Análisis
«Cristina Presidenta»
A 77 años del 17 de octubre de 1945.
Las patas en la fuente, el sol calentando, Plaza de Mayo colmada de pueblo organizado. El 17 de octubre, 77 años después, continúa expresando la disputa entre dos proyectos de país: el que defendía los intereses de la Unión Industrial, la Sociedad Rural, la oligarquía y la embajada de Estados Unidos y el de un Estado al servicio de los trabajadores y el pueblo que garantice y defienda sus derechos.

Un poco de historia
Entre 1944 y 1945 se firmaron cerca de 700 convenios colectivos de trabajo, se extendió el régimen jubilatorio, se lograron vacaciones pagas y el Estatuto del Peón Rural sancionó por primera vez derechos para los trabajadores rurales.
Eso no fue tolerado por los sectores de poder contrarios a Perón, Farrell cedió ante las presiones pidió su renuncia, lo detuvo y trasladó a la Isla Martín García. El 17 de octubre decenas de miles de trabajadores marcharon hacia Plaza de Mayo desde los barrios obreros para defender los derechos conquistados y exigir la libertad de Perón.

El protagonismo de los sectores populares, los trabajadores y sindicatos en la escena política y su capacidad de torcer el rumbo marcaron el futuro del país. El 24 de febrero de 1946 la fórmula Perón-Quijano ganaba las elecciones y un nuevo ciclo se abría para la Argentina.
El 17 de octubre, ayer y hoy, es la manifestación del poder popular, de los plebeyos, los humildes, los laburantes que ocupan las calles, se rebelan ante el avance de sus opresores y ganan.
Hacia 2023
Esta Plaza de Mayo se construyó en un contexto de tensiones políticas al interior del frente de gobierno y ante una oposición que pregona el regreso a los noventa y promete, casi sin filtro, la aplicación de un programa de flexibilización laboral, del sistema financiero, entrega de los bienes comunes, privatizaciones, achicamiento del Estado, el sueño neoliberal.
En el palco, dirigentes de todas las centrales sindicales, organizaciones sociales y de la economía popular y referentes políticos como el “Cuervo” Larroque, Máximo Kirchner y el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof; expresaron su rechazo a las recetas de la derecha e invitaron al gobierno a enfrentar a las grandes corporaciones con el pueblo en las calles para construir una victoria en 2023.
Al grito de “Cristina presidenta” la multitud se llenó de mística. El documento titulado “Unidad nacional por la Soberanía con Justicia social”, leído por Vanesa Siley y Omar Plaini, decía sobre el final: “El gobierno no puede seguir sujeto a los condicionamientos de sectores corporativos que privilegian sus intereses por sobre el interés de las mayorías, o volver a quedar en manos de quienes impusieron un quebranto a la Nación, negaron nuestros derechos y destruyeron el entramado productivo”.
Y culminó manifestando que “es hora de que el movimiento sindical, las organizaciones sociales y políticas, los pequeños y medianos productores agropecuarios e industriales, el cooperativismo y todos los sectores que están identificados en los hechos con el interés nacional, dotados de la solidaridad imprescindible para la vida en comunidad, representativos de la inmensa mayoría de nuestro Pueblo, reemprendamos el camino para recuperar nuestro derecho a la autodeterminación, a nuestra Independencia Real, sin la que no hay Nación, Democracia, ni Justicia Social”.
El Secretario General de la CTA y diputado nacional del Frente de Todxs, Hugo Yaski expresó: “Que sepan los que vienen con el cuchillo entre los dientes que este pueblo hoy movilizado va a estar movilizado hasta el último día para impedir que la derecha vuelva a gobernar el país”. “No somos el felpudo de la clase dominante, ni de los parásitos que se llenan los bolsillos a costa del hambre”, agregó.
Al recordar a Néstor Kirchner dijo que se animó “a bajar el cuadro de los genocidas y decirles a los dueños de la tierra y el capital financiero ´hasta acá, está el límite´”.
Entonces la plaza, en un solo grito, volvió a clamar por “Cristina presidenta”.Y Yaski respondió: “Este es el sentir de esta plaza pero también el sentir de la inmensa mayoría en cada rincón del país”.
Luego advirtió que el gobierno “tiene que garantizar el ingreso de nuestros compañeros” y que “hay que tener coraje para distribuir la riqueza”.
Hugo Cachorro Godoy, Secretario General de la CTA Autónoma recordó que “fue después del 1 de septiembre, cuando intentaron asesinar a la vicepredenta Cristina Fernández de Kirchner, que esta plaza rebalsó. Este pueblo salió a las calles a defender a la máxima dirigenta popular y a la democracia para que no esté condicionada por los poderes fácticos”.
“Este pueblo unido y organizado debe estar en condiciones de crear las condiciones políticas y de fuerza para hacer realidad la soberanía y la justicia social. No queremos que nos gobierne el FMI. No queremos volver al pasado neoliberal. El desafío que tenemos es sostener esta unidad en el tiempo y construir la fuerza de la movilización y el poder popular que alumbre el camino”, culminó.
Hector Gringo Amichetti, Secretario General de la Federación Gráfica Bonaerense y referente de la Corriente Sindical sentenció: “El peronismo es revolución social y es también revolución política y económica. Quiero reivindicar fundamentalmente el protagonismo del pueblo. Nuestro gobierno tiene que saber que acá hay un pueblo para acompañar en las calles pero tiene que enfrentarse a las corporaciones. Sin protagonismo del pueblo no hay democracia”.
Al llegar el turno de Máximo Kirchner, trajo el saludo y abrazo de la “compañera Cristina” y luego explicó que “el tema de la deuda no está solucionado, los vencimientos son un verdadero problema pero cuando planteábamos estas cosas nos decían no importa volveremos a negociar. La argentina necesita soluciones no ideas de economistas obsoletas”.
Denunció que “Toto Caputo es el mismo que financia esos grupos de derecha que atentaron contra la vida de la Vicepresidenta”. “No podemos darnos el lujo de la tristeza, del ‘no se puede’, tiene que haber esperanza y hay esperanza, esta plaza lo demuestra y ofrecer una propuesta para el 2023 que contenga al pueblo”, concluyó.
Cerró el acto Mario Paco Manrique, Secretario Adjunto de Smata y Secretario Gremial de la CGT quien citando a Jauretche dijo: “Los pueblos deprimidos no vencen”.
“El 17 de octubre de 1945 el pueblo salió a rescatar a su líder que les proponía la justicia social. Hoy, 77 años después, venimos a rescatar un modelo de país que lo supimos vivir desde el 2003 al 2015, no podemos tirar por la borda ese bienestar que logramos construir entre todos”, continuó.
Remarcó que “está en juego el destino de la Patria. El camino que debemos recorrer hacia el 2023 no va a ser fácil. El único modelo que nos puede sacar de todo esto es el modelo nacional y popular, es el peronismo pero con todos adentro”.
Se dirigió al presidente de la Nación, Alberto Fernández, para decir: “Estamos acá y estamos dispuestos a defenderlo si toma las medidas que tiene que tomar y le pone freno a esos intereses especuladores de la voracidad del capital”.
La marcha peronista fue el cierre de esta movilización “por trabajo, dignidad, justicia social y una patria libre y soberana” que fue plataforma de lanzamiento de un posible 2023 con Cristina a la cabeza y un llamamiento para avanzar contra las derechas y los sectores concentrados de la economía con el pueblo en las calles.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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