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Judiciales

Tras el alegato, la palabra de Cristina: para Ubeira hubo mala praxis

La Vicepresidenta ratificó en Twitter que su letrado, Beraldi desbarató el guión de la Fiscalía.

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Luego de que José Manuel Ubeira, abogado de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, presentará su alegato por la Causa Vialidad, la vicepresidenta se expresó en redes sociales: «Vieron lo que les dije ayer, no? Que Beraldi iba a desnudar el guión de Luciani y Mola. Me corrijo, fue mucho más allá: probó en forma documentada -como debe hacerse en cualquier juicio- que Luciani y Mola mintieron descaradamente. Él, por decoro profesional, lo llamó mala praxis».

Por su parte, el Dr. Ubeira consideró hoy que la justicia federal debe tomar «cartas en el asunto, en serio», y «cortar de raíz» acciones de odio que podrían repercutir en «las futuras campañas políticas», y pidió que se investigue «muy seriamente» el accionar de la Policía de la Ciudad.

«Atrás del atentado hay una idea de odio y de cómo deben resolverse las cuestiones en esta República y parece que esto es un hecho extendido. Ha llegado el momento de que la Justicia Federal tome cartas en el asunto en serio para cortar de raíz este mal que, si se extiende, va a presionar e impactar muchísimo sobre las futuras campañas políticas porque no va a haber candidato seguro en medio de las manifestaciones públicas», advirtió el letrado en declaraciones radiales.

Ubeira alertó que, detrás del intento de magnicidio cometido el 1 de septiembre último contra la Vicepresidenta, no sólo hay una organización primaria sino también una «secundaria», y juzgó que hacia esa dirección hay que «encaminar la cuestión».

En tanto, el abogado sostuvo que todos los detenidos «están muy comprometidos por las conversaciones y los chats», a los que calificó como «uno más horroroso que el otro» y llamó a «investigar muy seriamente» el accionar de la Policía de la Ciudad porque -consideró- «da la impresión de que fue un área liberada».

«Hay una cantidad de material, tenemos imágenes como para hacer dulce. Yo no soy especialista, lo están mirando los que saben. Antes del atentado yo dije que la iban a matar a Cristina porque uno miraba el formato en esos tres o cuatro días previos y lo que faltaba era que alguien pusiera un arma y le pegara un tiro. No hace falta ser un iluminado», remarcó el letrado.

Contó que, al revisar esos chats, se descubrió que el vocero de Revolución Federal, Jonathan Morel, sostenía: «Se puede hacer cualquier cosa porque la cana no se mete con nosotros».

En tanto, sostuvo que hay explicaciones «que todavía no cuadran» como la idea que tenían los detenidos de «alquilar un departamento en Recoleta».

«Está claro que no es lumpen, es otra cosa. Hay una organización primaria y la investigación esta orientada a ver concretamente como fue del punto económico. Tienen que abrirse tantas causas como sean necesarias en todo el territorio cada vez que haya una amenaza que comprometa a un funcionario o en el ejercicio de la política», expresó.

«Pretendemos averiguar quién es el jefe de esta estructura, quién los financia y por qué su abogado (por Gastón Marano) tiene conexiones con la Embajada de Estados Unidos», había expresado el abogado en declaraciones formuladas en fin de semana, luego de que el diario Página/12 revelara que el abogado que representa al detenido Gabriel Nicolás Carrizo no solo tiene vínculos con esa representación diplomática sino que también trabajó con referentes del partido La Libertad Avanza de Javier Milei y hasta el viernes era asesor del senador nacional de Juntos por el Cambio (JxC) Ignacio Torres en la Bicameral de Inteligencia.

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Argentina

Doble parricidio: Del Río intentó aclarar y oscureció

Habló sobre la inactividad de su celular, su llamado al 911, una bolsa de basura en Colegiales y un control remoto. No le creyeron.

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Martín Del Río, detenido como presunto autor del doble parricidio de Vicente López, no solo volvió a declarar que es inocente sino que en su segunda indagatoria intentó atacar algunos puntos de la acusación, como la inactividad de su celular en el horario clave del crimen, su frialdad en el llamado al 911, lo que descartó en un contenedor de basura de Colegiales y el hallazgo en su auto de un control remoto que abre el garaje donde sus padres fueron asesinados.

Así lo indicaron fuentes judiciales al señalar que estas situaciones serán utilizados por el equipo de fiscales de Vicente López para pedir la semana próxima su prisión preventiva, luego de que ayer, en su ampliación de la indagatoria, Del Río (47) y su defensa intentaron justificar.

Una de ellas es la referido a la inactividad que el celular personal de Del Río tuvo en el horario clave de la tarde del 24 de agosto -entre las 16.50 y las 18.30 aproximadamente-, cuando, según la acusación, el imputado dejó «vivo» (encendido) dentro de su camioneta estacionada en Núñez su teléfono, mientras él iba y volvía caminando de asesinar a sus padres en Vicente López, para no ser geolocalizado en la escena y para despistar.

En su primara indagatoria, Del Río había dicho que en ese horario estuvo contestando mails y mensajes dentro de su vehículo, algo que los fiscales ya demostraron que no era cierto en una primera apertura que se hizo de su celular Samsung A80.

Ayer cambió la versión y para justificar que no usó el teléfono en ese horario dijo: «Estando en la camioneta escribí en ese período las pautas para que el Dr. Demarco redacte el convenio que el día 7 de septiembre secuestran en mi camioneta».

Del Río hizo referencia a un documento comercial que fue secuestrado entre los papeles que había en su auto y que, aclaró, lo hizo «a mano» porque en el auto no tenía computadora.

Pero además, en lo que para los fiscales Martín Gómez, Alejandro Musso y Marcela Semería fue una estrategia para justificar la inactividad del aparato, agregó que su celular «se encontraba prendido pero tildado, ya que, con la opción de Mercadopago, la huella, y todas las aplicaciones, se tildan».

«Lo apago, lo dejo descansar, y lo vuelvo a encender. El teléfono estaba prendido, pero tildado», dijo en la indagatoria, a la que accedió Télam.

Otro punto que quiso aclarar es el cruce de mensajes que tuvo con la empleada de sus padres, María Ninfa «Nina» Aquino, cuando el 25 de agosto a las 9.01 le informó que sus padres estaban «muertos» y su llamado posterior al 911, donde con tranquilidad dice: «Sí ¿cómo estás? Mirá… La mucama de mis padres me está diciendo que hay un problema en la casa de ellos. Que mis padres están muertos en el garaje».

«Sé que mucha gente me ha criticado en estos días, diciendo que soy frío, pero no todo el mundo reacciona de la misma manera, verán mi cara como la tengo del estrés que tuve todos estos días, de los ataques de presión que tuve», argumentó el imputado.

Y agregó: «Una novela de terror, nadie lo imaginaba, nadie lo pensaba, un drama familiar. Le digo, Nina estoy yendo para allá, está yendo la policía».

También dio una explicación sobre lo que fue a hacer entre las 20.02 y las 20.52 del 24 de agosto al departamento de la calle Virrey Arredondo 2465, de Colegiales, propiedad de su suegro pero que él usaba como oficina, y donde los fiscales creen que fue a bañarse y a descartar evidencia tras cometer el presunto parricidio.

Allí, Del Río quedó filmado saliendo con una bolsa de tela con algo pesado y 16 minutos después regresando con la misma vacía, en lo que creen que fue una maniobra de descarte de elementos clave como pueden ser el arma homicida y el DVR con las imágenes de las cámaras de seguridad que el autor del hecho se llevó de la escena del crimen.

«Siempre pasamos a ver si hay correspondencia y a hacer un poco de posta ahí. Había quedado basura en el tacho, y habían quedado unas bandejas de comida en la heladera. Como no se puede tirar desperdicios en los tachos, salgo a tirar esa bolsa de basura a uno de los contenedores del Gobierno de la Ciudad, y a darle las sobras de comida a una mujer y dos nenitas que, por lo general, están en la zona«, explicó Del Río sobre su salida del edificio.

Cuando le preguntaron dónde arrojó la supuesta basura, no dio precisiones y contestó: «En la zona. Todo lo tiré en los tachos, di una vuelta a ver si encontraba y volví porque no encontré a la mujer y a las nenas, volví con una bolsa en la mano de tela».

Otro elemento que lo compromete y en el que, según fuentes judiciales, ayer «Del Río mintió», es el control remoto que fue secuestrado oculto en el compartimiento de la goma de auxilio de su camioneta Mercedes Benz, que para los investigadores podría ser el que usaba su padre para acceder a la casa por una de las puertas del garaje donde se cometió el doble asesinato.

Del Río habló ayer de los tres controles remoto que le secuestraron: el «gris rectangular con un botón rojo y un botón verde» que era el suyo y que abría el portón derecho de la casa de sus padres, un segundo «de menor tamaño con un botón blanco que es de la cochera de Virrey Arredondo» -en referencia al departamento que usaba de oficina-, y un tercero hallado «en un buche» de «la parte trasera» de su camioneta.

«Es de un garaje que alquilamos hace ya un tiempo en el barrio de Villa Urquiza y que se utilizaba para poder ingresar por una puerta alternativa sobre la calle Roosevelt. Se guardó el control remoto por las dudas que en algún momento recuperemos ese garaje, no abre Melo. Eso es una alarma. Si van y hacen la prueba en Melo, no abre», le propuso Del Río a los fiscales.

Una fuente judicial confió a Télam que la prueba de ese control remoto ya se hizo y se documentó con un video que, efectivamente, abría una de las dos puertas del garaje donde las víctimas fueron asesinadas en su casa de la calle Melo 1101 de Vicente López.

José Enrique Del Río (74) y su esposa, María Mercedes Alonso (72), aparecieron asesinados -él de tres balazos y ella de uno-, el 25 de agosto en su casona de Vicente López y como presunto autor de un homicidio cuádruplemente agravado fue detenido el menor de sus hijos.

Los fiscales creen que el móvil fue económico, ya que Del Río no podía sostener la mentira de una mudanza que les había prometido a un departamento de Núñez valuado en más de un millón y medio de dólares que no había terminado de comprar.

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