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Fiscalía insiste en la prisión preventiva para L-Gante
El fiscal Raúl Villalba, pidió la prisión preventiva para L-Gante, acusado por los delitos de amenazas y privación ilegal de la libertad en perjuicio de dos víctimas.
El fiscal de la causa penal por la que está detenido desde el 6 de junio pasado Elián Ángel Valenzuela, el cantante de cumbia 420 más conocido como L-Gante, pidió este lunes la prisión preventiva para el acusado por los delitos de amenazas y privación ilegal de la libertad en perjuicio de dos víctimas, informaron fuentes judiciales.
El requerimiento fue efectuado por el fiscal Raúl Villalba, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 9 de Moreno-General Rodríguez, ante el juez de Garantías 2 del mismo departamento judicial, Gabriel Castro, el mismo magistrado que le otorgó la semana pasada la excarcelación extraordinaria al L-Gante, aunque esa medida quedó en suspenso ya que tanto la fiscalía como el particular damnificado apelaron y ahora debe resolver la cuestión la Cámara de Apelaciones de Mercedes.
El fiscal solicitó la prisión preventiva con similares argumentos con los que apeló la excarcelación extraordinaria, entre ellos, la existencia del riesgo procesal de entorpecimiento de la investigación si L-Gante recupera la libertad.
Para Villalba, “debe contemplarse no sólo la conducta de Valenzuela y su no respeto a la autoridad puesto de manifiesto con su accionar en los hechos traídos a estudio, sino que además debe tenerse presente que se domicilia en el mismo barrio que las víctimas de autos, ello a escasos metros de distancia”.
“No debe asimismo dejar de tenerse en cuenta, que el imputado ha entrado y se mantiene en conflicto con la ley penal en diversas ocasiones, afrontando numerosas acusaciones con el trámite de diversas causas, estando-incluso algunas de las mismas ya elevadas a juicio oral, debiendo ser expuesto además, que algunas de ellas se vinculan a hechos relacionados con amenazas y la utilización de armas, lo que evidencia la falta de apego en el imputado el aceptar las normas de convivencia en sociedad y de respeto a la ley”, indicó en un fallo de 63 páginas.
A su vez, el fiscal también apeló la decisión del juez Castro de no hacer lugar al pedido de detención a un segundo sospechoso que sería cómplice en los hechos investigados.
Según Villalba, L-Gante “sabe que su versión exculpatoria adolece de argumentos y no puede acreditarse verosimilitud en el relato por parte de quien podría ser su único testigo para hacer sucumbir la acusación, puesto que este tal posible «pseudo» testigo en realidad resulta ser coautor del hecho que se ventila en esta investigación, entonces revelar su identidad lo dejaría de bruces contra su imputación, único motivo cierto razón por la que no se lo ofreciera por parte de la defensa de Valenzuela”.
Por otro lado, el miércoles pasado, una de las presuntas víctima, Darío Gastón Torres, y sus abogados denunciaron un aparente acto intimidatorio, ya que alrededor de las 21.30 le prendieron fuego al auto que su esposa tiene asignado en su trabajo como fotógrafa en la Secretaría de Prensa del Municipio de General Rodríguez.
Se trata de un Fiat Uno negro, patente FNU220, que se incendió frente a la Manzana 30, Casa 33, del Barrio Bicentenario de General Rodríguez, frente a la casa de Torres y su pareja, donde tuvieron que intervenir los bomberos para sofocar las llamas.
En el caso interviene la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 9 de General Rodríguez, la misma fiscalía que tiene la causa por las amenazas y privación ilegal de la libertad de L-Gante.
Por su parte, el juez Castro impuso al músico una serie de condiciones para ser excarcelado –además de una caución de 20 millones de pesos-, como la prohibición de salir del país, la obligatoriedad de comparecer una vez al mes en la sede de su juzgado, una prohibición de acercamiento de hasta 500 metros a sus presuntas víctimas, Torres y Rosa Catalina Passi, así como la imposibilidad de comunicarse con ellos bajo ningún medio.
La denuncia que derivó en el arresto del cantante fue realizada el 27 de mayo último por Torres, vecino de la familia de Valenzuela, que reside en el barrio Bicentenario de General Rodríguez, en el oeste del conurbano.
Según las fuentes, la mañana de ese día, a la salida del local bailable «Río» ubicado en esa localidad, hubo un incidente con varios jóvenes integrantes de la denominada «La Mafilia», el grupo de amigos y músicos al que pertenece L-Gante.
Cuando Torres se retira del boliche para dirigirse a su casa, comenzó a recibir amenazas por parte de Valenzuela.
Tras ello, siempre según la denuncia, integrantes de ese mismo grupo fueron hasta su casa y lo agredieron físicamente tanto a él como a su familia y luego pasó un BMW blanco conducido por Valenzuela, que bajó el vidrio, le apuntó con un arma y subió al auto a Torres.
A los pocos metros, también fue interceptada y obligada a subir al mismo rodado una joven, vecina del músico, que había participado de la primera discusión con los amigos de L-Gante, según la denuncia.
Luego y siempre según los dichos del abogado denunciante, algunos integrantes de «La Mafilia» fueron demorados por la Policía y L-Gante regresó hacia donde estaba el móvil, bajó el vidrio y les dijo a los agentes: ‘Largame a los pibes o a éste te lo mato'», en referencia a la víctima que estaba retenida dentro de su BMW.
Torres permaneció 23 minutos cautivo hasta que L-Gante recibió una llamada en la que le aseguraban que sus amigos habían sido liberados por la Policía y soltó a las víctimas.
Con la prueba reunida, la fiscalía solicitó la detención de Valenzuela ante el Juzgado de Garantías 2, quien convalidó el pedido y dispuso cuatro allanamientos el 6 de junio, uno de ellos en el sector 1 del country del Club Banco Provincia, donde finalmente el músico fue detenido.
En los procedimientos se secuestraron el auto BMW; cuatro réplicas de armas de fuego, dos de ellas tipo pistolas, las otras dos tipo fusil; cinco celulares iPhone y 40 gramos de marihuana.
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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