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Judiciales

Incidentes en el noveno día de juicio por el caso Belsunce: echaron a una testigo

El enojo del juez porque filmó la audiencia de debate.

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Mientras la testigo Débora Lauces brindaba su declaración, el juez Esteban Andrejin levantó su mirada hacia dónde se encontraban los pocos periodistas que siguen cada una de las audiencias del debate junto a algunas personas que ya declararon en el juicio.

En ese momento, y sin mediar palabra, le pidió a una mujer que se retirara de la sala al observar que filmaba la audiencia con su celular escondido en una cartera. El integrante del tribunal solicitó que se tomaran los datos de la mujer para que no vuelva a ingresar al debate.

Esta mujer estaba junto a la testigo María José Díaz Herrera, quien asistió a varias audiencias y acompañó a declarar a su marido, Nicolás González del Cerro.

Dada la cantidad de testimonios ofrecidos, el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4 de San Isidro, Federico Ecke, solicitó a la fiscalía que en las próximas audiencias «haya entre cinco y seis testigos» por día, para «no llegar a diciembre».

De esta manera, los fiscales encabezados por Patricio Ferrari acordaron presentar una mayor cantidad de testigos por día, en las audiencias que comenzarán a las 10.30 y finalizarán a las 17.

La «camaradería» de Pachelo con una testigo

La testigo María Jimena González Jausoro ingresó vestida de jeans y zapatillas, y se sentó frente al tribunal. Dijo que su hijo mayor fue compañero de colegio del primogénito de la pareja entre Pachelo e Inés Dávalos, por lo que «pegó buena onda» con ellos.

En un momento de su declaración dijo que Dávalos «era una rebuena mamá pero de otro estilo…quizás era media boluda en algunas cosas, decía muchas boludeces y Nico le decía ‘no digas más boludeces'».

Antes de retirarse de la sala, saludó a todas las partes y miró a Pachelo, quien estaba sentado detrás de sus abogados, y con un gesto con su mano izquierda lo saludó para despedirse.

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Seguridad

Triple Crimen de General Rodríguez: ¿prescripción sin autores intelectuales?

Resta un año para que se cierre la causa sin que se conozca quien o quienes mandaron a matar a las víctimas por su vínculo con el tráfico de efedrina.

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Por Néstor Llidó

Ya se cumplieron 14 años del denominado Triple Crimen de General Rodríguez, en el que por estar involucrados en el negocio del tráfico de efedrina fueron asesinados Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón, se entra en la recta final para la posibilidad que la causa prescriba sin haber encontrado al o los autores intelectuales.

A partir que al empresario Ibar Esteban Pérez Corradi, el sindicado ideólogo del hecho, se le dictó la falta de mérito en abril de 2021y va camino a un posible sobreseimiento, el 7 de agosto de 2023, será la fecha tope en la que la jueza federal María Romilda Servini pueda sumar nuevos imputados.

En el caso de Pérez Corradi, que sigue siendo investigado, la prescripción no le corre ya que él fue indagado por el caso recién en 2016, tras ser extraditado desde Paraguay.

«En estos catorce años de una causa que no está cerrada, no sólo tenemos autor o autores intelectuales, sino que además nos falta gente que participó del hecho, quizás más autores materiales”, sostuvo Diego Ferrón, el hermano de una de las víctimas, quien agregó que “si bien es cierto que hay cuatro condenados a perpetua, los hermanos Lanatta y Schilacci, como autores materiales, queremos llegar a algo más”.

«Pasamos por un juicio oral de tres meses, la fuga de quince días en 2015 de los asesinos, la captura de Pérez Corradi en Paraguay, las causas asociadas, mafia de medicamentos, ruta de la efedrina, aportes a campañas. Hay una historia muy grande detrás de este hecho”, afirmó.

«SIDE, DEA, políticos, Policía Federal, bonaerense, empresarios, narcos mexicanos, muchos involucrados en el tráfico de efedrina y detrás de esto la muerte de ellos tres”, detalló Diego Ferrón, quien no es optimista con el futuro de la causa, señalando “cerraremos así. Ya estuvieron detenidos por tráfico de efedrina más de 20 personas y nadie habló. Nadie se quebró”.

“Desde el día uno, reina el miedo en la causa, con dos testigos suicidados como Ariel Vilan y Emiliano Marcos, el argentino detenido en la quinta de Ingeniero Maschwitz con los mexicanos, Marcelo Tarzia, que murió extrañamente en la cárcel. Todo muy misterio y oscuro, detrás de tanto poder”, concluyó.

El triple crimen ocurrió el 7 de agosto de 2008, cuando Forza (34), Ferrón (37) y Bina (35) desaparecieron tras haber ido a una reunión en un hipermercado de la localidad de Sarandí, para participar de un encuentro presumiblemente vinculado con la venta ilegal de efedrina.

Se cree que, desde ese lugar, fueron llevados hasta la casa de Cristian Lanatta, ubicada en la zona de Quilmes, en base al análisis de la ubicación de los teléfonos celulares de los imputados y las víctimas.

Los tres fueron asesinados de 16 balazos por la espalda por dos tiradores, uno de los cuales usó la propia pistola Taurus calibre 9 milímetros de Forza y el otro una marca Tanfoglio .40. A Bina, como posible mensaje mafioso, también le amputaron una de sus orejas.

Los forenses creen que sus cuerpos fueron conservados en algún freezer hasta que los arrojaron en un zanjón del partido de General Rodríguez, donde fueron encontrados seis días después, el 13 de agosto, con signos de haber estado maniatados en algún momento con precintos.

En diciembre de 2012, los hermanos Martín y Cristian Lanatta y los hermanos Víctor y Marcelo Schillaci fueron condenados a prisión perpetu.

Entre los últimos días de diciembre de 2015 y los primeros de enero de 2016, tres de esos condenados protagonizaron una fuga de película de la cárcel bonaerense de General Alvear y tras un sangriento raid fueron recapturados en Santa Fe.

En febrero de 2016, la causa del triple crimen pasó a la Justicia Federal y quedó a cargo de María Romilda Servini, quien ya investigaba una megacausa por tráfico de efedrina.

Por su parte, Pérez Corradi fue detenido en junio de 2016 en Foz de Iguazú y luego extraditado a la Argentina, pero en su indagatoria, negó cualquier vínculo con el triple asesinato. Luego, terminó condenado a siete años de prisión por traficar 1.900 kilos de efedrina a narcos internacionales, pero en la causa del triple crimen la jueza Servini le dictó la falta de mérito en dos oportunidades.

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