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Análisis

¿Escalera o ascensor?

Una familia de 4 integrantes, necesitó un ingreso mínimo para no estar en situación de debilidad por acceso a alimentación de $405.697. Si recordamos que el salario mínimo vital y móvil para julio fue $254.231, hace falta 1,6 SMVM para no caer en indigencia. Esa misma familia, para no caer en situación de pobreza por ingresos necesito $900.648 (algo más de 3,5 salarios mínimos).

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Martín Epstein*

Como todos los meses, a mediado de mes, el INDEC dio a conocer el capítulo de una película que ya vimos. El resago lógico de procesar datos hace que conocer hoy el aumento de precios del mes de julio parezca algo distante. El dato frío arroja un aumento del 4% para el nivel general en el séptimo mes del año. Algo peor de lo estimado por el gobierno, en los últimos 90 días la inflación se movió entre el 4 y el 4,6 poniendo un ‘piso’ a la desaceleración que se vio desde el escalofriante 25% de diciembre pasado. Piso, porque cuando se observa la inflación núcleo, esa que no esta influenciada por estacionalidad ni regulados, dio apenas debajo con un 3,8%

El índice de precios acumula en lo que va del año 87% (la núcleo 75,2%), y en la era Milei ya superó los 100 puntos. A su vez, la inflación interanual que trepó a 289,4 en abril ahora se ubica en 263,4%. Ninguno de esos números son los que plantea Milei, que habla de una inflación que iba al 17.000% cuando asumió y que, según sus dichos ahora está en el 8% anual. Extrañas cifras maneja el autopercibido académico… Pero peor aún cuando se lee este dato con los otros dos que se publicaron en simultáneo: el índice de salarios y las canastas básicas. Vayamos por partes.

Aun más atrasada, la foto del indice de salarios nos cuenta un aumento promedio en junio 6,2% o sea 1,6 puntos porcentuales sobre la inflación del mes. ¿O sea que los salarios le ganan a los precios?

Primero se trata de un promedio, con lo cual no todos los trabajadores entran en esa regla. En segundo término, el dato de sector privado no registrado tiene un retraso de 5 meses, y haciendo esa corrección el indice salarial crece solamente 4,8%, apenas 0,2 puntos porcentuales sobre la inflación del sexto mes del año. En términos reales interanuales registra una caída de 16%, y en los 7 meses de gestión de Milei cae 12,7%

Por otro lado, al desagregar dentro de los registrados, el desempeño del sector privado en +6,7% efectivamente confirma una recuperación para ese sector en este mes, pero en términos interanuales con 249,3% sigue corriendo detrás de la inflación, con una perdida real de 5,9% y de 4,7% desde noviembre pasado. Por su parte, los peores datos siguen viéndose en el sector público, que obtuvo un crecimiento debajo de la inflación del mes con 3,9%, y muy lejos en términos interanuales: los y las trabajadoras del sector público tuvieron una pérdida de poder de compra de 22,7 % (durante los meses libertarios -18,9%).

Por último, precios y salarios se traducen en poder de compra, y las canastas básicas son un reflejo cuantitativo de esa relación. La canasta básica alimentaria salto a $131.294 y la canasta básica total a $291.472, dando referencias de línea de indigencia y pobreza respectivamente. Vale aclarar, el alquiler no forma parte de la canasta que elabora el INDEC. En el caso de una familia de 4 integrantes, el ingreso mínimo para no estar en situación de debilidad por acceso a alimentación fue de $405.697. Si recordamos que el salario mínimo vital y móvil para julio fue $254.231, hace falta 1,6 SMVM para no caer en indigencia. Esa misma familia, para no caer en situación de pobreza por ingresos necesito $900.648 (algo más de 3,5 salarios mínimos).

Este escenario confirma que, aunque a un ritmo menor (por ahora) los precios siguen subiendo en ascensor, mientras los salarios por las escaleras…

*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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