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Análisis

Trump canceló la protección del Servicio Secreto para Kamala Harris: el uso del Estado como instrumento de hostigamiento

La violencia institucional se dirige contra mujeres que rompieron techos de cristal en la política.

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El Argentino Diario-Kamala Harris-Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump, revocó la protección extendida del Servicio Secreto para la exvicepresidenta Kamala Harris. La decisión, en apariencia administrativa, exhibe un uso arbitrario del poder estatal con fines de disciplinamiento político y se inscribe en una matriz global de violencia institucional y de género que ya tuvo expresiones en América Latina contra figuras como Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff.

El memorando que dejó a Harris sin protección

Según documentos obtenidos por CNN, Trump firmó un memorando dirigido al Secretario de Seguridad Nacional en el que ordenó suspender cualquier medida de seguridad que no esté obligada por ley.

La normativa federal prevé que los exvicepresidentes reciban seis meses de protección oficial. Ese plazo venció el 21 de julio de 2025. Sin embargo, el entonces presidente Joe Biden había dispuesto en secreto que Harris contara con un año adicional de custodia, medida que Trump anuló de manera fulminante.

La decisión llega justo cuando Harris prepara una gira nacional para presentar su libro “107 Days”, centrado en su breve campaña presidencial, lo que aumenta los riesgos de exposición pública sin la cobertura estatal.

Violencia institucional y de género en clave norteamericana

El retiro de la protección no puede desvincularse de los patrones de violencia política de género que atraviesan la escena global. Harris no es solo una exvicepresidenta: es la primera mujer y afrodescendiente en ocupar ese cargo en Estados Unidos.

Dejarla sin resguardo constituye una forma de violencia institucional que busca enviar un mensaje disciplinador a toda mujer que aspire a disputar poder en espacios dominados por varones.

La revocación de Trump no se explica únicamente como un recorte administrativo: es un acto político cargado de simbolismo, que se traduce en un castigo dirigido a una figura que encarna diversidad, igualdad y oposición.

América Latina: Cristina Kirchner y Dilma Rousseff como antecedentes

El caso Harris resuena con fuerza en América Latina, donde el lawfare y la persecución política se utilizaron sistemáticamente contra mujeres líderes.

  • Cristina Fernández de Kirchner, la ex presidenta, continúa siendo sometida a una ofensiva judicial y mediática en la que se la acusó de corrupción sin pruebas sólidas, en un proceso atravesado por irregularidades en Comodoro Py y amplificado por los grandes medios. El objetivo fue debilitarla políticamente e impedir su retorno pleno al poder. En la actualidad, Fernández de Kirchner es encuentra cumpliendo prisión domiciliaria y fue proscrita, no pudiendo presentarse es próximas elecciones en Argentina.
  • Dilma Rousseff (Brasil): Víctima de un impeachment sin fundamentos jurídicos firmes, removida en 2016 mediante un proceso parlamentario que fue presentado como “legal”, pero que en realidad constituyó un golpe blando. Su condición de mujer presidenta en un sistema patriarcal acentuó la hostilidad mediática y política en su contra.

En ambos casos, el aparato institucional fue utilizado como un arma de disciplinamiento político. La estrategia consistió en deslegitimar a figuras femeninas que habían conquistado espacios de poder a contracorriente de las estructuras tradicionales.

Harris en la misma lógica de disciplinamiento

La decisión de Trump no implica una causa judicial ni un impeachment, pero sigue la misma lógica: usar las instituciones del Estado como instrumentos de hostigamiento. Retirar la protección del Servicio Secreto es dejar a una exvicepresidenta expuesta en un contexto de creciente violencia política en Estados Unidos, donde proliferan los ataques armados contra dirigentes opositores.

El paralelismo es evidente: tanto en el Cono Sur como en Washington, las mujeres líderes que desafían al poder establecido enfrentan mecanismos de disciplinamiento que buscan debilitarlas, exponerlas y, en última instancia, limitar su capacidad de acción.

Democracias en riesgo

El caso Harris revela que ni siquiera la democracia más influyente del planeta está exenta de prácticas propias del lawfare y la violencia institucional.

  • En Argentina y Brasil, esas prácticas se tradujeron en causas judiciales amañadas y destituciones políticas.
  • En Estados Unidos, la vía elegida fue retirar protección a una dirigente opositora, dejándola vulnerable en un clima de creciente hostilidad.

En todos los casos, se trata de estrategias de disciplinamiento de género y poder que marcan un retroceso en términos de derechos políticos y de garantías democráticas.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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