dieciséis pinturas murales realizadas y donadas por Quinquela, según la cronología del Museo. Dos años después, también un 19 de julio, abrió al público el Museo de Bellas Artes de La Boca, en los altos del mismo edificio.
Según consta en el sitio oficial del Gobierno porteño, el pintor debió enfrentar la oposición de las autoridades del Consejo de Educación, que no querían que decorara las paredes interiores de la escuela. Quinquela defendió su idea con una frase: “La pintura mural es una necesidad patriótica”. Hoy, en la escuela aseguran que “los chicos no pasan de grado, pasan de mural”.
Patrimonio por ley, restauración mural por mural
La Legislatura porteña declaró Bien Integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad la obra de Quinquela pintada en los murales de la escuela, mediante la Ley 2171, sancionada el 23 de noviembre de 2006. La primera puesta en valor concluyó recién en 2019, con Cargadoras de naranjas en Corrientes, trece años después.
La restauración se encaró por convenio entre el Ministerio de Educación porteño y el Centro TAREA, de la Escuela de Arte y Patrimonio de la Universidad Nacional de San Martín. Buzos en el fondo del mar quedó listo en 2021; Regreso de la pesca, en 2022; Bendición de las barcas, en 2023; y Mascarones de proa, en 2024, según el registro oficial del proyecto.
Judith Fothy, coordinadora del proyecto, explicó en 2021 que la humedad del Riachuelo, el polvillo ambiental, la exposición a la luz directa y hasta algún pelotazo de los chicos fueron degradando las obras, y que el trabajo permite recuperar hasta un 90 por ciento de cada una. En ese momento se informó que la recuperación de cada pintura demora entre cinco y seis meses.
El registro oficial consigna cinco puestas en valor concluidas entre 2019 y 2024, mientras que en 2021 se estimó que trece murales necesitaban intervención. El sitio del Gobierno porteño no informa fechas para el resto de las obras.
Damasia Gallegos, directora del Centro TAREA, sostuvo en un acto de entrega de otro de los murales restaurados que estas obras terminan siendo dispositivos pedagógicos para los estudiantes, un uso cotidiano que las diferencia de las piezas de museo.
Lo que tenés que saber:
- Buzos en el fondo del mar fue pintado por Quinquela Martín en 1936 con óleo, cera y resina sobre Celotex.
- Mide 270 por 600 centímetros y está en el aula Escultor Lucio Correa Morales, en el primer piso de la Escuela N.º 9 (Avenida Pedro de Mendoza 1835).
- La Ley 2171 (2006) declaró patrimonio cultural de la Ciudad la obra de Quinquela pintada en los murales de la escuela.
- Fue restaurado en 2021 por el Centro TAREA de la UNSAM y el Ministerio de Educación porteño.
- El registro oficial consigna cinco murales restaurados entre 2019 y 2024.
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