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Análisis

Maduro, la “Operación Retorno” y cómo llenar los bolsillos flacos

Por Daniel Olivera.

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Por Daniel Olivera

«Siempre hay que estar en condiciones de escoger entre dos alternativas» decía, con su deliberado cinismo el genial Maurice de Talleyrand, un verdadero maestro de la diplomacia política. Sabía de lo que hablaba. Sobrevivió a la caída de Luis XVI, al Terror de la guillotina post Revolución Francesa y al apogeo y caída de Napoleón. Siempre haciendo política.

Nicolás Maduro –sí, el heredero de Hugo Chávez que hasta antes de la guerra en Ucrania era la cara más «bestial» del Eje del Mal según la mirada de los Estados Unidos- está a las puertas de ser reivindicado por obra del azaroso destino por la administración Biden.

Los 2 millones de barriles de petróleo diarios que Maduro prometió bombear a fin de este año, son el maná en el desierto de Canaan que es Europa en guerra. Oro negro. El Santo Grial.Pero para hacer realidad la máxima de Talleyrand, Maduro debe ser readmitido por «el sistema» interamericano, que incluye DD.HH. y estándares de «libre comercio».

Sin ese password, la OMC no podrá incluirlo en su lista de buena fe.Ese dilema fue saldado por la habilidad geopolítica de Emmanuel Macron, el adalid de la derecha liberal europea, que acudió a los buenos oficios de los dos presidentes latinoamericanos capaces de hacer equilibrio entre EE.UU. y China: Alberto Fernández y Gustavo Petro. Uno cabeza de una coalición de raíz peronista, y el otro un ex guerrillero que busca reencauzar el rumbo de Colombia.

Macron los eligió por su capacidad para articular los valores de la democracia con la necesidad de Justicia Social y desarrollo humano. Alberto Fernández y Petro tienen la membresía para que Venezuela regrese al «sistema» del que había sido expulsado por los sucesivos gobiernos de Bush (h), Obama y Trump.La «Operación Retorno» de Venezuela al sistema interamericano que órbita alrededor de Washington exige una precisión quirúrgica.

Hoy, se comenzará a diseñar una de las misiones más complejas e importantes que ha tenido la diplomacia argentina desde que Néstor Kirchner Unasur mediante- evitó una guerra casi segura entre Venezuela y Colombia en 2010. Pero el Presidente encara la posibilidad no forzada de relanzar su imagen seriamente magullada por la pandemia y el lastre de una inflación lacerante.

Un ejercicio de introspección política le permite concluir, en las horas previas a su gestión diplomática y los siempre provechosos encuentros cara a cara con los líderes del G20 en Bali, que está en tiempo de descuento para desplegar una batería de medidas para meter dinero en el bolsillo de los trabajadores registrados (suma fija o bono mediante por fuera de las paritarias) de los 7 millones de trabajadores del universo de la Economía Popular (vía IFE o sucedáneos), y de los miles de vulnerables que no tienen jubilación, pensión o trabajo (a través del decreto que les garantiza 45 mil pesos vía Anses).


Alberto Fernández encara una inesperada última oportunidad. Hace 4 meses, cuando la coalición eyectó a Guzmán y luego de un breve interinato de Batakis, el Gobierno navegaba a merced de la marea del mercado. Sin rumbo y sin norte. Pero ahí, en esas horas aciagas, se parió la jugada salvadora: Massa superministro. El correr de los días fue alumbrando un escenario más realista. No todo está mal en el país que, crisis mediante, construye un gasoducto y un oleoducto que generarán ya en 2023 los dólares que nos faltan.

Más Estado presente. Más decisión política para frenar la voracidad de las 10 empresas formadoras de precios. Y más acción. Es la receta que cualquier médico político le recomendaría a un Presidente que aún tiene mucho por hacer.


Y un dato alentador para los presidentes a los que les tocó lidiar con la pandemia y la guerra: la administración Biden cortó la racha negativa de todos los oficialismos (10 en total en el continente americano) que fueron derrotados por el clima adverso creado en buena medida por los desastres generados por el Covid. Es cierto, Biden no ganó, pero tampoco perdió. Y esa luz de esperanza puede alumbrar un nuevo tiempo para los oficialismos gobernantes.
Sólo deben saber interpretar los signos.

Opinión

Los movimientos populares son movimientos políticos 

Por Jesús Rivero.

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Por Jesús Rivero

Es necesario contextualizar lo particular, para comprender el origen de los movimientos, siempre en transformación. Todo contexto está constituido por el factor de poder, resistencia y transformación. Es decir, donde hay poder, hay resistencia. Y, los movimientos populares no son cualitativamente resistencia, sino transformación. 

Popular etimológicamente significa, relativo al pueblo, lo que le gusta al pueblo. Es decir, los movimientos, son los pueblos, por fuera del statu quo del sistema capitalista y los partidos burocráticos. No hay un orden vertical, ni jerárquico, son movimientos, no quietud. La mera expresión de poder de cambio, transformación. En principio no están inscripto institucionalmente, responden a las periferias, los bordes urbanos en donde la comunidad (conjunto de personas con un interés en común o varios) se organiza y no espera una directiva externa. En cada comunidad organizada (dependiendo del contexto). Son los propios integrantes de la comunidad los que planifican y ejecutan políticas para dar solución a las problemáticas, efectuadas por otro sector. En este sentido los movimientos populares, son estrictamente movimientos políticos, de poder. Que en esa tensión dialéctica asimétrica entre resistencia y poder, no se quedan en la mera resistencia, sino que transforman. Y esto es revolucionario. 

En los años 60 y 70 América Latina estuvo estratégicamente atravesada por golpes de Estado, pergeñados por Estados Unidos. Este poder de facto (por fuera del marco jurídico-democrático, género implícitamente  alternativas de resistencia, que transformaron. Dichos movimientos populares en toda América Latina fueron conformando una red alternativa de apelación (un tercero de apelación) frente a la impunidad de los Estados de facto. 

En Argentina: con los diversos movimientos de organización clandestina y de superficie, sostenidos por Las Madres de Plaza de Mayo, que funcionaban como institución y tercero de apelación. 

En Nicaragua: con las barricadas en las periferias construidas con piedras, sacos de arena, entre otros, para hacer frente a las fuerzas de Somoza.

En Venezuela: con el llamado “Caracazo», el 27 de febrero de 1989 (año de la caida del muro de Berlín) se realizó una masacre sin precedente en el país que dejó más de 237 muertos. Tras el anuncio del presidente Carlos Andres López del plan de ajuste económico, conocido como el “Gran Viraje”, respaldado por el Fondo Monetario Internacional. Aumento de precios y devaluación de la moneda, el pueblo salió a la calle, organizándose en guarimbas (barricadas) que darían inicio al proceso de cambio liderado por Hugo Chávez. 

A partir de este ultimo suceso que se situa en 1989 (caída del muro de Berlín) como punto de inflexión y la emancipación del sistema capitalista a nivel global con sus políticas neoliberales, dieron lugar en nuestro país a nuevos movimientos populares como resistencia, que decanta en el año 2001. Todos los que fuimos partícipes de este levantamiento popular, veniamos de las periferias, los bordes, los barrios, en paralelo con la llamada “clase media» que salia con su cacerola. Todos movimientos emergentes del pueblo que avanzaba al grito “que se vayan todos, que no quede uno solo».

Una verdadera movilización del pueblo que iba en busca de dignidad. Un verdadero proceso de cambio, que solo pueden lograrlo los movimientos populares, los movimientos políticos. Que no responden al statu quo, ni a líneas duras en términos de Deleuze, sino que responden a líneas blandas, rizomáticas que inventan colectivamente nuevos mundos posibles. Mundos, donde quepan todos los mundos. 

*fundador y dirigente del Frente de Liberación Socialista (referente de los Movimientos Populares).

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