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Atrapados: la serie argentina que lidera el ranking de Netflix

Fue grabada en la Patagonia argentina y cuenta con un elenco de primer nivel.

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La miniserie argentina Atrapados se convirtió en un éxito global en Netflix. Desde su estreno, se ubicó entre las diez producciones más vistas en la plataforma y lideró el ranking de series de habla no inglesa.

Un fenómeno en Netflix

La plataforma de streaming informó que Atrapados alcanzó 8,2 millones de visualizaciones en su primera semana. La producción, dirigida por Miguel Cohan y grabada en la Patagonia argentina, logró el primer puesto en el top ten de series de habla no inglesa a nivel mundial.

El elenco cuenta con figuras reconocidas del cine y la televisión, entre ellos Soledad Villamil, Juan Minujín, Alberto Ammann, Matías Recalt y Carmela Rivero.

La serie está basada en la novela homónima del escritor estadounidense Harlan Coben. Con solo seis episodios, logró captar la atención del público global gracias a su atrapante historia y los imponentes paisajes del sur argentino.

Una trama de suspenso y denuncia

Atrapados sigue la historia de una periodista, interpretada por Soledad Villamil, quien investiga una serie de casos de abuso infantil en la ciudad de Bariloche. La investigación revela que el agresor contacta a sus víctimas a través de un videojuego en línea.

Si bien la novela original se publicó en 2010, la adaptación argentina actualiza la historia para analizar el impacto de las redes sociales y las nuevas tecnologías en la sociedad contemporánea.

¿Qué es el grooming?

Uno de los temas centrales de la miniserie es el grooming, una forma de acoso sexual en la que un adulto establece una relación de confianza con un menor a través de medios digitales. Este tipo de delitos, facilitados por chats y redes sociales, representan un grave peligro en la era digital.

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“Gente desalmada”: Fonzi disparó contra Milei desde San Sebastián

La actriz y directora argentina Dolores Fonzi usó el prestigioso Festival de Cine de San Sebastián para denunciar el desfinanciamiento cultural que impuso el gobierno libertario. «La situación en Argentina se resume en una frase: pésimo», sentenció ante la prensa española. El INCAA desmantelado, las coproducciones internacionales cortadas y los subsidios al teatro y los libros en la mira: la industria cultural argentina agoniza por diseño.

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Fonzi denunció que el vaciamiento del INCAA eliminó la posibilidad de coproducir con países como Francia, Bélgica y Alemania.

El desfinanciamiento del cine argentino tiene cara y tiene nombre: se llama ajuste libertario. Dolores Fonzi lo dijo con una precisión que ningún informe técnico podría igualar: en Argentina ya no es posible coproducir con Francia, Bélgica ni Alemania, porque el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) fue vaciado y con él se cortaron todos los puentes con el financiamiento internacional. Lo que durante décadas permitió que películas pequeñas o medianas llegaran a festivales como el que la convocó este septiembre, hoy es historia.

La actriz y directora Dolores Fonzi realizó estas declaraciones en el marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, adonde viajó para participar de la presentación de Mis muertos tristes, la nueva miniserie del director Pablo Larraín basada en los cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez. Fue allí, ante la prensa acreditada en el festival, donde Fonzi trazó un diagnóstico brutal sobre el estado de la industria audiovisual en la Argentina de Javier Milei.

El puente que ya no existe

«Vengo acá, en estos encuentros se celebra el cine y se celebra la unión y conocés gente de la industria donde tratás de hacer uniones y puentes. Argentina está en un momento incapacitado para propiciar la otra orilla del puente», describió Fonzi, con la crudeza de quien habla desde adentro de la industria.

La actriz explicó con precisión el mecanismo destruido: «Antes trabajábamos con Francia, Bélgica, Alemania; entraban distintos fondos y sucedía que, gracias al instituto que sostenía la gestión, se lograba filmar películas pequeñas o no con estas coproducciones internacionales. Eso ya no es posible». El INCAA no solo perdió recursos propios: su desarticulación eliminó la capacidad institucional de gestionar acuerdos internacionales, dejando a la industria argentina atada exclusivamente a la lógica de las plataformas de streaming.

«Dependemos de las plataformas totalmente, porque ni siquiera se puede gestionar este tipo de coproducciones», advirtió. La paradoja es tan evidente como cruel: una actriz argentina de proyección internacional participa de una de las vitrinas más importantes del cine mundial y debe explicar, ante colegas de todo el planeta, por qué su país ya no puede sentarse del otro lado de la mesa.

Más allá del cine: la cultura como blanco político

El diagnóstico de Fonzi no se limitó al audiovisual. Señaló que el Gobierno también «intentó quitarle los subsidios a los libros, al teatro y así con todo en la cultura». Lo que está en juego, sostuvo, no es una discusión presupuestaria sino una ofensiva deliberada contra la memoria colectiva y la identidad nacional.

«Supongo que sabemos por qué es: que la cultura, ¿no? Es la memoria y la identidad de los pueblos, es el alma. Gente desalmada gobernando pretende matar lo poco de alma que queda», cerró, en una frase que recorrió la prensa del festival y que condensa la mirada de gran parte del sector artístico argentino sobre la gestión libertaria.

El Festival de San Sebastián, uno de los festivales de cine más antiguos y prestigiosos del mundo, se convirtió así en el escenario desde el que una de las figuras más reconocidas del cine argentino eligió hablar de política cultural sin eufemismos ni medias tintas.

Lo que tenés que saber

  • Dolores Fonzi criticó duramente al gobierno de Javier Milei desde el Festival de San Sebastián, donde presentó la miniserie Mis muertos tristes de Pablo Larraín.
  • Denunció que el vaciamiento del INCAA eliminó la posibilidad de coproducir con países como Francia, Bélgica y Alemania, dejando a la industria dependiente exclusivamente de las plataformas.
  • Alertó que el Gobierno también avanzó sobre los subsidios al teatro y a los libros, en lo que describió como una ofensiva sistemática contra toda la cultura.
  • Definió la situación argentina con una sola palabra: «pésimo», y sintetizó su crítica en una frase: «Gente desalmada gobernando pretende matar lo poco de alma que queda».
  • El Festival de San Sebastián se convirtió en la plataforma internacional desde la que el sector artístico argentino denuncia el desmantelamiento de las políticas culturales nacionales.
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