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COVID: la sobrecarga de contagios agobia los destinos brasileños más elegidos

Florianópolis, Camboriú, Río de Janeiro, Buzios y Salvador, destinos preferidos de los argentinos en el verano brasileño, presentan una situación sanitaria preocupante.

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Por Pablo Giuliano

Florianópolis, Camboriú, Río de Janeiro, Buzios y Salvador, destinos preferidos de los argentinos en el verano brasileño, presentan una situación sanitaria preocupante con filas en los centros médicos, algo que obliga a los turistas a buscar test para Covid-19 en farmacias, a un costo que parte de los 120 reales, unos 22 dólares.

Santa Catarina -el estado fronterizo con Misiones cuya capital es la isla de Florianópolis y también tiene a Camboriú, Itapema y Praia do Rosa como favoritas de los argentinos- está según especialistas de la universidad federal local, en un momento de «descontrol de la pandemia» y es por eso que se suspendieron las vacaciones y las licencias de médicos y enfermeros de hospitales públicos.

A esto se le sumó la falta de datos completos sobre Covid-19 en la base de datos del Ministerio de Salud desde el 11 de diciembre por un ataque de hackers, que impide tener la real dimensión de lo que está ocurriendo en el país, que es el segundo en número de muertes por la pandemia y el tercero en contagios del mundo.

Preocupa la situación sanitaria en Florianópolis, Camboriú, Río de Janeiro, Buzios y Salvador de Bahia.
El crucero Costa Fascinosa con casos de Covid entre tripulantes y pasajeros

Brasil está lidiando con una doble crisis heredada de diciembre: por un lado, un brote inédito de influenza en las principales ciudades del país y, por otro, la explosión de contagios generada por la variante Ómicron de coronavirus. A esto, además, se suma que para los brasileños la temporada más alta de sus vacaciones va del 26 de diciembre hasta el 3 de enero.

En este complejo escenario, los argentinos que viajaron a pasar sus vacaciones deben presentar certificado de dos dosis de vacunas para cruzar por tierra, más un test PCR para llegar en avión. De todas maneras, una vez en el país muchos sufren y son testigos de la mayor presión sobre el sistema público y privado de salud desde el peor mes de la pandemia, abril de 2021.

«Con filas en las unidades de salud, Santa Catarina vive un momento de descontrol de la pandemia, teniendo en cuenta que hubo una serie de aglomeraciones con las fiestas de fin de año marcada por la llegada de turistas tanto de Brasil como del exterior, con circulación de Ómicron y Influenza A H3N2», explicó la epidemióloga Alexandra Boing, del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Santa Catarina (UFSC).

La imagen de las playas llenas en la semana más movilizada de Brasil también se replicó en la preferidas de los argentinos: «Floripa», Canasvieras, Barra de Lagoa e Ingleses. El descontrol se evidenció en un sinfín de imágenes. Una de ellas fue el show de fin de año del popular cantante de sertanejo Gustavo Lima, quien será multado por haber tocado frente a unas 100.000 personas en el estadio Orlando Scarpelli sin cumplir los protocolos del uso de barbijo.

En paralelo, Balneario Camboriú -tal es su nombre oficial- este año expandió su franja de arena en la playa para recibir más turistas y evitar que los rascacielos de la llamada «Nueva Dubai Brasileña’ le den sombra a la orilla. Como esperaba, recibió más turistas que de costumbre.

El miércoles pasado, su sistema de atención primaria colapsó por los casos de personas con síntomas tanto de influenza como de Covid-19 y se agotaron los test en las farmacias. Pero el panorama hace días que se preveía complicado.

Por eso, las principales ciudades suspendieron las fiestas callejeras de fin de año a causa de la pandemia, lo que según especialistas alimentó la organización de eventos privados y reuniones sociales sin protocolos.

Río de Janeiro, la ciudad maravillosa que acaba de anunciar la suspensión del popular carnaval callejero, hizo una limitada fiesta de lanzamiento de fuegos en la playa de Copacabana -sin transporte público y barreras policiales para evitar el paso de automóviles-, pero igual vio disparar los casos de Covid-19 con Ómicron, una variante que ya representa más de la mitad de los casos registrados. Ante este avance, las autoridades siguen imponiendo restricciones: los turistas deben presentar pasaporte de vacuna para ingresar a las atracciones clásicas de Río, como el Cristo Redentor, el morro Pan de Azúcar o el Museo do Futuro, en la zona portuaria.

En tanto, en la zona turística del entorno de Río tan elegida por los argentinos -Buzios, Arraial do Cabo, Paraty e Ilha Grande-, la llegada de miles de turistas provocó un contagio masivo que agotó los jarabes y antigripales en todas las farmacias.

Una situación similar está viviendo Salvador, la capital de Bahía, y su zona de influencia como Praia do Forte o Morro de Sao Paulo. Antes se registraban 30 casos promedio diarios de coronavirus, pero saltaron a 112 el día 3 y a 111 el 4 de enero, número que se cree está subestimado debido a la falta de test.

Fortaleza, la capital de Ceará, adonde se debe llegar para ir a las paradisíacas playas de Jericoacara o Canoa Quebrada, es otro caso. El índice de positivos era del 1% hasta el 5 de diciembre, pero un mes después el centro de testeos del aeropuerto vio un aumento del 11% y la terminal de micros del 20%.

En una reciente crónica, el diario Folha de Sao Paulo reflejó los casos de turistas internos brasileños que pasaron el Fin de Año en otras ciudades y volvieron, sabiendo que eran positivos de Covid-19, a sus casas, pasando horas en aeropuertos, aviones y colectivos, todos espacios cerrados.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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