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Elecciones

Las lecciones que dejó Córdoba Capital: Soy cordobés y lo tomo sin soda porque así pega más, pega más…

Si tuvieran un poco de amor propio y vergüenza ajena, las dos fórmulas de Juntos por el Cambio (Larreta-Morales y Bullrich-Petri) deberían hacer un acto de contrición y pedir perdón –golpeándose el pecho- al electorado más fiel y seguidor que habían tenido en la última década.

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Por Daniel Olivera

Mario Pereyra, el mítico director de LV3, un acérrimo antiperonista y promilitar negacionista, debe estar revolcándose en su tumba. Él siempre dijo que Córdoba era para Cambiemos lo que La Matanza era para el peronismo. La tierra anti K donde con sólo abrir una silobolsa de soja brotaban los votos macristas.

Muchos radicales y algunos juecistas repetían como un mantra que Córdoba era “la Jerusalem de Juntos por el Cambio”. Pero el domingo a las 21.30 ese vergel “amarillo” se trastocó como por arte de la sequía en un campo cubierto de polvo y espinas. Para el “gorilismo” rancio, más que Jerusalem, Córdoba Capital – la segunda ciudad del país- parecía la Franja de Gaza. El joven y poco ducho en las artes políticas, Rodrigo de Loredo tuvo que oficiar de cura que vino a dar la extremaunción. Atónitos, sin poder reaccionar, Larreta y Bullrich asistieron en vivo y desde el lugar de los hechos, a un momento histórico en los 40 años de democracia: que un candidato anunciara su derrota antes que la junta electoral hubiera publicado los resultados oficiales. Tal fue el estado de shock de las 4 principales figuras de la oposición que buscan ser presidente y vice, que sólo atinaron a ensayar una mueca de tragedia griega, cuando De Loredo cometió el sincericidio de decir “perdón, por haberlos hecho venir al pedo”. Una frase que tiene destino de meme.

Pero hasta en esa observación se equivocó el joven radical. Él no los hizo “venir al pedo”. Ellos, Larreta y Bullrich fueron a ponerse la soga de la derrota al cuello propio. La dinámica de creer el relato propio de las encuestas tuneadas al mejor postor, los llevó a competir como chicos para ver quién llevaba primero a Córdoba Capital y quién capitalizaba más y mejor un hipotético triunfo de De Loredo que con el correr de las horas previas se fueron auto convenciendo que sucedería. ¿Quién o quiénes fueron los gurúes que les aseguraron a Larreta y Bullrich que la elección ya estaba ganada para JxC? Tan serio fue el error que los operadores de ambos campamentos “pactaron” (y lo anunciaron al periodista que se les cruzara) la llamada “Foto de la Unidad”. En medio de los supuestos festejos que nunca existieron, claro está. En política, como en la Fórmula Uno, comerse una curva y seguir de largo es parte de un oficio complicado como manejar las emociones del electorado. Pero derrapar de manera tan grosera y no pedir disculpas puede ser suicida.

En menos de tres semanas Larreta y Bullrich le tendrán que ir a pedir su voto a los cordobeses, que en las últimas dos elecciones ya le cerraron la puerta en la cara y votaron peronismo. Y representan poquito más del 8% del padrón nacional. La pregunta natural que brota es ¿con qué cara lo harán? ¿Con la de “pituquitos de Recoleta”?

Elecciones

El PL reconoció el triunfo de Lula pero Bolsonaro quiere anular la elección que perdió por más de 4 millones de votos

El presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, aceptó el resultado oficial, pero pidió explicaciones por las impugnaciones del senador. Lula ganó con el 51,79% y Flávio Bolsonaro anticipa que pedirá anular los comicios, en línea con el historial de su padre, condenado a 27 años por intento de golpe.

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El propio partido de Flávio Bolsonaro reconoció la victoria de Lula da Silva, pero el senador sigue sin aceptar una derrota que las urnas dejaron sin discusión. La carta del Partido Liberal (PL) deja a la ultraderecha brasileña atrapada entre la aceptación institucional del resultado y el libreto de fraude que repite desde hace años.

Valdemar Costa Neto, presidente del PL, difundió este lunes una carta pública en sus redes sociales en la que sostuvo que el partido «reconoce el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral». Lula resultó reelecto en el balotaje del domingo con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, tras una remontada de más de cuatro millones de votos respecto de la primera vuelta del 4 de octubre, en la que el senador había terminado primero.

Un reconocimiento con letra chica

El texto del PL no cierra el conflicto: el partido pidió explicaciones formales sobre las impugnaciones que presentó Flávio Bolsonaro y denunció que el aumento del gasto público y de los beneficios sociales previo a la elección alteró la equidad de la contienda. Según la carta, en la segunda vuelta el resultado fue distinto en un escenario de «medidas fuertemente electoralistas, con impacto económico y social».

Flávio Bolsonaro, por su parte, rechazó la derrota y anticipó que pedirá la anulación de los comicios. Su reclamo se apoya en la decisión del máximo tribunal de extender a último momento el horario de votación, a raíz de una solicitud del oficialismo. En un video difundido en sus redes, el senador prometió «organizar a la oposición» para convertir al Congreso en una «fortaleza contra la barbarie» durante los «cuatro años más de Lula», y denunció un «complejo industrial de noticias falsas» y «abusos de poder político y económico sin precedentes». Es decir, cuestiona el mismo sistema electoral que lo había ubicado primero en la primera vuelta.

El PL, además, destacó su crecimiento parlamentario: logró 121 diputados federales, 29 senadores y seis gobernaciones. Una fuerza con ese peso en las instituciones intenta, al mismo tiempo, deslegitimar la elección que acaba de perder.

El libreto de la ultraderecha brasileña

La desconfianza hacia las urnas no nació este domingo. En 2022, Jair Bolsonaro pasó meses cuestionando la seguridad del sistema electrónico de votación, con acusaciones sin pruebas que ya habían sido refutadas, y tras perder ante Lula en el balotaje guardó silencio sin admitir la derrota. Durante meses se había negado a responder si aceptaría el resultado, y repitió que solo reconocería elecciones que considerara limpias.

Ese desconocimiento del voto popular terminó en violencia. El 8 de enero de 2023, miles de simpatizantes de Bolsonaro tomaron por la fuerza las sedes del Congreso, del Supremo Tribunal Federal y del Palacio del Planalto en Brasilia, con el objetivo de desconocer el triunfo de Lula. La Justicia brasileña concluyó que aquel asalto fue parte de un plan golpista más amplio.

El 11 de septiembre de 2025, la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión, por cuatro votos contra uno, por intento de golpe de Estado, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho y liderazgo de una organización criminal armada, entre otros delitos. Fue la primera vez que un expresidente brasileño recibió una condena por golpismo. El tribunal rechazó luego por unanimidad sus últimos recursos y la pena quedó firme. Además, el Tribunal Superior Electoral lo había declarado inelegible hasta 2030. Hoy cumple arresto domiciliario.

Su hijo hereda la estrategia en un momento delicado: este lunes, además, Flávio denunció que la Justicia le exigió entregar su pasaporte y le prohibió salir del país, en una medida que aún no tuvo confirmación oficial inmediata.

Trump y la sombra de Washington

El conflicto tiene también un capítulo internacional. En 2025, el gobierno de Donald Trump impuso aranceles punitivos a Brasil en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro. Antes de las elecciones, Trump recibió a Flávio en la Casa Blanca y lo elogió en su red Truth Social como «un joven inteligente que ama mucho a su país». Lula, por su parte, le había pedido al mandatario estadounidense que no se meta en las elecciones de Brasil, que son un asunto exclusivo del país.

Tras el balotaje, Trump aseguró que los comicios brasileños estuvieron «amañados», aunque advirtió: «Yo no tomé partido». La denuncia de fraude, según se informó, no estuvo acompañada de pruebas. Lula, en tanto, celebró su triunfo en el búnker del PT en San Pablo con una advertencia: «La gente no permitió que el fascismo gane».

En la región, el presidente argentino Javier Milei, que había respaldado a Flávio Bolsonaro en las redes durante la campaña, fue según se informó el único mandatario sudamericano que no reconoció la reelección de Lula. Mientras el resto de la región acepta el veredicto de las urnas, el bolsonarismo y sus aliados siguen sin hacerlo.

Lo que tenés que saber:

  • El Partido Liberal reconoció el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, aunque exigió explicaciones sobre las impugnaciones de Flávio Bolsonaro.
  • Lula fue reelecto con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro.
  • Flávio rechazó la derrota y pedirá la anulación de los comicios por la extensión del horario de votación.
  • Jair Bolsonaro cumple una condena firme de 27 años y tres meses por intento de golpe de Estado, tras el asalto del 8 de enero de 2023.
  • Trump dijo que las elecciones estuvieron amañadas, mientras Milei, según se informó, no reconoció la reelección de Lula.

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