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«Me alivió el corazón», dijo el padre de Lucas

Fue tras conocer la sentencia por el crimen de su hijo.

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Héctor «Peca» González, el padre de Lucas, aseguró hoy que el fallo que condenó a prisión perpetua a tres policías de la ciudad por el asesinato del adolescente y por la tentativa de homicidio de sus tres amigos, fue «un alivio al corazón» y consideró que con esta decisión judicial su hijo «va a poder descansar en paz».

«Me saqué una mochila», dijo a Télam el padre de Lucas apenas concluyó la lectura del veredicto aún dentro de la sala de audiencias de los Tribunales de Comodoro Py, donde agregó que, junto a su esposa Cintia López, aceptaron la decisión del Tribunal Oral en lo Criminal 25: «Lo tomamos bien».

Respecto a los imputados, el padre de Lucas dijo que no les dirigió la mirada, pero que con el fallo sintió «alivio en el corazón».

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«No los miré, no quería, no necesitaba mirarlos porque ya con lo que escuché, me alivió el corazón. Para Lucas le pido que descanse en paz, y le digo que papá hizo todo, la peleó con todos, con toda esta gente», aseguró.

«Estoy más que agradecido a la vida por todo lo que me regaló mi hijo y toda la gente que nos apoyó durante todo este tiempo. Yo quería que él (por Lucas) se eleve y que descanse en paz. Voy a cumplir mi promesa de ir a ponerle la chapita de Barracas y de Defensa (a Lucas)», afirmó.

Por su parte, Cintia López, la mamá de Lucas, dijo a Télam que “se hizo justicia”, que las penas y las absoluciones “era lo que esperábamos” y destacó el odio racial al que hizo referencia el fallo.

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“Sostuvimos todo este tiempo que hubo odio racial, lo sostuvimos desde el primer día. En todo momento para nosotros estaba el odio racial porque ya te dabas cuenta en la manera, en las actitudes, como los trataron a los chicos, el ‘negrito de mierda’, con perdón de la palabra, siempre estuvo el odio racial y hoy quedó confirmado, hoy lo confirmamos», aseguró Cintia.

La mujer, rodeada de varios familiares y amigas, recordó a su hijo en el día de su cumpleaños 37: «Hoy es mi cumpleaños; siempre lo festejábamos o cuando Lucas se iba a entrenar, mayormente si caía día de semana, me dejaba un alfajor arriba de la mesa con un ‘Te amo, Ma’, cuando vengo preparamos la torta o el bizcochuelo, siempre preparábamos algo juntos o me dejaba algo y él se iba a entrenar. Hoy no tendría por qué yo estar acá parada, tendría que estar en mi casa esperándolo y ya tendría que estar en mi casa él”.

Por último, aseguró que ella “no es quien para perdonar”, que cree que “Dios es el único que perdona” y que tuvo con Daniel Espinosa “una conexión distinta, en el sentido de que fue el que estuvo con mi hijo, sentí como que, no se si le creí pero, no se, un instinto de madre, no se cómo explicarlo pero si, le creí».

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Por la mañana, «Peca» González estimaba que los jueces le darían la prisión «perpetua» para los asesinos de su hijo y las penas que pidió su abogado, Gregorio Dalbón, para los otros 11 policías juzgado por el encubrimiento.

«Ojalá que Lucas ponga en manos del tribunal que se haga justicia y que le dé el mejor regalo a su madre en el día de su cumpleaños», afirmó.

El papá de Lucas comentó que está convencido de que en este caso hubo un componente de «odio racial» y «discriminación», por el solo hecho de que su hijo y sus amigos eran «morochitos».

«Estigmatizaron, lo discriminaron, los vieron dos veces porque eran morochos. Salen de una villa, de la 21-24 de un barrio carenciado como es el de Barracas, salieron de entrenar. Lo vieron, lo eligieron, lo esperaron, me lo acribillaron, me lo torturaron y me lo quemaron con cigarrillo», dijo González.

A su vez, anunció que le pedirá una audiencia con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, para que cambie el día de la Policía de la Ciudad.

«Ese día, 17 de noviembre, se cumplía el aniversario de la Policía de la Ciudad y ese día fue la peor noticia y la tragedia más grande que nos tocó vivir en nuestra vida y estamos padeciendo. Le voy a pedir con todo respeto que el 17 de noviembre no sea más el día de la Policía de la Ciudad, que elija otro día porque ese día nos arruinó la vida a nosotros, que cambien esa fecha porque la Policía de la Ciudad se merece ser conmemorada, pero los buenos policías», explicó.

También pidió que a los policías «no les den ningún beneficio» y «cumplan lo que tengan que cumplir» porque a Lucas «no le dieron oportunidad de vivir, no se pudo defender».

«Nos quitaron un hijo, es la tortura misma, día a día», concluyó.

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Cuotas de un millón y sin edificio: el modelo del colegio privado que no resiste el ajuste

Cierra el St. Martin in the Fields tradicional colegio bilingüe, fundado en 1992, anunció que no abrirá el año que viene. La caída sostenida de la matrícula y el fin del alquiler de un edificio que será demolido sellaron el destino de una institución que durante más de tres décadas formó a generaciones enteras del barrio porteño de Belgrano.

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Trescientos cincuenta estudiantes de nivel inicial, primario y secundario enfrentan la urgencia de buscar nuevo destino educativo para 2027. El St. Martin in the Fields School, institución bilingüe, mixta y laica del barrio porteño de Belgrano, anunció el cierre definitivo de sus puertas al término del ciclo lectivo en curso. La decisión fue comunicada primero por correo electrónico y luego ratificada en una reunión con padres convocada por las propias autoridades del colegio.

La institución, fundada en 1992 por la psicopedagoga Liliana G. de Piccinini en la calle 3 de Febrero al 1700 de Belgrano, sostiene desde hace más de tres décadas una propuesta pedagógica que hoy no logra sostenerse. El colapso responde a una combinación de factores: la pérdida de entre 120 y 150 vacantes en los últimos cinco años, un proceso que las autoridades vinculan a la baja de la tasa de natalidad en el país, y el vencimiento del contrato de alquiler del edificio en diciembre, con una sola salida posible: la demolición del inmueble por parte de sus propietarios.

Una tormenta perfecta: matrícula en caída y sin edificio

La crisis educativa de los colegios privados porteños tiene en el St. Martin in the Fields uno de sus casos más nítidos. El colegio acumuló cientos de vacantes vacías que nunca pudieron llenarse, generando una sangría financiera progresiva en una estructura de costos operativos elevados, donde las cuotas mensuales parten desde el millón de pesos. A ese deterioro sostenido se sumó la imposibilidad de renovar el alquiler: los dueños del inmueble tomaron la decisión irrevocable de no extender el contrato y demoler la propiedad al término del año.

El resultado es una institución que llegó al final de su recorrido sin margen de maniobra. La situación de los tres niveles educativos, inicial, primario y secundario, quedó comprometida de un día para el otro, forzando a las familias a una búsqueda de vacantes a contrarreloj en un circuito educativo porteño que no siempre puede absorber traslados masivos y repentinos.

La comunidad, en estado de conmoción

En las veredas del colegio, el clima es de desolación. «Estamos muy impactados por lo sorpresivo, tristes y preocupados, porque tenemos un enorme compromiso«, expresó Virginia, abuela de dos alumnos del establecimiento. La mujer remarcó el «profundo dolor» que atraviesa a la comunidad y lamentó que la conducción se haya quedado sin margen para continuar con el proyecto educativo, al tiempo que rescató la calidad del cuerpo docente.

Frente a la emergencia, los directivos ya iniciaron conversaciones formales con otras instituciones de la zona para intentar cerrar acuerdos de traslado. La esperanza central es una fusión o absorción por parte de otro colegio, una alternativa administrativa compleja pero que garantizaría la continuidad pedagógica de grupos enteros y evitaría la diáspora definitiva de la comunidad escolar.

El fantasma del Chester College y el ajuste que llega a las aulas

El cierre del St. Martin in the Fields no es un episodio aislado. La comunidad educativa de Belgrano lo compara con la quiebra del Chester College en 2002, otra institución de características similares en el mismo barrio, que también dejó a cientos de familias sin banco de un día para el otro. Dos décadas después, la historia se repite, pero en un contexto económico donde la caída de la matrícula no es solo demográfica: es también el reflejo de familias que ya no pueden sostener cuotas de colegios privados frente al derrumbe del salario real y el impacto del tarifazo sobre el presupuesto del hogar.

La caída de la matrícula en el sector privado es un fenómeno que se registra en distintos puntos del país. El problema del financiamiento y la viabilidad de los proyectos educativos privados se agrava a medida que el ajuste impacta en el poder de compra de las familias, que son quienes sostienen las cuotas y, con ellas, los salarios docentes y los costos operativos de las instituciones. Cuando la ecuación se rompe, el cierre es la consecuencia inevitable.

Analítico:.

De Impacto: 350 chicos sin banco: cierra el histórico St. Martin in the Fields de Belgrano.

De Impacto Crítico: El ajuste llegó a las aulas: otro colegio bilingüe porteño cae frente a la caída del salario y las cuotas imposibles.

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