Análisis
Día de la Democracia: Memoria frente al negacionismo
La democracia no se reduce a elecciones libres: también implica el respeto por los derechos humanos, la igualdad y la justicia social.
Por María Paula Amoure
Cada 10 de diciembre, se conmemora el Día de la Democracia y los Derechos Humanos, una fecha que celebra el retorno a la democracia en 1983 tras la última dictadura militar.
Este día invita a reflexionar sobre las conquistas democráticas y los desafíos actuales, especialmente bajo un gobierno libertario como el de Javier Milei, que ha despertado preocupaciones en torno a los derechos humanos y las instituciones democráticas.
La democracia como conquista histórica
El 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín asumió la presidencia y marcó el inicio de una nueva etapa en la historia argentina, basada en la defensa de los derechos humanos, la justicia y el fortalecimiento de las instituciones.
La creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y los Juicios a las Juntas fueron hitos que situaron a Argentina como un modelo global en la lucha contra la impunidad.
La democracia argentina, pese a sus crisis económicas y políticas, se consolidó como un espacio donde la participación ciudadana, el respeto por las libertades individuales y la memoria histórica son pilares fundamentales.
Derechos humanos y el gobierno libertario
El gobierno de Javier Milei, que asumió en 2023 con una plataforma libertaria, ha negado estos principios democráticos:
• Recortes al financiamiento público en derechos humanos: Las medidas de ajuste anunciadas incluyen la posible reducción de recursos para organismos históricos como el Archivo Nacional de la Memoria y el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA). Esto pone en riesgo el trabajo de preservación de la memoria histórica.
• Ataques a políticas de memoria, verdad y justicia: Discursos desde sectores oficialistas han cuestionado la vigencia de estas políticas, calificándolas como “revanchismo” y minimizando los crímenes de la dictadura.
Retrocesos en derechos sociales y civiles
El enfoque libertario del gobierno de Javier Milei ha provocado inquietudes sobre posibles retrocesos en materia de derechos humanos y sociales:
• Desregulación y vulneración de derechos laborales: Las políticas libertarias impulsan la flexibilización laboral y la reducción del rol estatal en la protección de los trabajadores, poniendo en riesgo derechos conquistados tras décadas de lucha sindical.
• Desfinanciamiento de áreas clave: Proyectos de ajuste económico han amenazado la continuidad de programas sociales esenciales, impactando negativamente a los sectores más vulnerables de la sociedad.
• Cuestionamientos a los organismos de derechos humanos: Organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo han sido blanco de críticas y deslegitimación por parte de funcionarios y referentes libertarios, lo que refleja una postura confrontativa hacia el legado histórico de estas instituciones.
El Día de la Democracia como un recordatorio necesario
En un contexto de incertidumbre, el Día de la Democracia y los Derechos Humanos se convierte en un llamado a la reflexión colectiva:
• Memoria frente al negacionismo: La democracia argentina tiene raíces en la lucha contra la impunidad y el reconocimiento de las violaciones masivas de derechos humanos durante la dictadura. Este legado sigue vigente ante discursos negacionistas o relativistas provenientes de sectores del gobierno de Milei, y sobre todo de la Vicepresidenta Victoria Villarruel, que abiertamente se pronunció a favor de militares detenidos por el golpe de Estado.
• El rol de las instituciones: Las políticas libertarias que buscan reducir el tamaño del Estado generan interrogantes sobre el futuro de instituciones clave para la promoción y defensa de los derechos humanos.
• La participación ciudadana como pilar democrático: En tiempos de tensiones ideológicas, la movilización popular y la defensa activa de las conquistas sociales se tornan esenciales para preservar el sistema democrático.
Desafíos de la democracia en el presente
En este nuevo Día de la Democracia, Argentina enfrenta el desafío de mantener viva su memoria histórica mientras lidia con políticas que ponen en jaque los valores democráticos.
La democracia no se reduce a elecciones libres: también implica el respeto por los derechos humanos, la igualdad y la justicia social.
La defensa de estos principios es una tarea colectiva que, en un gobierno de tintes libertarios, cobra una relevancia aún mayor. En el recuerdo del pasado y la vigilancia del presente, la democracia argentina se juega su futuro.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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