Consumo
Ranking de provincias: cuál es la más cara y cuál la más económica para hacer las compras del mes
Un sondeo privado reveló que llenar el changuito familiar cuesta 11% más en la provincia patagónica de Santa Cruz que en Misiones, donde se registran los precios más bajos del país.
La Patagonia se consolida como la región más cara para comprar alimentos básicos en Argentina, según un estudio de la consultora Analytica que comparó precios de productos idénticos en todo el territorio nacional. Santa Cruz encabeza el ranking con un costo de $769.319 para el changuito mensual familiar, mientras que Misiones presenta los valores más económicos con $691.579.
El relevamiento tomó como base una compra mensual típica de alimentos y bebidas de supermercado para una familia de clase media compuesta por dos adultos y dos menores. Para garantizar la comparabilidad entre provincias, se mantuvieron las mismas marcas y cantidades por empaque, utilizando una base de datos online.
Patagonia concentra los precios más altos
Las cuatro provincias con los changuitos más costosos pertenecen a la región patagónica. Después de Santa Cruz ($769.319), se ubican Chubut ($759.467), Tierra del Fuego ($751.937) y Río Negro ($742.188).
En el extremo opuesto, las provincias del noreste argentino presentan los precios más accesibles. Además de Misiones como la más económica, le siguen Chaco ($693.219) y Formosa ($693.746).
Aumentos dispares según la provincia
Pese a liderar en valores absolutos, Santa Cruz registró uno de los menores incrementos porcentuales con apenas 0,7% de suba. En contraste, Jujuy experimentó el mayor aumento relativo con 3,9%, seguida por Catamarca y Corrientes, ambas con 2,5%.
Al analizar los aumentos en pesos, Catamarca encabeza con $34.000 adicionales, seguida por Corrientes ($29.927) y Jujuy ($28.213). Las provincias patagónicas, pese a sus altos precios base, mostraron los menores incrementos absolutos: Tierra del Fuego (+$8.631), Neuquén (+$6.422), Río Negro (+$5.404) y Santa Cruz (+$4.997).
Productos con mayor variación de precios
El pan lactal fue el producto que más aumentó en casi todo el país, con incrementos superiores al 5% en la mayoría de las provincias. Solo se registraron subas más moderadas en Catamarca (2,5%), La Rioja (2,5%) y Jujuy (2,9%).
El azúcar también mostró alzas generalizadas de entre 3% y 5%, con excepciones en Córdoba (1,3%), San Luis (1,6%) y Santiago del Estero (1,9%). En el extremo opuesto, San Juan y Misiones registraron aumentos del 7,6%.
Por el contrario, algunos productos presentaron reducciones de precio. La lata de choclo bajó en la mayoría de las provincias, con las mayores caídas en Chaco (-5,5%), San Juan (-4,3%) y Formosa (-3,4%). El dulce de leche también se abarató, especialmente en CABA (-4,5%), Chaco (-4,4%), Conurbano (-4,2%) y La Pampa (-4,2%).
Puntos clave:
- Santa Cruz tiene el changuito familiar más caro del país ($769.319)
- Misiones registra los precios más bajos ($691.579)
- La diferencia entre provincias llega al 11%
- Jujuy tuvo el mayor aumento porcentual (3,9%)
- El pan lactal fue el producto con más incrementos generalizados
CABA
Vivir en CABA: el 40% de las familias más pobres deja más de la mitad del sueldo en el alquiler
Un informe del Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar confirmó que el 40% de los hogares de menores ingresos en la Ciudad de Buenos Aires destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios treparon casi 25 puntos y la proporción de hogares inquilinos pasó del 22% al 36,9%.
En la Ciudad de Buenos Aires, cuatro de cada diez hogares de menores ingresos destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. El dato surge de un informe elaborado en conjunto por el Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar, que analizó la evolución de las condiciones económicas y habitacionales de los porteños a lo largo de los últimos 13 años. El resultado retrata una ciudad donde el derecho a la vivienda se convirtió en lujo para los que menos tienen.
El estudio, que abarca el período comprendido entre agosto de 2013 y agosto de 2026, identificó un corrimiento estructural en la composición del gasto familiar. Los precios relativos de la vivienda y los servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales en ese lapso, desplazando el peso de otros rubros como alimentación, indumentaria, educación, salud y esparcimiento. El presupuesto familiar quedó cada vez más dominado por gastos fijos, dejando márgenes cada vez más estrechos para el resto de la vida.
El alquiler ya no es una etapa: es una condición permanente
El informe registró además una transformación profunda en la estructura habitacional de la Ciudad. Los hogares inquilinos pasaron de representar alrededor del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, un salto que convirtió al alquiler en una condición habitacional extendida y no ya en una etapa transitoria. La tendencia se profundiza especialmente entre los jóvenes, que acceden cada vez menos a la propiedad y quedan atrapados en un mercado de alquileres que sube sin pausa.
El contraste entre los distintos tipos de hogar revela la dimensión del problema. Según el informe, la canasta de consumo de una persona sola propietaria aumentó un 25,2% en dólares entre 2013 y 2026, mientras que la de una pareja joven propietaria subió un 21,5%. La familia propietaria con dos hijos registró un incremento del 19,4%. En cambio, para una pareja joven que alquila, el aumento fue del 11,4%. Las diferencias ilustran cómo la situación habitacional no es un dato accesorio, sino un factor determinante de la estructura de gastos y de la capacidad de proyección económica de cada hogar.
Los gastos fijos que asfixian el presupuesto
El peso creciente del alquiler dentro del presupuesto familiar no opera de manera aislada. Se combina con el incremento sostenido de las expensas y los servicios públicos, que desde diciembre de 2023 acumularon subas superiores al 500% en rubros como transporte, gas, agua y electricidad, según datos del IIEP (UBA-CONICET). La presión sobre los ingresos es simultánea desde múltiples frentes: el alquiler sube, los servicios suben, y la capacidad de ahorro se contrae.
Para los sectores de menores ingresos, el impacto es de una magnitud que excede cualquier ajuste racional del presupuesto. Cuando el alquiler de un dos ambientes absorbe más de la mitad de los ingresos disponibles, el margen para mudarse, planificar, ahorrar o aspirar a una vivienda propia se vuelve prácticamente inexistente. Lo que el informe describe en términos estadísticos es, en la vida cotidiana de miles de familias porteñas, la imposibilidad de construir un horizonte.
Un mercado sin regulación y un Estado que se retiró
El deterioro del acceso a la vivienda tiene contexto político y regulatorio. La derogación de la Ley de Alquileres en 2023, impulsada como parte del programa de desregulación del gobierno libertario, eliminó los marcos de previsibilidad contractual que, con sus limitaciones, fijaban pisos para la negociación. En un mercado librado a la lógica de la oferta y la demanda, los alquileres se actualizan mensualmente y la incertidumbre sobre el costo de renovación opera como factor de expulsión para los inquilinos más vulnerables.
El informe del CESBA y Fundar llega en un momento en que el gobierno nacional reivindica el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación como señales de recuperación económica. Pero los datos sobre el acceso a la vivienda revelan una recuperación que no llega a los hogares que más la necesitan: aquellos que alquilan, que tienen bajos ingresos, y que enfrentan cada mes la disyuntiva entre pagar el alquiler o cubrir el resto de las necesidades básicas.
Lo que tenés que saber:
- El 40% de los hogares de menores ingresos de CABA destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler de un departamento de dos ambientes.
- Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales, según el informe del CESBA y Fundar.
- Los hogares inquilinos pasaron del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, consolidando el alquiler como condición habitacional estructural y no transitoria.
- La canasta de consumo de una persona sola propietaria subió 25,2% en dólares en ese período; la de una pareja joven que alquila aumentó solo el 11,4%.
- El aumento de los gastos fijos, alquiler, expensas y servicios, reduce el margen para ahorrar, mudarse o proyectar el acceso a una vivienda propia.
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